PERDIDA

PERDIDA

Relato basado en sucesos reales contado por María Silva
Escrito y Adaptado por Eduardo Liñán

Esta historia sucede hace algún tiempo. Recién me casé, mi esposo y yo nos fuimos a rentar un pequeño cuarto en donde apenas cabíamos los dos, sin embargo éramos muy felices ya que nos teníamos el uno al otro. Pasamos 5 años rentando, después con grandes esfuerzos y gracias a su trabajo, él logró sacar un crédito para adquirir una casa en un fraccionamiento cercano a la carretera a Laredo llamado Cosmopolis Residencial en Apodaca, Nuevo León. El mudarnos significó para nosotros un gran cambio de vida y emocional, además nuestro pequeño hijo crecería en un buen ambiente y tener nuestro propio hogar nos causaba gran felicidad y seguridad.

Al mudarnos la rutina seguía siendo la misma, mi esposo se iba a trabajar, mientras yo me quedaba en la casa arreglando las cosas de la mudanza y limpiando, mi hijo en ese entonces se la pasaba jugando en su habitación, sin embargo note que se sentaba frente a la ventana de la sala y pasaba un largo rato ahí observando al exterior, en ciertas ocasiones pude darme cuenta que hablaba en susurros como si platicara con alguien invisible. Sin darle mayor importancia, deduje que era un comportamiento propio de su edad.

Conforme pasaban los días, a veces salíamos a caminar por las aceras del fraccionamiento conociendo el lugar y los vecinos que ahí habitaban, a menudo nos encontrábamos con un señor ya mayor, que me saludaba muy amablemente y a veces teníamos platicas de vecinos. Nunca le pregunté su nombre o no lo recordaba; pero mi esposo cada que le platicaba del anciano amable, el lo llamaba “Don Panchito” porque pues parecía eso, un viejo amable y bonachón con mucha plática.

Cierta noche de viernes, me alistaba para dormir y mi niño no dejaba de jugar, ya era algo tarde y me “peleaba” con él para que se viniera a acostar, era muy noche para que el no durmiera; pero como era fin de semana, me suplicó que lo dejara jugar, así que mientras yo veía televisión en mi recámara, el jugaba al pie de la cama. Esa noche en particular hacia algo de calor por lo que tenía la ventana abierta para que entrara el fresco . Estaba absorta viendo un programa, cuando escuché algo raro en el ambiente y eso me puso alerta. Se escuchó como un grito y entre el ruido de la televisión y la voz de mi hijo que me decía algo que no entendía. De nuevo escuché el grito, le bajé a la televisión y después de un largo rato, el silencio fue interrumpido por un largo lamento, desgarrador e inquietante. Era de una mujer que parecía dolerse de algo. Mi niño que jugaba calmadamente se paró y se me quedó viendo con una carita de miedo, luego de un rato de nueva cuenta se vuelve a escuchar el lamento y esta vez más cerca de la casa. En ese momento mi hijo brinca asustado a la cama y me abraza temblando. Yo de igual manera estaba pasmada abrazando al niño y quise pararme a cerrar la ventana; pero mi miedo era tal, que no podía moverme. El lamento esta vez se escuchó en la entrada de mi casa, ahí fue cuando abracé fuertemente a mi hijo y comenzamos a sollozar esperando lo peor. Cerré mis ojos fuertemente y le pedí al niño que lo hiciera de la misma forma. Así estuvimos unos minutos y luego de un momento el ruido de la puerta abriéndose me alertó y pensé lo peor. Escuche una voz familiar: era mi esposo que acababa de llegar. El reloj marcaba la 1:30 am.

Al ver que atravesaba el umbral de la puerta, mi respiración volvió y el color me volvió al rostro al verlo. Me levanté de la cama y corrí a abrazarlo junto con el niño, el extrañado se me quedó viendo y me pregunto por qué no nos habíamos dormido, acosté el niño en la cama y lo comencé a dormir, cuando vi que lo estaba, le conté lo sucedido y él en vez de creerme se dio un palmazo en la cara y me dijo que él no creía en esas supersticiones, que seguramente escuché a algún vecino dolerse y pedir ayuda. Algo molesta me acosté y ya no volvimos a tocar el tema; pero ese fin de semana estuve intranquila.

