Relatos de Miedo Buenos Aires

Anonimo…  Relatos de Miedo Buenos Aires

estoy llegando al ocaso de mi vida y para ser sincero hay pocas cosas de las que me arrepiento. pero hay una en especial que lleva años carcomiéndome el alma. nunca tuve el valor de confesárselo a nadie por dos razones, la primera, no quería terminar mis días pudriéndome en la cárcel y numero 2 y a un peor, ser recluido en algún hospital psiquiátrico. pero ahora que se acerca el fin de mis dias necesito sacarlo de mi sistema. estar en paz con dios y lo mas importante, conmigo mismo. así que escribo esta carta sin saber si será leída y si es asi, sepan la verdadera historia de el día que me tope cara a cara con el diablo.

Corría el año de 1956, yo acababa de cumplir los 8 años y mi madre tenia ya casi 10 meses de haber fallecido. Neumonía. Bastaron 2 semanas para que la maldita enfermedad acabara con ella. Por aquellos tiempos la medicina no estaba tan avanzada como ahora, y aunque lo hubiera estado, mi padre no hubiera podido pagar una terapia decente. Te podrás imaginar, quien quiera que seas, lo traumático de este evento para un niño de 8 años. Esa maldita enfermedad acabo con la belleza de mi madre tan rápido, que en sus últimos días era difícil reconocerla. Vivíamos en la parte sur del estado, en lo que ahora se conoce como la colonia Buenos Aires. Mi padre era un humilde carpintero. En ese entonces no había absolutamente nada por aquellos lares tan solo unos cuantos tejebanes de madera con techo de lamina y la iglesia de Santa Maria Reina de la Paz. Todo lo de mas, hasta donde se podía ver, era puro monte. Muy cerca de ahí estaba el nacimiento del río la silla, al cual me gustaba ir a pescar.
Como te acabo de decir mi madre no había cumplido ni el año de muerta cuando mi padre trajo a otra mujer a la casa. La conoció en la vieja cantina donde solía juntarse a jugar domino con sus amigos los fines de semana. Antes que empieces a sacar conclusiones erróneas amigo mío, quiero decirte que no, ni me maltrataba, ni me so bajaba, ni intento matarme para vivir en paz y sola con mi padre, no nada de eso. Ella simplemente se limito a ignorarme. Pareciera como si no existiera a sus ojos. Cuando lavaba la ropa, lavaba la suya y la de mi padre. Yo tenía que ir al rió y lavar mi ropa ahí. Cuando hacia de comer, solo hacia para dos. Yo tenía que esperar a que ella y mi padre acabaran de comer para entonces terminar con las sobras. Nunca supe si mi padre alguna vez se dio cuenta de todo aquello o simplemente se hizo de la vista gorda. Nunca cruce palabra con ella más que lo indispensable. Pero todo cambio cuando empezó a deshacerse de todo en la casa que pudiera recordarle a mi madre. La muy estupida mando quemar su ropa, así como cualquier articulo personal de mi santa madrecita. La odie por eso. Creo que podrás comprenderme. Solo pude salvar una pequeña fotografía de ella conmigo, estábamos el la alameda y yo estaba montado en un pequeño caballo de madrea y usando un enorme sombrero de charro. Ella junto a mi con su elegante vestido de los domingos, y esa sonrisa que deslumbraba a cualquiera. Escondí la fotografía debajo de mi almohada. Sabia que ella nunca la encontraría ahí. Ella nunca se metía con mis cosas, y no por respeto, sino por que le daba asco. Eso la oí decir en una ocacion a la vecina .
Pero me estoy desviando un poco de lo que realmente te quiero decir, mi desconocido amigo. Si la memoria no me falla, era una hermosa mañana de domingo. Habia procurado leventarme lo mas temprano posible, queria irme al rio a pescar y de pasada no verle la cara a aquella mujer. Asi que tome mi caña de pescar (que realmente era un bote de aluminio y enredado en el, un largo pedazo de sedal) una pequeña canasta donde guardar los pescados y el bote de sal.
El sol brillaba en un cielo totalmente despejado. El aire era limpio y un fuerte olor a hierba mojada (por el sereno) te llenaba los pulmones. Tome el pequeño camino que llevaba hasta el rio. El caudal era tranquilo, aunque aquel rio se distinguía por ser traicionero. Bajo sus serenas aguas habian remolinos que podian hundir a un caballo en cuestion de minutos, no se diga a un ser humano. Llegue hasta mi punto preferido. Era una gran roca que se alzaba justo a un lado del rio, tentativamente a unos 100 metros del camino. Antes de tomar mi posición urge un poco en al tierra en busca de gusanos que me sirvieran de carnada. Después, me quite los guaraches y meti mis pies descalzos al agua. Desenrede el sedal del bote, ensarte un gusano en mi anzuelo casero y lo lanze lo mas fuerte que pude. entonces me tendi de cara al sol y coloque el bote en mi pie derecho. Al cabo de algunos minutos me quede profundamente dormido. No sabria decirte exactamente cuanto tiempo dormi, pero un fuerte tiron en mi pie derecho me saco de mi letargo. Aunque intente reincorporarme fue demasiado tarde, el bote salio disparado hacia el rio, avanzo unos cuantos metros y desaparecio. Me maldije por no haber podido retener el bote, ya que para hundir semejante cosa, debio de haber sido un pez muy grande.
Estaba recogiendo el resto de mis cosas dispuesto a volver a casa cuando oí su voz por primera vez.
.- que lastima perder semejante caña de pescar, y ni digamos del pescado que se la llevo.-
era una voz fria y hueca, como si estuviera hablando dentro de un vaso. Lentamente volteé a ver al dueño de aquella extraña voz. Frente a mi , habia un hombre enorme, de mas de 2 metros de alto. Llevaba el pelo negro largo hasta los hombros. En su oreja derecha habia por lo menos cinco arracadas de diferente tamaño. Su rostro era largo y afilado. Parecia no tener cejas. Sus ojos eran de un inquietante color negro. Sonreía. Debajo de aquellos labios secos se podia ver una dentadura podrida. Llevaba unos pantalones negros, los cuales parecian no haber sido lavados en mucho tiempo. Tremendas botas de piel negras hasta las rodillas. Usaba un cinturón sumamente ancho y una hebilla mas ancha aun. Pero lo que mas me habia sorprendido de aquel extraño era su torso. No llevaba camisa, y lo tenia completamente cubierto con tatuajes. Podia distinguir un dragon de color azul que le cubria totalmente el brazo derecho. En el brazo izquierdo tenia dibujado otro dragon este de color rojo. Su pecho y espalda estaban cubiertos por lo que parecian ser miles de rostros humanos. Sus expresiónes eran de dolor y miedo. Repentinamente un extraño olor inundo el lugar.

.- era solo un bote.- fue lo unico que pude decir.
Estaba paralizado. Tenia miedo. Tienes que entender que era tan solo un niño y nunca en mi vida habia visto a una persona como aquella. Y si el queria hacerme daño, no habria nadie a quien pedirle ayuda, ¿ no te hubieras cagado en los calzones tu también?

.- no era tan solo un bote, era “tu” bote.- replico aquel hombre con un dejo de ironía.- y no volverás a verlo nunca mas…así como te paso con tu madre.- concluyo y rompio en carcajadas.
Fue en ese presiso momento cuando conoci lo que era tener miedo. ¿Quién mierda era aquel hombre? ¿Cómo sabia que mi madre habia muerto? Y esa risa. No era una risa cualquiera. Sus carcajadas fueron cada vez mas intensas. Llego un momento en el que senti que la tierra se estremesia a mis pies a causa de ella. Queria correr, pero mis piernas parecian haber echado raíces y estar sujetas al suelo. Queria gritar pero mi garganta estaba seca. Queria llorar, pero mis ojos se negaban hacerlo. avanzo unos pasos hacia mi. No podia reconocer aquel fuerte olor, pero estaba seguro que provenia de el. ¿azufre? Realmente no queria averiguarlo.

.- quieres correr? Te aseguro que no te servirá de nada.- bramo el extraño.- ¿gritar? Inténtalo, nadie podrá oírte.- siguió hablando con aquella voz hueca y fría.- vine a proponente un trato.- termino.
Después no se si fue mi imaginación o el miedo tan grande que sentía, pero te juro por lo mas sagrado que los tatuajes de su cuerpo empezaron a moverse. Parecía como si tuvieran vida propia. Los dragones de ambos brazos empezaron a retorcerse y a escupir fuego por la boca. Los rostros de su pecho gritaban en agonia. Podia oir su lamento. Entonces fue cuando lo mire a los ojos. Los cuales se habian convertido en dos brazas al rojo vivo. Sus dientes podridos se transformaron en colmillos pequeños y afilados. Y sus uñas sucias crecieron por lo menos 15 centimetros.

