Prisionero

PRISIONERO  (Terror Psicológico)

Autor: Josué Gaito Rosenberger 

El lugar donde me encontraba no tenía semejanza con nada conocido, no parecía haber ninguna pequeña entrada de luz ni nada similar, pero aún así se podía ver, paradojicamente; en medio de tanta oscuridad. Una abundante húmedad estaba siempre presente allí, en la cavernosa estructura de todo el espacio a mi alrededor, en el escaso aire y en mi desnuda y desgastada piel. Un nauseabundo, aceitoso líquido similar al alquitrán alcanzaba la altura de mis rodillas, esto producía una sensación de frío intensa que subía hasta mi pecho y que era molesta de soportar. El espacio era muy reducido, sólo había una muy pequeña distancia entre mi cuerpo, las paredes y el techo, los cuales aparentaban ser seres vivientes, más que estar compuestos por algún material o combinación de los mismos en particular. Poseían un característico movimiento cuál si fuera producido por algún tipo de respiración.

Una asquerosa mucosidad los recubría completamente, esta sustancia era escurrida a través de ellas, como si transpiraran….con sinceridad debo admitir que me causaba náuseas, al menos al comienzo, que por cierto no es algo que pueda recordar con exactitud en este momento.

 

Es difícil decir apróximadamente el tiempo que llevo aquí en este solitario sitio, he perdido completamente la noción del mismo. Segundos, minutos, horas ,días, semanas, meses o años…mi percepción sobre ellos ha sido progresivamente diluída hasta la nada absoluta. Un instante pareciera ser una década en mi vida, o como pueda llamarle a esta miserable y patética forma de subsistencia. Solía alimentarme de unas peculiares y rojizas escamas, de procedencia misteriosa, consistencia viscosa y un emblemático sabor amargo y repulsivo, aún así eran bien recibidas debido a mi incesante hambruna, pero para mi desgracia son muy escasas y virtualmente imposibles de hayar. En algunas zonas la densidad del fluido que corría por el lugar era menor, así que lo bebía para saciar mi también inmensa sed, por lo cuál cubría parcialmente mis necesidades más básicas y primitivas, para sobrevivir.

 

Uno de mis más grandes temores, los que me mantenían incesantemente alerta, con la mirada puesta en todas direcciones a la vez, y de los que producían dolores en mi estómago por tanto estrés causado; eran en principio unos horripilantes e infecciosos gusanos carnívoros.

 

Estas abominaciones antinaturales se manifestaban de improvisto, en impresionantes enjambres, de incontables cantidades de los mismos. Se desplazaban por sobre la superficie de alquitrán, rápidamente, hambrientos de mi carne y sedientos de mi sangre. En varias ocasiones no he sido lo suficientemente rápido en mi reacción al percibirlos, causándome consecuencias irreparables. Como lo fué la perdida completa de mi brazo derecho, este fuera devorado en un santiamén por aquellas criaturas despreciables, mi extremidad arrancada de mi fué, en tan solo fracciones de segundo. El sufrimiento era muy por encima de mi umbral de tolerancia al dolor, se asemejaba a miles de navajas afiladas, cortando centímetro a centímetro cada nervio, y fibra muscular en mi brazo. Lo que hasta este momento ha provocado el imparable avance de una infección necrótica, naciente en mi hombro, y ramificada hasta la parte superior de mi torso, como unas oscuras y enredadas raíces.

 

Hay veces en que los muros comienzan a contraerse, reduciendo significativamente el espacio que permite desplazarme. Provocando una brusca subida del nivel de tan pesado líquido que circula por todo el suelo, dejando tan solo mi cabeza por sobre él. Se volvía dificultoso mi andar en estas circunstancias, pero debía continuar, tal vez sin ningún motivo o esperanza alguna sobre nada, tan solo seguir en movimiento, seguir vivo.

 

No tenía presente en mi memoria la última vez que pude descansar en este lugar, mi nivel de fatiga era total y abarcaba cada músculo y articulación, pero no sentía sueño, la falta de el mismo me decía que algo andaba muy mal en mi. Todo era un continuo ciclo que comenzaba y concluía en el presente. El pasado y el futuro iban perdiendo su valor a cada paso que daba.

