NOCHE DE SAN JUAN

RELATO 9
NOCHE DE SAN JUAN

23 de junio, noche de San Juan. Las playas de A Coruña están llenas de jóvenes y no tan jóvenes dispuestos a disfrutar de la noche más mágica y especial del año. Los turistas atraídos por los comentarios tan positivos de estas fiestas en A Coruña se asombran de que las playas de Riazor, Orzán y Matadero, en plena ciudad, estén a rebosar de gente y hogueras de diversos tamaños. A medida que la noche va ganando terreno la imagen es más impactante. Es como si la arena estuviera ardiendo, todo un espectáculo, sin duda. Una de la madrugada, tras la quema de la falla en plena playa, algo que el Ayuntamiento local ha puesto como tradición, la gente vuelve a lo suyo: bailar, cantar, comer sardinas y churrasco y beber…

Las risas suenan por toda la playa dándole un ambiente festivo y entrañable a esa noche tan señalada. La marea está baja y eso ayuda a que las hogueras puedan ser más numerosas y a que la gente pueda estar más a gusto, es una noche perfecta. Hasta la lluvia, tan característica en esta tierra, se ha cogido un descanso y el cielo está totalmente despejado. Así van pasando las horas, entre risas y buen ambiente hasta que poco a poco muchos empiezan a retirarse dejando la playa para los más noctámbulos. Nuria y Jorge están en uno de los grupos que aún permanecen en la playa del Orzán. Son las cinco de la madrugada y el cansancio y el exceso de fiesta empieza a hacer mella en algunos.
-Será mejor irnos –dice Luis- Apenas queda gente y la marea está subiendo. ¿Quién se viene?
Todos apoyan la iniciativa menos Nuria y Jorge, ellos prefieren quedarse. Nadie intenta convencerlos de que ya son horas de regresar a casa saben que se gustan y quieren quedar solos. Tras las bromas de rigor y la promesa de verse al día siguiente todo el grupo se va menos ellos dos. Es el momento de las confidencias.
-Nuria… Yo, no sé cómo decírtelo… -Jorge, a sus 20 años siente que por primera vez está enamorado y teme no ser correspondido.
Ella lo mira unos instantes en silencio esperando a que se decida, pero al ver que los nervios no le dejan decide hablar por los dos.
-Yo también te quiero, Jorge.
Él sonríe aliviado y se sienta a su lado. El escaso fuego de la pequeña hoguera es testigo de su primer beso y del segundo. Jorge, animado, intenta algo más pero Nuria lo para con la mano mientras sonríe.
-¿Por qué no nos damos un baño? El mar está tranquilo y hace una noche preciosa.
Jorge la miró divertido y asintió. Sabía que estaba prohibido bañarse en el mar esa noche, pero la playa estaba casi vacía y los más cercanos estaban a más de cincuenta metros. Nadie se daría cuenta y los que lo hicieran los ignorarían.
-Ok, pero no traje bañador.
-¿Y para qué lo necesitas? –dijo ella mientras se quitaba la ropa.
Jorge se quedó atónito cuando la vio totalmente desnuda… era preciosa y ella echó a correr hacia el agua divertida y halagada por lo que había advertido en su mirada. Él comenzó a quitarse la ropa con rapidez y la siguió. El agua estaba fría, pero por suerte para ellos esa noche apenas había olas. Algo raro en la playa del Orzán que es famosa por el mar bravo y por sus olas majestuosas. Con la luna como único testigo se besaron con ardor y juntaron sus cuerpos. Nuria solo quería sentirlo cerca, era virgen, pero Jorge estaba demasiado excitado y en cuestión de segundos comenzó a poseerla nublado por el deseo. Nuria se dejó llevar por las ganas y por la magia que desprendía esa noche e hicieron el amor allí, en pleno mar, mientras la luna parecía iluminarlos. Cuando acabaron se miraron algo cohibidos y luego se rieron. Ambos habían ansiado este momento y por fin se había hecho realidad. Salieron agarrados de la mano sonriendo y mostrando felicidad por todos sus poros. Estaba siendo una noche perfecta. La primera sorpresa llegó cuando llegaron hasta su hoguera y descubrieron con desagrado que alguien les había robado la ropa. Por suerte les habían dejado la ropa interior, estaban en un aprieto, pero al menos no tan embarazoso.
-Serán cabrones –dijo Jorge enfadado- Han tenido que ser los de aquella hoguera, son los únicos que quedan por esta zona de la playa. Se van a enterar…
-No, por favor –le rogó Nuria- No quiero problemas, no estropees una noche tan perfecta.
-Pero… -Jorge la miró confuso- No podemos volver así.