Llego el lunes y la rutina semanal comenzó de nuevo, el se fue a trabajar y por la tarde empieza a lloviznar. Al caer la noche mi hijo se duerme temprano y yo me quedo esperando a que mi marido llegue. Sería la 1:25 am y escucho que meten la llaves en la puerta de la entrada y la abren violentamente, era mi esposo que entraba muy alterado y pálido, dejando todo en la mesa y me dice con un rostro perturbado que cerrara la puerta y lo hiciera rápido. Al preguntarle que había pasado, me dijo que nada, que no hiciera ruido y que fuéramos a donde estaba el niño durmiendo, el corre a su habitación, toma al niño y se va a nuestra recamara. Yo me acosté extrañada; pero temía preguntarle más por qué no quería saber la respuesta. Al llegar la mañana me levanté algo cansada, noté que en toda la noche no había dormido y se asomaba de tanto en tanto por la ventana. El ruido que hacía en la cocina al querer prepararse un café me levantó y mi curiosidad me llevó a cuestionarlo sobre lo que había pasado la noche anterior.

Sentándose algo calmado, dio un sorbo al café y me miró. Me dijo que después de que el transporte de personal lo dejara a cierta distancia del fraccionamiento por la carretera. Se vino caminando en el silencio de la noche como siempre, la llovizna que se dejó sentir desde la tarde aun continuaba.

El camino era un llano enmontado, donde no había casas ni alumbrado. Por lo que era bastante inquietante, el siempre se venía caminando por la orilla de la carretera para llegar un poco mas rápido. A esas horas de la madrugada no veía ningún vehículo o persona caminar por esos rumbos. Sin embargo luego de venir sumido en sus pensamientos y caminando rápido para no mojarse, escuchó detrás un lamento largo que le erizó la piel y lo alertó. Apretando el paso no quiso enterarse de donde provenía el grito y luego de doblar en una curva, sintió que los pelos de la nuca se le erizaron y se detuvo en seco al ver que a unos metros de él había una mujer. Estaba vestida de blanco o al menos eso parecía, su vestimenta era algo vaporosa que se movía entre la ventisca y la llovizna, la cual no dejaba distinguir las facciones de aquella extraña aparición. Su andar era lento y a medida que mi esposo caminaba detrás de ella su andar se hizo más lento; en cuanto estuvo a unos pasos de ella, una inquietud y algo de temor hizo que cruzara al otro lado de la carretera. Pasó de largo con prisa la vió por el rabillo del ojo del otro lado sintiendo que lo volteó a ver, al hacer esto aquello intentó cruzar la carretera para ir detrás de mi esposo; pero el notó que se quedó parada en medio de la carretera observándolo fijamente. El al notar todo eso y desconfiando en todo momento de esa aparición. En cuanto vio que se quedó parada, comenzó a correr con todas sus fuerzas preso del miedo, intentando alejarse de esa aparición. Cuando llegó a la entrada del fraccionamiento, aminoró su carrera y con el corazón saliéndosele del pecho, intentó recuperar el aliento.

Veía la luces del fraccionamiento y el ruido de la llovizna comenzó a arreciar, pensando en que había sido todo eso, empezó a caminar y volteo a sus espaldas. Una corriente eléctrica le recorrió la espalda y sus pies le pesaron cuando vio que a unos metros de el y en medio de la calle estaba la extraña mujer vestida de blanco viéndolo fijamente con un rostro pálido y carente de facciones, la lluvia parecía darle un aspecto aun más inquietante. Apenas iba a empezar a retroceder lentamente cuando vio que la aparición empezó a caminar rápidamente hacia él; dice que no parecía andar con sus piernas, en cambio lo describió como “flotar” entre la lluvia, haciendo aun mas aterradoras las sensaciones que invadieron a mi marido y que lo hicieron correr al escuchar el lamento desgarrador de la mujer. Eso fue todo para él, corrió lo más fuerte que pudo para alejarse de ahí y mientas lo hacía, sentía que aquello lo seguía de cerca y los lamentos los escuchaba más cerca, deseaba correr tan fuerte para que la aparición no viera donde se metía. Cuando llegó a la casa su miedo lo bloqueó por completo de su mente y se refugió en nosotros, para superarlo. Al ver el rostro inexpresivo de mi esposo y la mano aferrada a la taza de café que no se había tomado, me puso tensa y nerviosa, nunca lo había visto temeroso, mucho menos inseguro; pero lo que le pasó fue demasiado para él y su entendimiento escéptico, ya que aun le quería dar una explicación al asunto, sin hallar respuestas.