.- creo que ya te diste una idea de quien soy…¿verdad?.- pregunto con sarcasmo.
Algo en mi empezo a funcionar correctamente y eche a correr lo mas rapido que pude. Cuando llevaba unos cien metros voltee hacia atraz y ahí venia el. A pesar de no mover las piernas lo tenia muy cerca de mi. Parecia flotar. Volvio a reir. Sus carcajadas empezaron a retumbar en mi cabeza. Tropecé. Cuando quise volver a levantarme senti que algo me quemaba la espalda. El habia puesto uno de sus enormes pies sobre mi.

.- no seas estupido niño, yo puedo desaparecer a esa mujer que tomo el lugar de tu madre.- dijo.- lo unico que quiero de ti es esa pequeña e inservible cosa llamada alma.- su voz ahora era diferente. Parecia como si cien voces salieran al mismo tiempo de sus horribles fauses.- y no te dejare ir hasta que me des la respuesta.- concluyo.
El dolor era impresionante. Sentía como si en cualquier momento ese gigantesco pie me fuera a traspasar de lado a lado. Yo gritaba como poseído. Entonces y de la nada vinieron a mi mente imágenes de aquella mujer, que si era cierto nunca había abusado de mi físicamente si psicológicamente. Y al recordar aquel día en el que había mandado quemar todas las cosas de mi madre, una rabia que nunca había sentido se apodero de mi. Quería que muriera. Quería que sufriera.

.- eso es muchacho, la rabia es buena, ella desaparecio todo recuerdo de tu pobre madre, ella nunca te querrá.- decia aquel hombre incitandome.- dilo, y ella desapecera.
Nunca habia gritado tan fuerte. Senti como mis cuerdas bucales se desgarraban.

.-SI…SI… LA QUIERO MUERTAAAA!!!!.- grite.

Todo fue silencio. Desperte sobre saltado. Estaba de nuevo en mi lugar preferido. El bote aun colgaba de mi pie derecho. Respiraba agitadamente. Todo era calma. Excepto por una cosa. Aquel olor. Todavía estaba ahí. Olor a azufre. El olor del diablo. Me levante y corri lo mas rapido que pude. Olvidado ahí huaraches, bote, todo. Corri lo mas rapido que pude a casa.
Cuando llege, habia mas gente de lo acostumbrado. Mi padre estaba sentado en la entrada de la casa, con sus manos alrededor de su cabeza. Lloraba. Sus amigos trataban de consolarlo. Uno de ellos me miro y me dijo en voz baja.

.- es rita, acaba de tener un accidente, murio.- dijo en un susurro.
Entonces no habia sido un sueño. El estuvo ahí. El diablo platico conmigo. Me acerque a mi padre. Queria decirle que habia sido yo. Que yo la habia matado. Pero no pude. El levanto la mirada y vi sus ojos tristes. Me abarzo fuertemente. Una punzada de dolor me recorrio el cuerpo. Mi padre me solto al oir mi quejido de dolor.

.-que te paso en la espalda?.- pregunto.- parece una quemada.

No parecia, lo era.

Paso el tiempo y nunca pude decirle a mi padre ni a nadie lo que sucedio ese dia junto al rio. Ahora que lo sabes, seas quien seas, espero que puedas entenderme. ¿crees que estoy loco? ¿Qué tal vez todo haya sido una cruel coincidencia? ¿Qué sean imaginaciones de este pobre viejo? Yo digo que no. Hice un pacto con el diablo y tengo que pagar. Se bien que cuando mi vida termine el vendra a cobrar su deuda. Solo quiero pedirte un favor mi desconocido amigo…reza por mi alma y si algun dia concoces a un hombre con el torso tatuado con dragones y rostrso en agonia, corre, corre lo mas rapido que puedas….

2 pensamientos sobre “Relatos de Miedo Buenos Aires”

  1. Que bien relatada está la historia… me gustó mucho, muchas gracias por este tipo de relatos, donde el miedo es experimentado de esta manera. Saludos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *