Un lamento bajo tierra

Un lamento bajo tierra

—”La fiesta del copihue es un evento que se lleva a cabo en el colegio San Esteban todos los años, al cual los alumnos de todos los colegios de la zona son invitados. Como la mayoría de ustedes sabrán, la fiesta del copihue fue cancelada el año pasado a petición de los apoderados debido al trágico caso de la alumna Francisca Toro Caviedes, la cual se extravió durante la fiesta del año antepasado y no se ha sabido de ella hasta la fecha.

 Como siempre, el periódico escolar está pendiente de informar a los alumnos del colegio La Campana sobre todos los sucesos importantes de la región. Hoy hemos recibido la jugosa noticia de que la fiesta del copihue será llevada cabo este año como siempre, y los alumnos del colegio La Campana están invitados. La directora del colegio San Esteban nos informa que la festividad se llevará a cabo el…” Blah, blah, blah…
 Dalia no terminó de oír a Gabriel leyendo el articulo del periódico escolar por dos razones. Una era que no le interesaba en lo más mínimo la fiesta del copihue, prefería quedarse en casa dibujando, leyendo o viendo alguna de sus series favoritas, y la otra era que la campana de salida sonó, por lo que todos abandonaron el salón de clases en un santiamén.
 Dalia ya se retiraba del terreno de su colegio cuando Ricardo, el chico alto, moreno y de ojos grises, el cual iba en una clase un año adelante de ella, la detuvo para invitarla a la fiesta del copihue. Dalia aceptó de inmediato, siempre le había atraído Ricardo, y Ricardo sabía esto, por eso mismo la invitó, así se ahorraría el trabajo de encontrar una chiquilla que le diera una mamada la noche de la celebración.

 La noche de la fiesta del copihue llegó, el evento se llevó a cabo en el patio del colegio San Esteban. La velada sin embargo, no fue muy divertida para los alumnos, los más animados bailaban sin ganas reggaeton “del antiguo”, mientras que el resto se dedicaba a conversar con sus amigos sobre lo hastiados que estaban de la fiesta.

Dalia por su parte se aburría a más no poder escuchando las babosadas que su galante príncipe dejaba salir de su boca cada vez que hablaba; que la marihuana esto, que el cantante pitbull lo otro, etcétera. Dalia se disculpó con Ricardo y le dijo que quería dar una vuelta por el patio del colegio, sola.

Tras caminar un rato, Dalia vio que tras unos matorrales, un grupo de niñas se dedicaban a molestar a una chiquilla gordinflona, jalando de su cabello y empujándola. Dalia también había sido victima de bullying hasta que expulsaron a las bravuconas de su salón de clases, así que sintió empatía por la gorda niña y trató de defenderla. Sin embargo, Dalia terminó siendo agredida del igual manera. Dalia podía sentir el olor a alcohol en el aliento de sus atacantes.

Las jóvenes delincuentes, sin estar conformes con golpear a Dalia y a la niña obesa,  las forzaron a entrar a un viejo edificio del colegio y las encerraron allí a cal y canto.

Dalia y la niña obesa gritaron un buen rato, pero nadie parecía oírles. Dalia trató de llamar por teléfono a Ricardo, pero en vez de escuchar el pitido de marcado, Dalia escuchó unos atemorizantes lamentos salir de su celular, se puso muy nerviosa, no quería pasar el fin de semana en semejante lugar. La niña obesa le dijo a Dalia que se calmase, que ella era alumna del colegio y que conocía una salida del edificio. Dalia iluminó el lugar con la linterna de su teléfono, y pudo ver mejor a la chiquilla que defendió, aunque era gorda y usaba un feo vestido amarillo con adornos de flores purpuras, era bastante bonita y parecía una persona agradable.

