Retiro Espiritual

RETIRO
Relato basado en una experiencia real de I. FLores Hernandez
Escrito y Adaptado por Eduardo Eduardo Liñan

Esta historia me ocurrió el año pasado. Mis padres me enviaron a un retiro espiritual a un rancho en un ejido a unas horas de la ciudad. Mi vida en ese entonces era un sinnúmero de dudas e inquietudes que no podía resolver. Mis decisiones equivocadas me llevaron a enfrentar situaciones terribles en mi vida y me pusieron en abismos de los cuales con trabajo salía. Gracias a la ayuda de mis padres. Cuando pensaba que todo estaba perdido para mi, conocí a una persona que hizo que me acercara a Dios y aunque renuente, quise involucrarme aun sin tener fé o solo por el hecho de hacer algo distinto en mi vida. Así pues esa decisión me llevó a aquel lugar en el cual enfrenté situaciones que me ayudaron a acercarme a Dios y tener de nuevo fé en él. Dicen que los caminos del señor son inexpugnables y cada uno nos lleva a él sin remedio. El camino que me llevó a él estuvo lleno de horrores que hasta la fecha no he podido explicar.
Fue un sábado por la madrugada que debíamos llegar a una plaza y de ahí tomar un autobús que nos llevaría a varios jóvenes al rancho de retiro. Cuando llegué, sentía apatía y sueño, quise decirles que no a mis padres; pero ya estaba ahí. Estacionamos el auto a unos metros del autobús y salí a tomar un poco de aire antes de abordar. A lo lejos podía ver a numerosas familias que iban a despedir a sus hijos y ellos se veían hasta felices por irse. A mí me daba igual y a mis padres parecía gustarles la idea de que tomara otro rumbo mi vida. Antes de abordar, pude notar como venia un indigente andrajoso y lleno de mugre y suciedad que me veía con cierta mirada burlona y al pasar por enfrente, la hediondez y lo peor de la podredumbre humana me inundo las narices, haciéndome sentir el peor de los ascos. apenas pasó enfrente de mí, le escuché decir unas palabras que me desconcertaron. ” Aunque te quites y aunque te pongas”. y sonrió de una manera morbosa.
Sin mas subí al autobús y caminé hasta el fondo del pasillo, rogando por qué no me tocara un compañero platicador o una mujer remolona. Para mi suerte me fui solo en todo el camino. Me desperté abruptamente cuando el camión encendió las luces y el coordinador nos dijo que habíamos llegado. Así que poco a poco fuimos bajando del autobús. El rancho se veía como todos los lugares rurales. Verde por todos lados, arboles que rodeaban la propiedad y una construcción enorme, aparentemente moderna al centro que contaba con todos los servicios. Cuando nos reunimos con nuestras maletas en un gran salón, un padre llegó a bendecirnos y platicar el motivo por el que estaríamos ahí dos largas semanas. Luego nos asignaron un lugar para dormir. Eran unos cuartos grandes en donde había literas a lo largo de aquel cuarto. Uno para hombres y otro para mujeres.
No pude evitar sentir que el ambiente en el lugar era bastante tranquilo; pero había algo que no me gustaba y era una sensación de ser observado todo el tiempo, como si algo hiciera que sintiera deseos de irme de ahí a como fuera; pero eso era difícil. Así que ya estaba ahí y me convenía hacer un amigo para sobrellevar el encierro y las platicas teológicas. Esa misma tarde nos reunimos todos los jóvenes en una gran galera rodeada de árboles y un pozo, en contacto con la naturaleza. El padre encargado del retiro, era un hombre anciano y te inspiraba respeto, seguro de lo que hablaba y con el don de convencimiento. Comenzó a hablar de Dios y nuestra misión en el mundo. Duró mucho tiempo platicando y cuando tocó hablar de la maldad reinante en el mundo y su representante. Sucedió algo insólito que me dejó helado. Cuando mencionó el nombre de Satanás pudimos ver como una culebra atravesaba el recinto y se ocultaba en el pozo seco que estaba a un lado, después vimos como pequeños insectos que salían de ahí y bailoteaban por todo el lugar. Eran arañas negras que parecían moverse en dirección a nosotros. El padre al ver esta situación simplemente cerro la reunión y nos pidió que nos retiráramos. Aquello fue alucinante.
Estando en el dormitorio, comencé a platicar con un joven, hablé con el por qué estaba algo nervioso por lo que había visto y no sé si fue empático o realmente estaba asustado que me comenzó a decir que ese lugar me iba a cambiar. Él pensaba que todo eran trucos de los mismos religiosos, para hacerte tener fé a la brava, nunca pensé eso y le di la razón, todo era preparado y no lo había visto. Nos acomodamos en nuestras camas que estaban pegadas al extremo de la habitación, de frente había una puerta que daba acceso a un patio trasero lleno de maleza y árboles y que estaba cerrada con un grueso candado. Estábamos todos terminando de desempacar; yo estaba concentrado y al no conocernos todos estábamos en completo silencio; no teníamos teléfonos, ni música, ni nada que nos distrajera. De pronto el silencio fue interrumpido por un grito extraño, de un hombre. Decía algo que no alcanzamos a entender y luego unas carcajadas que resonaron en el monte. Todos nos vimos extrañados y fuimos a investigar por la ventana que daba al patio, estaba todo obscuro. Sin saber que pensar, nos pusimos todos nerviosos; pero no queríamos demostrarlo, en especial yo.
