Que me lleve el diablo

QUE ME LLEVE EL DIABLO.

Escrita Por: Eduardo Liñan
Relato basado en un hecho real

Martin García se desempeñaba como Pailero en una armadora de plataformas cerca del puente del Prieto y como cada viernes recibía su salario, mismo que se gastaba en cerveza y prostitutas en el centro de Tampico, vivía solo y no tenia a quien rendirle cuentas, se había venido de Papantla a la ciudad a buscar la fortuna y lo contrataron en esa compañía.

De su vida sabemos muy poco, su leyenda comienza uno de tantos viernes en las calles de los mercados municipales, por el día esos lugares cobran vida, están llenos de colores, sabores y gente que trabaja arduamente para ganarse el pan de cada día, pero por la noches, la soledad y la obscuridad se apoderan del lugar, las sombras extrañas recorren cada pasillo y calle de ese sector conocido como “El triangulo” en donde muchas leyendas se han tejido, Martin era un cliente frecuente de uno de los barecitos del callejón Reforma en donde entre otras cosas, se embriagaba de alcohol y sexo con las prostitutas adolescentes que se reunían en ese lugar, una noche después de darse el lujo de gastar todo su salario con una pequeña adolescente que había llegado de una comunidad rural cerca de Rio Verde, salio tambaleándose del fétido hotel y se dirigió a su casa, vivía en la colonia Morelos, y como se había quedado sin dinero, decidió irse caminando por la calle Héroe de Nacozari para salir al puente de la puntilla, era de madrugada y en cada paso que daba, escuchaba tras de si otros mas, risitas y murmullos de gente que susurraba cerca de el, volteando en varias ocasiones solo para darse cuenta que venia solo y que las sombras iban y venían.

Apresuro el paso y de pronto al llegar a una vieja y abandonada construcción antes de llegar al puente, escucho que le hablaban por su nombre, extrañado volteó para el interior de la casa y vio alertado una persona parada en medio, solo vio una sombra obscura y grande y parecía que fumaba, ya que solo veía la luz del cigarro.

-¿A donde vas cabrón? ¿Ya te cansaste de las jovencitas?-
-¿Quién eres?-
-Yo se todo de ti, se que debes una muertita, te acuerdas de la jovencita que violaste y mataste en el Tokio?-
-¡Quien eres puto!-
– Yo soy tu amigo…el diablo-

Al decir esto la sombra le dio una calada al cigarro y se le iluminó el rostro dejando ver unos ojos saltones y sin parpados y unos pequeños cuernos en la negra frente de aquello, al ver esto Martín aterrado soltó sus cosas y salió corriendo rumbo al puente de la puntilla con el alma en un hilo, al llegar a la mitad de este, vio que donde acababa estaba aquella aparición sonriendo con una sonrisa burlona, el hombre al verlo, se detuvo en seco y saltó por el puente hacia las aguas del río, como pudo nadó hasta el muelle de los locales de mariscos del mercado y había unos pescadores trabajando a esas horas, limpiando y guardando pescado en las bodegas, cuando vieron al hombre empapado y temblando de miedo, le preguntaron qué era lo que pasaba, les contó lo que había pasado y señalaba el puente diciendo

-Miren, miren, ¿No lo pueden ver? Es el diablo, Satanás ha venido por mí, ayúdenme-

Los pescadores no veían nada en el puente, el lugar estaba solo, así que pensaron que se le habían pasado las copas o andaba drogado, cosa común en esos lugares, como pudieron lo arrastraron y lo metieron en una bodega encerrándolo para que se calmara y se durmiera, los hombres siguieron su trabajo y dejaron ahí a Martín , clareaba la mañana cuando los pescadores regresaban con pescado y marisco para la vendimia, en ese momento se acordaron de aquel hombre y decidieron sacarlo de ahí para que se fuera, al abrir la bodega, se dieron cuenta que no estaba, lo único que permanecía ahí era un overol naranja y sus botas. De su destino nadie supo y solo quedó esta historia.

Eduardo Liñan

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