La vecina

LA VECINA
Relato basado en una experiencia real de Víctor Zamora
Escrito y adaptado por Eduardo Liñán
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Hace algunos años, vivía en una colonia popular en el centro de la ciudad. Me desempeñaba como soldador en una empresa armadora de plataformas marinas. La casa era rentada y tenía todos los servicios. Sin embargo la colonia era muy antigua, sus calles y sus casas databan de los años 30s en su mayoría. Por lo que eran construcciones firmes y aunque el paso del tiempo había carcomido sus fachadas y enjarres, conservaban la esencia de tiempos pasados, en los que la ciudad era capital del mundo. Ahora solo quedaban recuerdos y escombros; pero además ciertos inquilinos que aun permanecían en la obscuridad de los sótanos y rincones como alimañas y ratones.

No teníamos vecinos cuando llegamos a vivir ahí. De las casas aledañas a la nuestra; una estaba abandonada y era de una arquitectura bastante vieja y de principios de siglo; pero llena de humedad y maleza que crecía en sus pasillos y otra era refugio de malvivientes que continuamente llegaban a tomar y drogarse. Cierto día los dueños de la casa en abandono , la remodelaron y la adecuaron para rentar. Era una casa grande y pensábamos cambiarnos; pero mi esposa sentía “algo raro” en el ambiente del lugar a pesar de no haber entrado nunca. Como compartíamos una ventana, ella continuamente tenia la cortina cerrada para no “ver” o darse cuenta que alguien la observaba, era improbable para mí, porque sabía que era imposible para cualquier persona meterse. Pasó el tiempo y llegaron unos inquilinos nuevos. Era una familia integrada por un señor que resulto ser ingeniero de la armadora donde laboraba, su esposa y una par de hijos pequeños de entre 8 y 5 años.

La familia era tranquila, la esposa atendía el hogar y los pequeños, los cuales llevaba y traía de la escuela y hacia labores propias de la casa. Mi esposa comenzó a hacer amistad con ella, aunque eran reservados en muchos aspectos y algunas vez los invitamos a comer y cenar; siempre declinaban la invitación. Una noche, mi esposa y yo dormíamos plácidamente después de un arduo día de trabajo y nuestro sueño fue interrumpido por un grito de terror que nos hizo pararnos muy espantados, pensando que quizás había una pelea con los malvivientes. Nos asomamos, sin embargo no había nadie en la calle. Luego de nueva cuenta volvimos a escuchar como una mujer gritaba con angustia diciendo algunas frases como: “aléjate” “Dios mío ayúdanos”.

Luego de un rato de vernos entre mi mujer y yo, supimos que era la vecina la que gritaba. De primer instancia pensamos que quizás el ingeniero la estaba abusando y nos angustiamos por los niños. Enseguida nos dirigimos a la puerta y ver que estaba pasando con los vecinos y apenas al abrir la puerta nuestra sorpresa fue mayúscula cuando vimos a dos pequeñas figuras en las escalerillas de la entrada y de inmediato corrieron hacia a mí para aferrarse con fuerza a mis piernas. Nos dimos cuenta que eran los niños de al lado; pero aunado a eso nos sorprendieron el aspecto asustado que traían. El niño estaba vestido con un payasito y la niña traía una pijama, estaban completamente pálidos y me miraban con un terror indescriptible en sus ojos. Ambos estaban aferrados a mí y rompiendo en llanto. Luego de un rato la mamá salió asustadísima de su casa y se vino corriendo hacia nosotros. Mi esposa, la abrazó y ella estaba llorando con la cara pálida y hundida en el terror.

-¿Que paso? – Preguntó mi esposa -Escuchamos gritos.
Con el rostro inyectado de miedo y la voz entrecortada. La mujer tan solo nos dijo que había alguien en la casa, que había escuchado a alguien en la entrada de la casa y que luego escuchó que unos zapatos golpeaban las escaleras intentando subir, después se dio cuenta que habían abierto la puerta del cuarto de los niños y luego el grito de terror de la niña. Alertada se paró a ver que sucedía y encontró a los niños completamente asustados; pero lo peor fue lo que vio en el cuarto, dijo que gritó clamando la ayuda de Dios y los niños salieron corriendo de la habitación y luego ella salió con el alma en un hilo.

Los tres estaban temblando de miedo y al preguntar por el ingeniero mencionaron que estaba de turno y no estaba; lo primero que se me ocurrió fue llamarle a los soldados para que vinieran a revisar y mientras hacía eso mi esposa. Me di a la tarea de ir a revisar la casa, armado con una lámpara y un cuchillo cebollero de mi cocina.

La puerta principal de la casa de los vecinos estaba abierta y apenas entré, un escalofrió me recorrió la espalda, me sentí observado de inmediato; me aferré al cuchillo y a la lámpara para explorar la casa. Mientras recorría iluminando la sala y la cocina, sentí miedo a lo que me encontraría ahí y como reaccionaria. Pensaba que a la vuelta de la esquina estaría algún ladrón o algo peor. Comencé a sudar de las manos y me mentalicé haciéndome el valiente.