Antes de acostarnos, todos nos bañamos y al salir del baño, me encontré con una coordinadora, que me preguntó si todo estaba bien, a lo que respondí que si y antes de retirarme no evité decirle lo que había escuchado, se me quedó viendo con algo de incertidumbre y me dijo que fuera a dormir que revisaría todo. Sin pensar más me voy a la cama y comencé a platicar con el compañero de los sucesos y el diablo, haciendo teorías locas sobre lo que sucedía ahí. Teníamos la luz apagada y sentía unas ganas enormes de fumar; pero nada de eso era permitido en el lugar y fue cuando dije algo fuera de lugar: “Mataría por un pinche cigarro…”
No terminé de decir eso cuando noté que en el ambiente se respiraba el olor característico del humo de cigarro. Eso nos puso en alerta, mi compañero también lo olió. Nos levantamos pensando en pedirle o comprarle uno a la persona que estuviera fumando, como todo estaba obscuro y todos dormían, vimos por la ventana que daba al patio trasero una luz que parecía ser un cigarro encendido, sin embargo la persona que fumaba no se alcanzaba a distinguir. Decidimos salir y caminar hasta la parte trasera para encontrarnos con el fumador. Todo estaba apagado y no había nadie, así que caminamos por un largo tramo y cuando llegamos no vimos a nadie, sin embargo el olor seguía ahí, luego de ver, mi compañero se dio cuenta que la persona se internaba en el monte y fuimos tras él. Luego de un rato de caminar entre árboles, llegamos a una especie de claro y no había nadie. Decepcionados nos dimos la media vuelta y de pronto una voz raposa nos hizo estremecer. “¿Vas a matar por el cigarro?”
En ese momento nos volteamos con el corazón latiendo fuertemente y vimos que detrás nuestro había una figura obscura que parecía estar fumando, no le vimos la cara o algo que lo identificara porque estaba en total penumbra, apenas iba a preguntar algo cuando una nube que cubría la luz de la luna se movió e ilumino donde estábamos. El terror me invadió y sentí una corriente eléctrica recorrerme, me quedé petrificado y con los ojos saltados, al ver que aquella aparición era algo que tenía un par de cuernos sobre la frente y unos ojos llameantes que reflejaban una violencia avasalladora. Mi compañero reaccionó mas rápido que yo y me jaló para que corriéramos, no sé cuánto tiempo paso y llegamos al dormitorio con el corazón saliéndose de nuestros pechos. Yo estaba sudando a mares y antes de que pudiera pasar otra cosa, cubrí la ventana que daba al patio con la sábana de mi cama. Estábamos aterrados y comenzamos a llorar de angustia. Esa noche nos fue imposible dormir y rezamos todo el tiempo.
Por la mañana, estábamos cansados y desvelados; teníamos temor, aun así fuimos a las reuniones, queríamos contarle a alguien y pensamos en los padres; pero nos iban a reprender o a burlarse de nosotros, así que todo se lo achacamos a nuestra imaginación. Durante la plática del retiro; nos hicieron hacer una dinámica para recibir el espíritu santo en nuestros corazones, así que cerramos nuestros ojos y mientras escuchábamos los rezos del padre, sucedió algo extraño. Una de las compañeras comenzó a tener convulsiones y a hablar de forma rara, enseguida que pasó esto el padre le habló a otro y terminó con la dinámica. El ambiente se empezó a poner raro, era tenso, sofocante y nos inundo una pestilencia como a animal muerto. Entonces los padres al ver y sentir lo que sucedía, se dijeron entre ellos mismos que debían llamar al padre Ramos y a otro párroco cuyo nombre era extranjero. Durante la noche llegaron estas personas y comenzaron a rezar y a bendecir el lugar. Todo los demás cenábamos y el ambiente era sepulcral, nadie hablaba. De pronto ese silencio incómodo fue abruptamente interrumpido cuando se escucharon los gritos del padre Ramos, todos nos pusimos alerta y los coordinadores salieron pidiéndonos que nos quedáramos ahí en el comedor. Sin embargo todos nos asomamos a la ventana.
En el piso estaba tirado uno de los padres que auxiliaban a Ramos, se dolía de algo y mientras los demás lo levantaban el padre continuó con los rezos de forma enérgica y de pronto vimos algo que no hemos podido olvidar. El hombre fue abofeteado por algo invisible, una fuerza que no podíamos ver lo hizo tambalear, a pesar de ser un hombre grande, cayó al piso por el tremendo golpe que recibió por algo que estaba ahí sin ser visto. Todos comenzamos a tener miedo y algunas mujeres lloraban aterradas al ver aquello. Mientras que otros sonreían burlándose por que sabían que todo era un show, en cuanto entró el ayudante caído los coordinadores le quitaron la camisa y vieron con horror unas grandes marcas en su espalda y pecho, eran como quemaduras y rasguños que le dolían enormemente. Entonces dijo algo que nos angustió mas.