-Y si no fueron ellos, cualquiera que haya pasado por aquí ha podido cogerla. Alégrate de que al menos nos hayan dejado la ropa interior, me moriría de vergüenza si tuviera que andar desnuda por plena calle por muy tarde que sea.
-Ya, pero tampoco están nuestros móviles ni la cartera. Tendremos que ir caminando. Cómo nos vea la policía nos vamos a meter en un lío.
-Ojalá nos vea. Les contaremos lo que ha pasado y nos llevarán a casa en coche. Siempre será mejor que ir caminando. Tú parece que llevas un pantalón corto, pero mi tanga es… muy pequeño –dijo ella sonrojándose.
-Y lo bien que te queda –dijo él mirándola con deseo.
Ella sonrió algo avergonzada. Acababan de hacer el amor en el mar, pero el agua y la oscuridad le había dado cierto misterio… ahora todo era más evidente.
-Dejemos que el fuego nos seque. Ya habrá tiempo para pensar en cómo volver a casa.
Él asintió y abrazados permanecieron sentados frente al fuego. Estuvieron en silencio un rato, la madera quemándose y el calor que esto provocaba en sus cuerpos les hacía estar pensativos, como ausentes. Era una sensación placentera. Un hombre apareció de entre la oscuridad y les mostró sus pantalones. Jorge le exigió que les devolviera la ropa, pero el hombre se echó a reír mientras comenzaba a alejarse. Jorge corrió tras él, era su oportunidad de recuperar la ropa y de paso marcarse un tanto a su favor delante de Nuria.
-Eh… devuélveme la ropa –le dijo mientras corría tras él.
El hombre lo miraba divertido mientras arrastraba la ropa por la arena. Jorge estaba acostumbrado a correr y en pocos segundos le dio alcance. Lo agarró por el brazo y lo hizo girarse.
-No me has oído, idiota. Devuélveme la… -no pudo seguir. El rostro de ese hombre le dejó sin palabras.
-Qué pasa guapote, no te gusto –le dijo el hombre mientras lo agarraba por el cuello y le mordía la cara.
Jorge emitió un grito de dolor cuando sintió como le arrancaba un trozo de carne. Lo empujó con todas sus fuerzas e intentó huir. El rostro de ese hombre no parecía humano… Nuria que los observaba desde lejos se asustó mucho al oírlo gritar y más cuando lo vio huir de ese hombre. No entendía que pasaba, pero estaba claro que nada bueno. Corrió hacia Jorge, pero al ver que el hombre hacía lo mismo se paró. Algo le decía que no era una buena idea. El hombre alcanzó a Jorge con rapidez y lo tiró al suelo. Durante unos instantes se pelearon en la arena y luego el hombre comenzó a arrastrarlo hacia la orilla.
-No, por favor, no –gritó Jorge aterrado- Socorro… socorro.
Nuria no sabía qué hacer. Quería ayudarlo, pero el miedo la paralizaba. Decidió correr hacia la hoguera más próxima. Pediría ayuda. Dos chicos estaban allí, más dormidos que despiertos, rodeados de varias botellas de agua ardiente. Era obvio que estaban borrachos.
-Por favor, por favor –les dijo Nuria muy preocupada- Necesito ayuda, ese hombre quiere ahogar a mi novio.
Ellos miraron hacia donde ella señalaba, pero no vieron nada. La bebida y la oscuridad de la noche no se lo permitían. Sin embargo sí que la vieron bien a ella: guapa, con buena figura, con los pechos al aire y en tanga… Un sueño hecho realidad a esas horas y en ese lugar. Sonrieron maliciosamente mientras se levantaban. Nuria comprendió por sus miradas lascivas que ayuda no era lo que iba a conseguir de ellos y corrió alejándose de ellos. Ambos comenzaron a perseguirla, pero uno de ellos se cayó al suelo a los pocos metros… el alcohol no le permitía mantener el equilibrio. Para desgracia de Nuria el otro estaba en mejor estado y estaba a punto de alcanzarla.
-Por favor… por favor… déjame –le dijo mientras corría todo lo que podía.
El chico se lanzó sobre ella y la tiró al suelo. Comenzó a besarla mientras recorría su cuerpo desnudo con sus manos. Nuria tuvo arcadas al sentir su mal aliento dentro de su boca. Intentó quitárselo de encima, pero era más grande y fuerte que ella. Él intentó quitarle el tanga torpemente, el alcohol lo nublaba, y ella aprovechó para golpearlo con la rodilla en sus partes. El chico cayó a un lado doliéndose y ella aprovechó el momento para huir. Corrió hacia donde había visto a Jorge, pero al llegar allí no había ni rastro de él. Con temor lo buscó por la orilla y un grito temeroso salió de su garganta al ver en el agua su ropa interior. Angustiada se metió en el mar buscándolo desesperadamente, pero no había ni rastro de él. Las lágrimas surgieron en sus ojos cuando comenzó a salir del agua. Había sido una idiota, se dijo, debió de acudir en su ayuda en ese mismo instante en vez de buscar a alguien. Ahora no sabía que había sido de él… tal vez estuviera herido en algún lugar de la playa o… ahogado. Solo pensarlo le hizo llorar con más fuerza. Otra sorpresa le esperaba a pocos metros de ella. No se dio cuenta hasta que lo tuvo casi delante. La posibilidad de no volver a ver a Jorge la había bloqueado.
