PÁNICO EN LA NOCHE

LHola, os dejo uno de terror que he escrito para un grupo de lectores y escritores entrañables. Espero que os guste. Y por supuesto un final totalmente inesperado y espectacular. FELIZ LECTURA!

 

PÁNICO EN LA NOCHE
Una tormenta se desató en esa agradable noche de pleno mes de agosto. Sonia dormía plácidamente cuando el ruido de los truenos y de la lluvia golpeando los cristales la despertó sobresaltándola. Abrió los ojos, aún aturdida por las pocas horas de sueño, y le pareció distinguir dos luces en medio de la penumbra. Cerró los ojos ignorándolas cuando la luz de un rayo iluminó por un instante la habitación. Sonia pegó un salto en la cama cuando comprobó que esas dos luces eran dos ojos brillantes que la observaban en medio de la oscuridad. Con sumo cuidado intentó bajarse de la cama mientras esos ojos se acercaban a ella. Sonia se dirigió despacio hacia la puerta intentando distinguir al portador de esos ojos…

Un grito ahogado salió de su garganta cuando, tras la caída de otro rayo, pudo distinguir perfectamente a su enemigo… ¡Un lobo, era un lobo!. Todo su cuerpo comenzó a temblar, no sabía si estaba soñando o todo era real, pero necesitaba escapar de allí con urgencia. Corrió con desesperación hacia la puerta mientras el animal se abalanzaba sobre ella. Sonia gritó a viva voz cuando sintió su presencia muy cerca de ella. Intentó cerrar la puerta tras ella, pero el animal interpuso su cuerpo. Un arañazo en su espalda mientras intentaba huir le hizo comprender que todo era muy real… demasiado real.
-Socorro… socorro –gritó Sonia aterrada mientras corría por la casa.
El animal tropezó un segundo y ella lo aprovechó para cerrar tras de sí la puerta de la otra habitación. Con el corazón a punto de salírsele del pecho y un miedo atroz en todo su ser escuchó como el lobo arañaba la puerta con sus patas mientras emitía un sonido aterrador.
-¡Dios mío! ¡Dios mío, ayúdame! –Sonia comenzó a rezar por primera vez en muchos años. Hacía mucho tiempo que había dejado de creer en esas cosas, pero ahora, con esa bestia al otro lado de la puerta, ansió que todo lo que le habían contado de pequeña fuera verdad. El animal dejó de arañar la puerta y Sonia se quedó expectante… Tal vez se diera por vencido y decidiera marcharse, pensó esperanzada. No comprendía como esa bestia había entrado en su casa… Vivían en el bosque, sí, pero a escasos kilómetros de la ciudad de Orense. Pensó en su marido Julián… estaría a punto de llegar a casa.
-No… no… no – Sonia comprendió que tenía que avisarlo o cuando llegara se encontraría de frente con esa bestia. Intentó buscar su móvil, pero había quedado en la mesilla de su cama… Tenía que volver allí, tenía que avisarlo. Puso la oreja en la puerta intentando oír que pasaba al otro lado de la puerta. El lobo no daba señales de vida, tal vez se hubiera marchado. Contuvo la respiración mientras abría un palmo la puerta. La casa estaba a oscuras, pero no había ni rastro de él. Abrió un poco más y salió de la habitación despacio, muy despacio, sin hacer el menor ruido. Si estaba por allí no quería avisarlo. Caminó descalza hacia su habitación, sabía que si esa bestia estaba escondida estaría perdida, pero no podía permitir que su marido recibiera tan terrible sorpresa. Se deslizó con sigilo, concentrada en no hacer el menor ruido. Ya veía su habitación, estaba a tan solo 6 metros. Su corazón latía muy deprisa y por primera desde que habían comprando esa casa se arrepentía de lo grande que era. Para ellos dos les hubiera valido una cosa pequeña y acogedora, pero no, ella se había encaprichado de ese caserón más propio de una familia numerosa que de una simple pareja. Un rayo cayó muy cerca y el ruido del trueno estuvo a punto de provocarle un ataque al corazón. Cinco metros, cuatro… otro rayo, esta vez casi encima de la casa la alumbró como si ya hubiera amanecido y allí estaba. Sonia quedó paralizada, el lobo estaba frente a ella y la miraba desafiante. Sus dientes brillaron como si fueran cuchillas cuando abrió la boca y un sonido tenebroso salió de su garganta. Sonia intentó correr, pero sus piernas no le respondieron. Era tal el pánico que la embargaba que su cuerpo se resistía a obedecerla. La bestia se fue acercando lentamente, parecía disfrutar con el miedo que provocaba. Sonia sintió como las lágrimas comenzaban a surgir en sus ojos y en unos instantes todo se volvió borroso. Cerró los ojos y se dispuso a morir. Rezó para que fuera muy rápido, para no sufrir, no sentir… Ya notaba su aliento muy cerca de ella… Cayó de rodillas