Llego el fin de semana y como todos los sábados salíamos a pasear. A mi hijo le gustaba andar en su triciclo por todo el fraccionamiento. Íbamos platicando mi esposo y yo cuando vimos que “Don Panchito” se acercaba a mi hijo y nos saludaba con su muy peculiar modo. Luego de un rato de pláticas vecinales.

Entre la conversación hizo un comentario que nos alertó y en especial a mi esposo que le cambiaron los colores del rostro. El preguntó si no habíamos visto o escuchado algo extraño durante la noche, como un “espanto” o el llanto de la llorona. Nos vimos mi esposo y yo, ambos respondimos al mismo tiempo que “Si”. El se animó a platicarle el suceso de la mujer de blanco. Don Panchito atento veía con serenidad a mi marido y escuchaba sin parpadear. Al terminar el relato el anciano se relajó y comenzó a contarnos que hacía algún tiempo, años antes de que construyeran las casas del octavo sector, en aquellos terrenos había existido un rancho el cual había sido demolido para dar paso a la construcción del fraccionamiento y que en ese lugar hubo un baile en donde asistieron unas jovencitas. Ya entrada la noche una de las jóvenes se salió del baile, porque no había pedido permiso y se regreso sola a su casa, ya que ninguna de sus amigas la quiso acompañar. La joven se perdió en la obscuridad de la noche y entre la soledad de los caminos. Nunca llegó a su casa.
Los padres angustiados comenzaron a buscarla y preguntaron a las amigas con las que había asistido al baile; pero estas dijeron que la vieron salir sola del baile y se regresó por aquellos caminos obscuros y solos.

Luego de varios días y varias pesquisas. Hallaron su cuerpo putrefacto oculto entre los matorrales, en un camino muy cerca del rancho donde había sido la fiesta. Había sido violada y estrangulada hasta la muerte. Las autoridades determinaron que el o los responsables habían sido traileros ya que por esos caminos pasaban muchos todo el tiempo y quizás al verla sola, la levantaron y en un intento por abusar de ella la torturaron y mataron, botándola en el camino y ocultándola para que no la encontraran. De esta noticia se supo muy poco y como nunca dieron con los responsables, se fue olvidando con el tiempo el trágico destino de la joven. Se decía que luego de un tiempo comenzó su ánima a rondar aquellos caminos y calles de los fraccionamientos, intentando llegar a su casa sin éxito y que sus lamentos lastimeros alertaban a los habitantes como intentando gritar su pena y que no se olvidaran de su fatal destino.

Tanto mi esposo y yo estábamos atentos a la historia de Don Panchito, sin poder creer del todo lo que decía; pero habíamos escuchado los lamentos y mi esposo la vio aquella noche lluviosa. En la actualidad los fraccionamientos han crecido, de aquellos caminos enmontados queda poco; pero a pesar de eso varios vecinos han reportado haber escuchado esos lamentos horribles que inquietan, muchos se han ido de la colonia por el temor y otros han visto a la aparición y coinciden en que se trata de una mujer ataviada con un vestido blanco vaporoso, de rostro pálido; cuyo lamento eriza la piel y hace ladrar a los perros. Y que al verla “caminar” por las calles se dan cuenta que en realidad “flota” ya que no tiene pies.

Si vas a copiar y pegar el relato menciona los créditos correspondientes de autor – relator y menciona la fuente donde lo tomaste, eso me ayuda a seguir publicando. Gracias.
Derechos de contenido reservados 2017 © Eduardo Liñán.

2 pensamientos sobre “PERDIDA”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *