Relato una experiencia real (El Mensaje)

EL MENSAJE
Relato basado en una experiencia real de Elsa Olvera y Familia.
Escrita y Adaptada por Eduardo Liñán ( parte 1)

Relato de terror

Mi nombre es Elsa María Olvera Hernández, mi historia comienza un mes de Febrero del año 79, yo vivía en una casa que databa de los años 50s, de firme construcción y con gran amplitud, donde habitaban varias familias, estaba ubicada en el numero 514 de la calle Dr. Carlos Canseco en pleno centro de Tampico, en aquel entonces era muy jovencita, contaba con 12 años y después del colegio acostumbraba a sentarme afuera en las escalinatas a ver pasar a la gente, tomarme una chaparrita y comer frituras, los vecinos del rumbo nos conocían como la numerosa Familia Olvera y era poco común ver gente que no viviera por las cercanías pasar, yo las conocía a todas, sin embargo esa tarde algo extraño ocurrió, serian las 5 pm, cuando de improviso un carro se detuvo frente a la casa y bajo un señor con el rostro preocupado, llevaba lentes obscuros y un saco de color beige que lo hacía ver obeso, se acerco a mí y me pregunto por el señor Luis Castilla Espinosa, el cual era esposo de mi tía y patriarca de la familia, el era petrolero y acababa de llegar, yo con un gesto de impaciencia le dije que lo encontraría en la casa, al fondo del pasillo, sin mediar mas el hombre se metió apresuradamente y se perdió en el corredor, instantes después salieron corriendo él y mi tío, abordaron el auto del señor y se fueron rápidamente.

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La razón de tanto alboroto fue un accidente, mi hermano Jorge Castilla, había tenido un grave encontronazo con otro carro; El auto con el que colisionó, venia bajando por la calle de la bascula en la colonia obrera a toda velocidad, mientras él, venia del boulevard incorporándose sin ver que el auto venía de frente, le fue imposible volantear, el impacto fue brutal. Mi hermano sufrió de fracturas múltiples al impactarse su pecho y estómago con el volante de su camioneta, los testigos del accidente afirmaron que él, aun herido, bajó tambaleándose y se dirigió a los otros accidentados, preguntándoles si estaban bien, el mostró preocupación por la camioneta que le había regalado mi tío por haber entrado a trabajar, en cierto momento sus heridas mermaron sus fuerzas y cayó desmayado sobre el pavimento. Uno de los testigos era el hombre que llegó a la casa, tomó su identificación y fué a buscar a los familiares para dar la fatal noticia. Mi hermano fué llevado de emergencia al hospital regional para ser intervenido.

A partir de ese día y durante los cuatro meses siguientes fue una espiral de caos y tristeza para las cuatro familias que vivíamos en esa casa (Los Castilla Olvera, Cortés Olvera, Hoyos Olvera y Olvera Hernández) Jorge Castilla Olvera “El Camarón”, así le decían a mi hermano por su apariencia; era blanco y cada vez que se asoleaba su piel se tornaba rojiza, era muy querido por todos, sus amigos, sus compañeros de trabajo y en especial por nosotros, su familia, su accidente y sufrimiento en el hospital abrió una amarga sensación de reproches y culpas dentro de la casa, El estuvo luchando por su vida durante ese tiempo en el hospital, resistió varias operaciones en el hígado, debido al golpe, se daño seriamente ese órgano y otras partes de su cuerpo, Su mal estado y las complicaciones, hicieron que falleciera el 27 de Junio del 79 a los 18 años de edad.

Su partida provocó tristeza y desolación en la familia, en especial para mi tío Luis, pues lo consideraba un hijo, el lo había criado y le había dado su apellido, ya que mi tía y el no pudieron tener familia, hasta años después que fueron bendecidos con dos hijos Luis y Verónica Castilla, pero Jorge era especial para él, la peor parte de ese dolor se la llevó mi abuela “Doña Chelo” la cual veía en Jorge un amor especial, había sido su primer nieto y era la luz de sus ojos, no hubo día o noche en que no llorara y lamentara amargamente la partida de su amado nieto.

Pasaron cuatro meses de su partida, el dolor aun menguaba los ánimos de la familia, en menor medida pero aun se sentía su pérdida, seria medianoche y nos encontrábamos durmiendo mi abuela y yo en uno de los cuartos de la casona, nuestra cama daba a un ventanal pegado al pasillo donde se podía ver el patio, frente a nosotras estaban mis dos hermanas, Alicia Olvera e Isabel Herbert, y por un lado estaba el catre de mi hermano Carlos Olvera, mis tíos y mis primos dormían en sus propios cuartos que estaban al otro lado del pasillo.
El silencio de la noche fue interrumpido por el aullar y los ladridos desesperados de los perros, los primeros en despertar por los ruidos fuimos mi hermano Carlos y yo, notamos que el ambiente se hizo más denso, y comenzó a soplar un vientecillo que movía las ramas de los árboles y a hacer crujir las hojas del piso, el viento comenzó a mover la enorme puerta del zaguán de la entrada, tensando las cadenas con las que lo cerrábamos, se empezó a sentir helado en mis pies, aunado al aullar de los canes, hizo que sintiera miedo y abracé a mi abuela, ella tenía el sueño pesado y siempre se dormía agobiada de tanto llanto por mi hermano muerto. Carlos con una voz temblorosa y con los ojos bien abiertos, comenzó a balbucear unas palabras hablándo en susurros.

-Elsa, Elsa, ¿Estas escuchando eso?-
-Sí, pero cállate no vayas a despertar a mi abuela con tus quejidos- Continuara….

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