y esperó el fatal desenlace. El animal se paró ante ella y pareció por un momento como si sonriera, disfrutaba con el miedo que producía, era evidente. Emitió por última vez ese sonido tan aterrador que hizo que Sonia temblara muy a su pesar. Abrió la boca y lanzó su primer mordisco… Un ruido metálico sonó en ese instante y el animal cayó a un lado mal herido. La miró sorprendido mientras sentía como su cuerpo se debilitaba por momentos. Sonia se levantó con rapidez y dudó si rematar a su oponente o huir ahora que podía. Miró para su mano derecha, cubierto de sangre estaba un cuchillo de monte que siempre guardaba su marido. El animal la miraba expectante mientras la sangre salía a chorros de su vientre. Sonia se acercó a él y levantó el cuchillo, pero la bestia no estaba dispuesta a morir sin oponer resistencia. Sacó los dientes con rapidez y le mordió una pierna. Sonia emitió un grito de dolor intenso mientras sentía como su pierna quedaba inutilizada, al menos de momento. Sintió miedo y decidió alejarse lo más posible de esa bestia. Qué se muriera lentamente, se dijo a sí misma, mientras intentaba levantarse. Con dificultad lo consiguió y se dirigió hacia el baño. Tenía que ponerle algo a esa herida o no pararía de sangrar. Cuando comprobó que le faltaba un trozo de carne en la pierna a punto estuvo de desmayarse. Esa bestia le había arrancado de un mordisco más de lo recomendable. Cerró la puerta con llave para evitar males mayores y se hizo una cura de urgencia. El dolor era enorme, tenía que acudir al hospital con urgencia. Un ruido en la puerta le hizo comprender que su marido había llegado. Salió del baño lentamente mientras le advertía que no se moviera de la entrada.
-Cariño, quédate ahí. Es urgente, necesito que me lleves al… -un grito angustioso salió de su garganta cuando llegó hasta la puerta y encontró a su marido cubierto de sangre y sin vida. El pánico se apoderó de nuevo de todo su ser mientras comprobaba aterrorizada lo que tanto temía… sí, estaba muerto, no había la menor duda. Miró para todos lados buscando a ese demonio que parecía no morirse nunca. Con el cuchillo firme en su mano esperó su ataque, segura de que la estaría observando. Su pierna herida apenas respondía y la visión de su marido, muerto a escasos centímetros de ella, la debilitaba peligrosamente. Con las lágrimas corriendo a mares por su cara cogió el móvil de Julián y llamó a la policía, pero el mal tiempo parecía aliarse con su oponente ya que no había cobertura. Vio el coche a pocos metros, con un poco de suerte tal vez lograra llegar hasta él. Era su única oportunidad. Comenzó a caminar lentamente, arrastrando la pierna y sin perder de vista ni un instante la casa. Si esa bestia la atacaba que al menos lo hiciera de frente. Ni rastro de él. La lluvia la empapó al instante. Abrió la puerta del coche y se cerró por dentro. Respiró aliviada, lo conseguiría, se dijo. Intentó arrancar, pero no lo consiguió. La pierna estaba tan débil que no le respondía. De repente el cristal del copiloto rompió y la cabeza del lobo apareció. Sus dientes afilados y llenos de sangre rozaron su brazo derecho.
-No… no… no -gritó Sonia mientras sentía su aliento sobre su brazo. Intentó arrancar, pero no lo consiguió. Miró para la bestia, lo tenía a escasos centímetros, pero algo le impedía llegar hasta ella… Estaba atrapado. No se lo pensó. Cogió el cuchillo y le clavó una y otra vez hasta que el animal desistió de su intento. Volvió a intentar arrancar mientras el pánico la envolvía completamente.
-Arranca, cabrón, arranca… -gritó a la noche desesperada.
De repente el parabrisas se astilló y el lobo apareció frente a ella. Sus miradas se cruzaron durante un instante… El parabrisas cedió con el peso y la bestia cayó sobre ella. Sonia sintió un dolor intenso cuando sus dientes afilados se clavaron en su cuerpo. Un grito desgarrador salió de su garganta mientras todo se volvía negro, muy negro.
-No… no… no –se despertó bañada en sudor en medio de la cama. Su corazón latía a una velocidad preocupante y tenía la cara mojada de tanto llorar. Lo comprendió todo al instante. Había sido una pesadilla, nada de todo aquello había ocurrido. Comenzó a reír y no paró en un buen rato. De repente comenzó una tormenta de gran intensidad y la lluvia golpeó con violencia los cristales. Sonia iba a cerrar los ojos nuevamente cuando le pareció distinguir dos luces en medio de la penumbra. Un grito desolador salió de su garganta mientras todo cobraba sentido…
Clemente Roibas

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