Las sombras parte 1

Relato basado en la leyenda de “La gente de las sombras” Escrita y Adaptada por Eduardo Liñán.
Dalia Martínez era una joven encargada del área de Capacitación y Recursos Humanos de una gran tienda de autoservicio. Muy dedicada a su trabajo y al servicio de la tienda. continuamente se quedaba más tiempo de su hora de salida para adelantarle al trabajo. No se consideraba bonita o atractiva; pero tenía una gran inteligencia, siempre fue una joven “matada” en la escuela y había salido de la universidad con honores. Este era su primer trabajo por lo cual, aún no tenía la malicia o los hábitos de perder el tiempo o hacer cosas a destiempo, como era costumbre en otros jefes de departamento. Tenía un pésimo gusto para la ropa y para los hombres. Sus relaciones amorosas eran cortas y poco satisfactorias. por esa razón dedicaba todo su tiempo al trabajo y a sus perros pomeranos. Solo había tenido sexo una vez en toda su vida y no fue una grata experiencia, no lo recordaba ya que se hallaba ebria la noche de graduación cuando eso sucedió.

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Los eventos que le sucedieron, comienzan una noche de septiembre. Delia caminaba por enésima vez en los pasillos de la tienda, había estado preparando una junta con los jefes de cada departamento para darles a conocer su plan de trabajo para el año. Sin embargo nadie le hacía mucho caso, no comprendía porque la gente podía llegar a ser tan mediocre y conformista; pero amaba su trabajo más que a nada.

 

Ya era muy tarde casi al cierre de tienda y permanecía en el salón de juntas. Había preparado la cafetera y la papelería del curso. Solo esperaba a que vinieran las personas para comenzar e irse a su casa a descansar tenía mucho sueño. Pasó el tiempo y los minutos, la sala tenía un silencio sepulcral y no se escuchaba ningún ruido. Delia estaba sentada viendo a la ventana fijamente cuando comenzó a tener somnolencia. Un ruido parecido a un trueno la alertó. Una tormenta estaba a punto de caer. Al salir de la sala notó que la mitad de la luces estaban apagadas y la mayoría de la tienda estaba en penumbras, maldijo su suerte y a los jefes de departamento que no se presentaron. Presintiendo lo peor, bajó corriendo las escaleras hasta la entrada de personal solo para darse cuenta que no había nadie y que estaba encerrada; un leve pánico se apoderó de ella. “Que puede pasarme” – pensaba.
Se dirigió a servicio al cliente para hacer una llamada al gerente de la tienda y pedirle que le fuera a abrir. Al descolgar la bocina del conmutador, escuchó con preocupación que no había líneas, estaba muerto el teléfono y entonces recordó un memorándum en el correo electrónico de esa mañana.
“Sistemas hará un mantenimiento del conmutador y no habría líneas hasta la mañana”  Se sentó en una de las bancas que había para los clientes y se puso a pensar, no quería entrar en pánico. Cuando por fin se resignó a que iba a estar encerrada toda la noche, pensó en pasarla lo mejor posible y dormir en alguna de las alfombras del área de pisos. Se dirigió á’ lá ‘máquina de dulces que había en el comedor y de mala gana compró unas donitas con un jugo de mango.
“Adiós a la pinche dieta” maldijo para sí misma.
Regresó a su oficina, un cuartito de 2×2 que era muy claustrofóbico y se dispuso a jugar una partida de solitario en la computadora, ya que no tenia Internet y el sistema de prospección de clientes estaba caído. Comenzó a pensar que todo en ese día, le había salido mal, quería cambiar de vida y de trabajo por enésima vez.
Tenía ese pensamiento cuando de pronto oyó un estruendo afuera, la tormenta había llegado. Escuchaba el sonido de la lluvia en el techo y era un ruido ensordecedor, en penumbras y sola, comenzó a inquietarse. La lluvia después de un rato empezó a amainar; pero un rayo que cayó cerca del lugar hizo que se escuchara terriblemente y que ocasionara un apagón. Dalia lanzó un grito de terror y se acurrucó en la silla de su oficina. En un momento la planta de luz de la tienda comenzó a funcionar y algunas luces prendieron, las penumbras se apoderaron del lugar y solo se veían sombras y total obscuridad en algunas zonas. Estaba aterrada y quiso salir huyendo; pero no podía, un sentimiento de claustrofobia acompañado de la falta de aire, hizo que se derrumbara en el piso de su oficina cayendo desmayada por la impresión.

Cuando la cordura y el aire volvieron a ella, se sentó en su silla y comenzó a razonar, a pensar que todo iría bien, que solo era algo pasajero y que estaba completamente sola o al menos eso pensaba. Sintió un escalofrío cuando unas sombras pasaron frente a ella y vio como esas mismas se perdían en la obscuridad de la nave de tienda. Quiso salir corriendo pero no pudo, sus piernas no le respondían y comenzó a sentir miedo. Sintió un espasmo de terror y empezó a hiperventilar de la impresión. Se encerró en su oficina y cerró las persianas. La poca luz que había afuera, reflejaban sombras que pasaban cerca de la puerta y a lo lejos, arrinconándose en el piso o surgiendo velozmente de la nada. Comenzó a orar, mas no se acordaba de las oraciones. Su mente estaba bloqueada, tan solo cerró los ojos y deseó que nada malo le pasara, sin embargo ese deseo estaba muy alejado de la realidad.
Por las rendijas de la persiana vio como una sombra se paraba afuera de ella y se quedaba observando fijamente. Eso fue demasiado, presa del terror y con los ojos desorbitados del miedo que le produjo ver aquello. Observó como la sombra comenzó a bajarse por la persiana y se materializaba en algo por debajo de la puerta. No pudo más y lanzó un grito aterrador que se escucho por todo el lugar. Cuando la sombra estiró una extremidad para tocarla, un repentino retorno de la energía eléctrica, hizo que se encendieran las luces de su oficina y la sombra desapareció al instante; quedándose sola y llorando sin control. Trato de tranquilizarse y salir de aquel lugar. Entonces recordó donde estaban los controles de las luces y corrió hacia ese lugar.

 

Estaba alejado de la oficina justo del otro lado de la tienda, en el área de recibo y mantenimiento. Dudó en hacer eso pero tenía una oportunidad de llegar con las luces que estaban encendidas y prender todas, era algo arriesgado; pero tenía que hacerlo si quería que las sombras no regresaran.
Se quitó los zapatos y se dispuso a correr hacia aquel lugar, la lluvia comenzó a arreciar de nuevo y los estruendos de los rayos que caían se oían cada vez más cerca, la adrenalina de la chica estaba a todo lo que daba, rogaba porque no se fueran a ir las luces de nuevo y llegar al tablero de control. Al entrar al área de recibo, un rayo cayó de nuevo y las luces se apagaron, la planta comenzó a funcionar pero solo iluminó parte de la tienda y el lugar donde estaba permanecía en penumbras. Se sintió morir, no quería pensar en lo que pasaría, rápidamente se dirigió a mantenimiento. Ya casi estaba cerca y frente de ella estaban las escaleras que subían a los tableros y vio las sombras pasar frente a ella causándole una gran impresión. entre la escalera y el tablero de control había un área que no estaba iluminada. Temió lo peor y se detuvo en seco.

Se arriesgaba a pasar por esa enorme parte obscura y ser presa de las sombras sin saber que destino le depararía o se quedaba ahí y esperar a que todo se apagara y fuera peor. Decidió arriesgarse y corrió. Cuando pasaba por el lugar sintió como unas manos heladas y suaves la querían tomar de los pies y gritó corriendo lo más fuerte que podía para liberarse de esa sensación de agarre. Cuando por fin llegó al tablero, vió un sin número de interruptores y no sabía qué hacer así que decidió levantar todos.

Poco a poco vió como la tienda comenzaba a iluminarse dando paso a la luz y las penumbras iban desapareciendo.
Sintió un alivio momentáneo, pensó en cómo salir de la tienda; pero no había manera de hacerlo, todas la puertas estaban cerradas. Por el lado del área de mantenimiento estaba el departamento de auditoría, que estaba lleno de papeles y unas computadoras. Se sentó en una de las sillas de ahí para poder pensar mejor y de pronto vió algo que le llamó la atención. En la pared había una especie de hueco tapado con algunas cajas que dejaban salir un pequeño destello detrás de ellas, casi instintivamente se levantó para ver que era eso y moviendo las cajas encontró algo inverosímil, la luz provenía de una especie de altar; pero no había ningún santo. Eran velas negras encendidas, fotografías de varios miembros de la tienda y varios fetiches hechos con telas y mecates, junto con efigies raras de animales cornudos. Lo que más le llamó la atención fue un pequeño libro que estaba detrás de una de las fotos, eran copias de unos escritos en lenguas antiguas y en una de las hojas estaba algo escrito.
“Vengan aquí espíritus de la noche, denme lo que les pido, son todos bienvenidos, yo soy su morada…”

Sintió un escalofrío recorrer su espalda y dejó aquello de inmediato. Para su mala suerte, las luces se iban atenuando y escuchaban unos sonidos como de un motor que comenzaba a apagarse. Era la planta de energía que se quedaba sin combustible. Comenzó a sentirse presa del terror y vio como cada una de las luces comenzaban a apagarse pasillo por pasillo todo comenzó a quedarse en penumbras. Tenía que hacer algo rápido y recordó que en el área de eléctricos había lámparas y pilas. Era la solución, tenía todo a la mano para no quedarse sin luz, el único problema era que tenía que llegar ahí antes de que se apagaran todas las luces.

 

La segunda parte

 

“Vengan a mí”
—Eduardo Liñán Mayo 2014
©Eduardo Liñán      

 

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