La niña obesa guió el camino mientras que Dalia iluminaba los pasillos; todos los salones estaban clausurados y el musgo crecía en las paredes, las señales de que el edificio llevaba tiempo sin cuidado eran evidentes. Ambas jóvenes se detuvieron frente a una puerta con el seguro puesto, la chia obesa le dijo a Dalia que tras la puerta estaba la salida, así que Dalia retiró el seguro y ambas entraron a una habitación sin ventanas, tan solo unos casilleros y unos inodoros que no funcionaban. La niña obesa le pidió ayuda a Dalia para mover los casilleros y así, ambas empujaron el pesado mueble a un lado, revelando así una tabla de madera colocada contra la pared, la cual al retirar expuso un oscuro agujero por el cual las niñas podían pasar si avanzaban reptando.

La niña obesa se adelantó por el oscuro agujero pero Dalia se quedó atrás, dudando sobre si seguir a su nueva amiga, entonces escuchó un quejido similar al que escuchó en su teléfono proviniendo de los pasillos. Dalia finalmente reunió valor y entró al agujero.

Como Dalia necesitaba apoyarse en sus manos para avanzar por el estrecho lugar, no podía alumbrar con su teléfono, por lo que estaba avanzando a oscuras. Dalia sintió un desagradable olor, comenzó a gritar llamando a su compañera de desventuras, pero la niña obesa no respondía, Dalia pensó que la niña seguramente había conseguido salir del túnel.

Tras un lapso de aproximadamente diez minutos, Dalia finalmente vio la luz lunar filtrándose tras un enorme montículo de rocas que bloqueaba el paso. Con dificultad, Dalia logró mover los escombros, los cuales cayeron haciendo un sonoro *splash* Dalía salió del túnel y se vio a si misma en un desagüe, bastante alejado del terreno del colegio. Dalia iluminó sus alrededores y horrorizada observo que junto a los escombros, ella también había empujado los restos de un pútrido cadáver. Dalia estaba petrificada y a punto de ponerse a gritar cuando su celular sonó, y al contestar, reconoció la voz de la niña obesa.

— Hola, soy yo, lamento haberte dejado atrás, estaba muy emocionada de que al fin alguien me iba a encontrar. Aún no me presento, mi nombre es Francisca Toro, hace dos años, durante la fiesta del copihue, unas niñas muy crueles me encerraron en el baño del viejo edificio abandonado -la voz de la niña se quebró y Dalia pudo sentirla sollozar por el otro lado-. Grite y grite, pero nadie vino en mi ayuda, y mi claustrofobia no hacía la situación más tolerable. Desesperada y llena de miedo, me puse a escavar con mis manos el túnel por el que acabas de pasar, el terreno era blando, por lo que avanzaba con buena velocidad. No recuerdo por cuanto tiempo estuve escavando, mis uñas se desprendieron, y la carne de mis dedos se fue desgastando hasta que de mis huesos quedaron expuestos. Finalmente conseguí dar con una salida, pero el destino fue extremadamente cruel conmigo, escombros cayeron sobre mi cabeza y me rompieron el cuello, quitándome paralitica al instante. Allí quede atrapada, con mi cabeza bajo los escombros, hasta que morí de inanición, lo cual tomó tiempo pues tenía sobrepeso. Las horas antes de mi muerte traté de ser fuerte y de no pensar en cosas negativas, pensé en mis padres, mis hermanos y mis amigos, pero en lo único que pude pensar fue en lo injusto de la situación. Morí con mucha tristeza y odio en mi corazón, creo que es por eso que no pude seguir mi camino y quedé atada a este mundo por la eternidad. Lamento haberte metido en todo esto, pero por favor, hazle saber a mi familia y mis amigos que has encontrado mi cuerpo, llevo demasiado tiempo sola.

La llamada se cortó antes de que Dalia pudiese salir de su asombro y decir alguna palabra. Dalia miró al cadáver una vez más, vestía un horrible vestido color amarillo con flores purpuras.

Autor :    solomonozmund.blogspot.mx
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