-Zorrita… hemos dejado algo a medias –le dijo el chico de antes.
Nuria se paró en seco al oírlo. Estaba perdida. A su espalda estaba el mar y delante ese chico que sin duda estaría tan enfadado como excitado. Vio como la miraba, esta vez no podría evitar que la violase. Gritó con fuerza pidiendo auxilio, la playa estaba en plena ciudad, tal vez alguien que pasara por el paseo la oyera… pero no, entre la hora intempestiva y el ruido del mar difícilmente alguien la oiría.
-No lo hagas, por favor. No lo hagas –le pidió ella hecha un mar de lágrimas.
El chico estaba demasiado borracho y excitado como para tener la más mínima compasión. Ese cuerpo desnudo, ese tanga mojado y pegado a su cuerpo… eran demasiado deseables como para no aprovecharlos, pensó relamiéndose. Sí, sería suya y disfrutaría con su dolor… se lo merecía por el rodillazo de antes. Nuria cerró los ojos cuando él la agarró con fuerza y la tiró al suelo. Otra vez se repetía la historia, él sobre ella acariciándola y echándole su aliento fétido sobre su rostro. Nuria decidió que intentaría repetir la acción de antes, era cuestión de dejarlo hacer hasta que estuviera tan excitado que se descuidara, pero él ya se lo temía y le inmovilizó las piernas. No, esta vez no cometería el mismo error. Le rompió el tanga en dos y se dispuso a hacer lo que tanto ansiaba… De repente una mano muy poderosa le agarró el cuello y se lo apretó con fuerza. No le dejaba respirar. Comenzó a sentir mareos y se echó hacia un lado. Nuria abrió los ojos sorprendida y se encontró de frente con ese hombre. Tenía el rostro desfigurado y la miraba de una manera muy extraña. El chico en cuanto lo soltó echó a correr y se perdió en medio de la noche. Nuria intentó levantarse, pero él se lo impidió. Ella tembló, la idea de ser violada por ese chico la aterraba, pero por ese hombre… Comenzó a llorar y él la miró en silencio.
-Por favor… por favor –le dijo con los ojos cerrados- No lo haga.
-No te voy a violar, preciosa –le dijo con una voz profunda- No podría aunque quisiera. Ves mi rostro… pues así tengo el resto del cuerpo. Caí en una gran hoguera hace muchos años, cuando apenas era un crío. Por eso odio esta noche y todo lo que significa.
Nuria abrió los ojos y lo miró con temor.
-¿Qué quiere entonces de mí?
Él sonrió de una manera muy extraña y ella no pudo evitar temblar.
-Lo mismo que quise de tu novio… tu corazón.
Nuria gritó con todas sus fuerzas mientras no podía evitar orinarse por encima y él rió con fuerza.
-No… no… no –gritó Nuria con toda su alma mientras las lágrimas llenaban sus ojos y le nublaban la visión. Sintió sus ásperas manos sobre sus pechos y contuvo la respiración…
-A ver Nuria. ¿Qué haces? Te vienes o te quedas con Jorge, oyó de repente. Ella abrió mucho los ojos y se vio en medio de su grupo. Luis estaba de pie frente a ella y la miraba expectante. Jorge también lo hacía, pero por otros motivos. Ansiaba el momento de quedar a solas para declararle su amor. Nuria tardó unos segundos en comprenderlo todo… El alcohol, el cansancio, la mirada perdida hacia la hoguera… ¡Todo había sido producto de su imaginación! ¡Todo!, se dijo aliviada y feliz. Se levantó de un salto, se dirigió a Jorge y lo besó con ardor en los labios. Él quedó paralizado. Todos rieron al ver su reacción.
-Jorge, sí, quiero ser tu novia y sí, haremos el amor en el mar un día de estos, pero esta noche no. Vámonos, por favor.
-Pero…
-Vámonos –le dijo ella con una sonrisa que prometía muchas cosas.
Él no comprendía nada, pero asintió con la cabeza. Lo que acababa de oír y sentir le gustaba y mucho. Se agarraron de la mano y siguieron al resto del grupo. Todos comentaban con risas su reacción y calculaban cuanto habría bebido de queimada, la bebida típica de San Juan… muy sabrosa, pero que si no se toma con moderación…
-¿Cómo sabías que quería…? –Jorge la miró a los ojos. Se sentía feliz y dichoso.
Ella sonrió.
-Soy un poco bruja… Ya sabes: haberlas, haylas.

Clemente Roibas

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