Luego de recorrer la planta baja decidí subir a los cuartos superiores y tan pronto caminé a la escalera, me paré en seco al ver que una luz en la parte de arriba se encendió. En ese momento que quedé pasmado. Si era un ladrón ¿Que haría? Decidido puse un pie en el primer escalón y grite:
-Ya sé que estas ahí, bájate ya le hablamos a la policía.
Nada, ni una voz y la luz así como se encendió se apagó, pensando que quizás era una trampa comencé a iluminar con la lámpara las escaleras y subí lentamente. De nuevo las luces se encendieron. De pronto me paralicé de nuevo y sentí que todos mis sentidos se alertaron al sentir una corriente eléctrica recorrerme de pies a cabeza al ver una sombra que se reflejó en la pared, fue un segundo que la sombra paso rápidamente como si corriera de un lado a otro. Luego nuevamente la luces se apagaron. En este punto y ya con la adrenalina del miedo. Subí rápidamente las escaleras y al estar en el pasillo luego de subir grité de nuevo:

-Mira cabrón, sal de la casa y no lo hagas más complicado. Estoy armado

Esa última parte de lo que dije me incomodó, quizás el tipo se envalentonaría y no sabía si traía una mejor arma que la mía. El silencio se hizo y luego de un rato las luces de una habitación que claramente era de los niños se volvió a encender y luego a apagar, apenas iba a dirigirme al cuarto cuando el terror y una sensación de pánico indescriptible hizo que me petrificara y mi corazón comenzó a palpitar rápidamente al ver que por la puerta del cuarto se asomó un rostro, era como de una mujer con el rostro estirado que tenia la piel podrida y las cuencas de los ojos vacías. Vi una siniestra sonrisa de muerte en una boca desprovista de labios que la hacían ver aun mas aterradora, enseguida un olor a putrefacción me inundó y el miedo que sentía se convirtió en terror al ver que aquello que me observaba, salió “caminando” de la habitación, el vestido viejo y raido que llevaba parecía arrastrar por el piso, dando la sensación de que flotaba. Se metió en la habitación contigua y enseguida se encendieron las luces.

En este punto, di la media vuelta y salí corriendo a mi casa. Cuando llegué la puerta estaba atrancada y toqué fuertemente para que me abrieran. Mi esposa al abrirme notó mi rostro pálido y mis ojos casi saliéndoseme. La vecina y sus hijos que permanecían sentados en uno de los muebles de la sala, y me miraron como diciéndome: “Lo ve, se lo dijimos..” Comenzaron a llorar abrazándose nuevamente. Mi esposa me miró con ansiedad y miedo.

Le pedí a mi esposa la botella de tequila para tomarme un trago, mi corazón latía con mucha fuerza y me agité demasiado. Mi esposa me dio el vaso para servirme el alcohol, lo tomé junto con la botella y me la empiné dando un gran trago que me quemó la garganta y me avispó los sentidos.

-¿Le hablaste a los soldados? le pregunté nerviosamente.
-Sí, espero que lleguen en un momento, ¿Que encontraste?

Al decir esto miré a los vecinos y le dije a mi esposa que mejor esperáramos a los soldados a que revisaran. Luego de una hora, llegaron por fin unos policías federales y comenzaron a revisar y hacer preguntas a la vecina. Por supuesto no encontraron nada, y eso me molestó de alguna manera. Se retiraron y nos recomendaron poner una denuncia; Pero ¿De qué? ¿De una mujer fantasma que apareció en casa de la vecina?
Luego de que se fueran los policías, la vecina nos suplicó que la dejáramos dormir en nuestra casa mientras llegaba su esposo, faltaban unas horas para que amaneciera y los niños ya se habían dormido. No le vi problema alguno y accedimos. No pudimos dormir esa noche y acompañamos a la vecina, le contamos a mi esposa lo sucedido y lo que vi y ella tembló de miedo al saber. Al llegar la mañana, el ingeniero llegó a la casa y enseguida fuimos para contarle lo sucedido. Por supuesto al principio no creyó nada ;pero al ver el estado alterado de su esposa y la mueca de espanto en el rostro de sus hijos, También comenzó a temer. Decidieron salirse de la casa y no regresar mas. Esa misma noche, llegaron unos familiares a ayudarles con la mudanza de sus cosas y mientras cenábamos mi esposa y yo. Escuché sonar el timbre de la puerta. Mi esposa se levanto para ver quién era. Al abrir la puerta, vi a través de la puerta mosquitera la silueta de la vecina; pero no le alcancé a ver el rostro. Mi esposa le preguntaba algo y enseguida se metió, mientras observaba que la vecina permanecía de pie detrás de la puerta. Mi esposa se dirigió a tomar un vaso y servir agua, pensando que eso fue lo que le pidió no le presté importancia. Había terminado de cenar, me levante para poner el plato en el fregadero y sentí un escalofrío y de nuevo una sensación de entumecimiento en todo mi cuerpo al ver que la vecina estaba en su casa guardando unas cosas en una caja. Al voltear a ver la puerta de la entrada, vi la silueta de aquella mujer parada en la puerta y le grité a mi esposa:

-¡Espera!

Enseguida de eso y ante nuestros ojos, aquella mujer desapareció literalmente. Mi esposa dejó caer el vaso con agua y yo me sentí aterrado. Corrí hacia mi mujer para abrazarla porque comenzó a tener una crisis nerviosa. Luego de esa noche no pudimos dormir y teníamos todas las luces encendidas de la casa. Sin pensarlo comenzamos a empacar nuestras cosas y por la mañana al igual que los vecinos salimos despavoridos de ese lugar. De aquella experiencia tan solo queda este relato y de la casa no hablaré mas debido a que actualmente está en renta.

~Eduardo Liñán

 

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