 

Continuaba sin rumbo, sin dirección, sin un destino aparente, sin ningún punto de referencia en este laberíntico calabozo. Era como si girara en círculos, siendo que tampoco recuerdo haber visto ningún lugar dos veces, por lo que no puedo estar seguro sobre nada con cierto grado de certeza. Los colores que puedo apreciar varían según el tiempo, desde bordó claro a un negro carbón en las paredes a mi alrededor, ninguno me gusta en especial, he llegado a ignorar todo completamente. Desearía poder imaginar alguna forma de transcender, tener por lo menos una meta o aspiraciones futuras…aunque a este punto he perdido la capacidad de soñar.

 

En mis oídos un agudo y fastidioso pitido podía escucharse a cada momento, mi audición se iba deteriorando a un ritmo más veloz de lo que quisiera, pero este hecho no evitaba que aún captara un distante estrépito que sonaba como una enorme y feroz bestia, lista para devorarme. Este era de hecho mi mayor manifestación posible de terror, me producía una total parálisis del sólo pensarlo. Sólo podía oirla, no así mismo verla, al menos era lo que había podido percibir, pero a veces a modo de rápidas y cambiantes imágenes mentales, podía ver como mi perseguidor incansable, lograba atraparme y destrozarme por completo, arrancando cada pedazo de carne de mis huesos. Aunque puedo, en breves y delirantes reflexiones, llegar a desear ese momento que temía, ya que la muerte sería una bendición en mi condición lamentable y carente de sentido alguno.

 

Me encontraba perdido y abatido cuando mis ojos lograron ver a lo lejos una especie de túnel, del cual provenía un pequeño haz de luz. Al acercarme, un poderoso resplandor me iluminaba, podía sentir la tierra seca bajo mis pies, era una sensación tan reconfortante, mi alma parecía volver a mi cuerpo, llenándome de una inquebrantable fuerza para avanzar a través de él. Una extraña vibración recorrió mi columna vertebral, de principio a fin, y algo similar a una agitada respiración sentí escuchar, pero ya no tenía miedo alguno. Y ignoré cualquier presentimiento o energía negativa que me invadía en ese momento, y me decidí a llegar al fin de todo esto.

 

Mientras seguía caminando me sentía más cerca de alcanzar mi tan ansiada libertad, una palabra que había dejado de tener sentido para mí, algo que ya creía inalcanzable. Lleno de incertidumbre a lo que estaba por venir, me detuve, tomé aire lenta y profundamente, crucé los dedos de mi mano, la única que me quedaba, cerré mis ojos por unos segundos antes de llegar hasta el final. Comencé a abrirlos lentamente,  tomé valor y dí los últimos pasos para encontrar la tan esperada salida, no podía ni siquiera creerlo, aire limpio y fresco rozaba mi avejentado rostro en forma de caricias, todo era tan hermoso que no parecía real, la resplandeciente luz solar, el vasto cielo azul , un bello paisaje a la vista, me sentía pleno y liberado de aquel desolado sitio que me había robado la libertad, la fé en mi mismo, la esperanza en el futuro, la escencia de mi vida.

 

De pronto pude sentir en medio de tanta felicidad, como me elevaba por los cielos, como flotando, era una mágica sensación envidiable, un placer incomparable con algo terrenal, iba mucho más allá de lo humano, era más algo divino. Miré hacia atrás, donde me quedé increiblemente sorprendido así tanto como angustiado, mi parte fisica se encontraba detrás de mí, seguía en aquel tormentoso sitio, tristemente nunca logré salir de allí. Mientras mi cuerpo caía abatido al suelo, pude apreciar, desgraciadamente como un fantasmagórico engendro, desvisceraba mi ahora destrozado y frío cadáver. Ni siquiera mi ser corpóreo pudo salir jamás de su prisión, y ya nunca podrá ser.

 

Tal parece que no pertenezco a ese mundo, al que por unos tan felices instantes creí y sentí pertenecer. Viví prisionero, en soledad, cautivo, desolado, con una opresión infinita a mi desvariante consciencia , drenado y sometido a mi aparentemente merecida miseria. ¿Será un castigo de los dioses que me crearon? ¿Un arbitrario designio de estos hacia mi?, pero al menos, como una luz en medio de un mar interminable de sombras, un último consuelo, para lo que parecía inconsolable, el simple hecho de que morí, pero habiendo probado al fin, por primera y última vez……el dulce aroma de la libertad.FIN.

 

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