“Es el maligno, anda ahí, lo vi y lo sentí como me dañó. Este lugar es peligroso para los jóvenes hay que mandarlos a sus casas.”
Después de decir eso, los coordinadores asintieron y acordaron que por la mañana cerrarían el retiro y nos mandarían de regreso, en eso entró un padre que no habíamos visto antes, este era anciano y parecía extranjero, al hablar nos dimos cuenta que hablaba con acento español, nos explicó de la situación que prevalecía en el lugar. Por alguna razón el mal estaba en el lugar y el único sitio donde no podía entrar era en la capilla por ser un lugar sagrado, así que nos condujeron a todos a la capilla y comenzamos a rezar. Mientras el padre anciano hacia unos rezos y bendecía unas imágenes, un fuerte ruido se dejo escuchar. Algo había retumbado en el techo, algo pesado que hizo cimbrar el lugar y de pronto lo inimaginable. Las pisada de cascos, se escuchaba como unas pezuñas caminaban por el techo y las paredes. Todos lo escuchamos, el padre besó su estola, claramente nervioso y se la colocó , tomando un libro de rezos, el agua bendita y salió del recinto. Otro padre lo acompaño y no supimos mas. Los ruidos cesaron y nos acomodamos para tratar de dormir, aunque nadie lo pudo hacer.
No sabía que pensar o que hacer. Veía a mis compañeras asustadas y a los demás con caras alargadas y preocupadas, no podíamos comprender que sucedía. Hasta que uno de los jóvenes sin pudor dijo algo que nos hizo temblar de miedo: “Es el diablo, Satanás anda merodeando el rancho, mi papá nos dijo que aquí en estos terrenos habían matado y colgado a muchos y que por eso aun ronda por aqui…”
Eso nos hizo sentir nauseas y ganas de vomitar a varios. Si lo que decía era cierto, entonces estábamos a merced del mal, era tan real y tan aterrador que no sabíamos que hacer. En eso comenzamos a escuchar lamentos, voces susurrantes que parecían hablar cerca de nosotros, eran cientos de voces hablando al mismo tiempo. Algunos los podíamos escuchar y otros no. Cuando pensábamos que nada mas podía pasar. La joven que se había convulsionado antes, cayó al suelo y lanzo un grito que nos estremeció a todos, se retorcía de maneras imposibles en el piso, los ruidos se hicieron más intensos en el ambiente y las paredes parecían crujir. Algo increíble pasaba en el lugar y todos estábamos muriendo de miedo. En eso entra el padre anciano y se dirige inmediatamente a la joven mientras rezaba y le arrojaba agua bendita. Los gritos que lanzaba eran escalofriantes y las voces que salían de su boca nos hicieron caer en una desesperación de muerte. Algunas compañeras se desmayaron y yo comencé a llorar. En cuanto la joven se tranquilizo el padre se levantó del piso y de forma enérgica nos pidió a todos que nos tomáramos de las manos y rezáramos con toda la fe del mundo, los rezos que nos iba a recitar. Así lo hicimos entre frases de adoración a Dios y palabras en Latín fuimos rezando y despejando todo lo malo en el ambiente. La compañera permanecía en el piso inconsciente. mientras que todos nos tomábamos fuertemente de las manos.
Aquel infierno de los sentidos nos hizo sucumbir durante la madrugada, caímos rendidos y todos dormitábamos, al parecer el mal que imperaba en el ambiente se había calmado, apenas rayó el alba todos corrimos por nuestras pertenecías, y esperamos en la estancia a que llegara el autobús. En cuanto llegó todos subimos apresurados, al arrancar el camión sentí alivio, el silencio inundó el ambiente, la compañera que se convulsionó se había quedado al cuidado de los padres y no supimos mas de ellas, mientras el autobús iba saliendo de la propiedad con rumbo a la ciudad. Vi algo extraño que cuando lo pienso me hace temblar de angustia. En la entrada del rancho estaba el mismo indigente harapiento y sucio que había visto cuando inicié el viaje, sus pelos apelmazados por la suciedad se movían al tiempo que levantaba su mano para hacer el ademán de despedirse de nosotros, sus ojos eran claros y amarillos, llenos de violencia y su boca provista de dientes manchados, dibujó una mueca morbosa y burlona que me hizo estremecer y recordé sus palabras. No sé si ese hombre fue el mismo diablo que nos decía adiós; pero lo cierto es que me acerque a Dios desde ese día haciendo buenas obras y dando algo. Al recordar esos acontecimientos siento miedo y de vez en vez puedo ver las sombras del mal rondar por mi casa cada que desvío el camino. A veces pienso que las palabras dichas por el indigente significaban, “Aunque te quites y aunque te pongas, el infierno mereces…”

(Si copias o compartes este relato, menciona y cita los créditos correspondientes. Es una condición de honestidad y honradez darle el crédito a quién lo merece, gracias.

~Eduardo Liñán

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