LA FIESTA

LA FIESTA
Anécdota basada en hechos reales, contado por Claudia Flores
Escrito y Adaptado por Eduardo Liñán
Foto : Pedro Luis Guzmán.
Mi madrina era una mujer mayor que rentaba un cuartito junto con uno de sus nietos en el edificio Ruiz, situado en las calles de Bolívar y Carranza en la zona centro de Tampico. Ella vivía en unos pequeños cuartos que se situaban en los sótanos de ese lugar, sus reducidas ventanas estaban casi al nivel de la banqueta, por lo que solo veías las piernas de la gente al pasar. Tenía por costumbre sacar su mecedora a la acera todas las tardes y disfrutar de los vientos vespertinos que refrescaban los días calurosos del verano, en los que el bochorno y la humedad hacía sofocante permanecer en el interior de las casas. Mientras tejía, veía a la gente pasar en compañía de una vecina que vivía frente a su departamento.

Foto: Pedro Luis Guzmán.

Ambas platicaban de los viejos tiempos en tanto tejían carpetitas para las cómodas o respaldos de los muebles, conocían a casi todos los transeúntes y vecinos que pasaban, las saludaban o algunos se quedaban a platicar con ellas, sentados en huacales o cajas de refresco que sacaban del pasillo del edificio. En ese lugar se daban amplias y amenas charlas en lo que caía la noche, a veces con tamales y otras con café negro de olla que mi madrina preparaba para la ocasión. Ahí se pasaba un rato agradable hasta que se iba el ultimo vecino, las mujeres se retiraban a sus cuartos a descansar y al día siguiente seguían la misma rutina.

El edificio contaba con varios departamentos en los cuales la rentas eran muy módicas, por lo que siempre estaban ocupados y con muchos inquilinos. Marinos, jornaleros y trabajadores de las tiendas del centro; todos eran conocidos por mi madrina y su vecina. En una de esas tardes en las que ambas señoras platicaban y tejían; la concentración de pronto fue interrumpida por una peculiar ventisca helada que las alertó y al volver la mirada de su tejido, notaron que de pronto se acercaba una mujer de aspecto pulcro que iba ataviada con un vestido antiguo estilo victoriano en color rojo, con pechera abotonada hasta el cuello y olanes que salían de sus mangas largas. Su rostro reflejaba un impecable trabajo de maquillaje y su cabello castaño era sedoso y abundante. ambas mujeres la miraron con desdén y cuestionándose el por qué de su vestimenta y su aspecto que resultaba inquietante y escandaloso para ellas, dado el tiempo caluroso, se preguntaban si no tendría calor. “Manga larga y en verano, habrase visto…” ambas pensaban en tanto la mujer se les quedaba viendo con un par de ojos claros y una expresión serena y soberbia les preguntó con algo de prepotencia al par de ancianas si sabían donde era la fiesta.

Ambas la miraron con cierto aplomo y en tono severo respondieron que no había tal fiesta, que si sabia donde era, que ahí en el edificio no había tal. Sin embargo mi madrina le dijo a la mujer si deseaba pasar al edificio y preguntar en los departamentos, quizá alguno de los inquilinos le daría mejor información. Al decir esto, aquella elegante mujer las miró y agradeció con un movimiento de cabeza, enseguida pasó el umbral de la enorme puerta del edificio y se adentró en el largo pasillo decorado que llevaba a la escalera central. En ese momento ambas mujeres se miraron entre si como cuestionándose lo que acababan de presenciar. Mi madrina al voltear a ver el lento y sutil caminar de la mujer, abrió los ojos y su cabeza se entumió sintiendo una corriente eléctrica recorrer su espalda, dejó caer el tejido de sus manos y con la boca abierta ,señaló para que la vecina viera el motivo de su horror. Extrañada volteó a ver y se llevó una enorme sorpresa al ver que la mujer elegante flotaba a través del largo pasillo, lentamente y sin moverse fue desapareciendo en la obscuridad y giro a la derecha para “subir” por las escalinatas que daban al piso superior. El tiempo se detuvo para ellas y en lo que alcanzaban a comprender que fue lo que habían visto. Luego de un rato, un grito de pánico las alertó y vieron como una mujer bajaba corriendo por las escaleras en busca de ayuda y gritando con desesperación. Casi cayéndose llegó a donde estaba mi madrina y su vecina que se habían parado de sus asientos y con los rostros asustados preguntaban que había pasado.

La mujer sollozante se arrojó al piso llorando y les dijo que su hijo acababa de morir, que había visto a una mujer muy bonita cerca de él y que al mirar más de cerca aquella aparición se esfumó ante sus ojos, y vio que su hijo había dejado de respirar. Al ver que había muerto salió corriendo asustada por ayuda.

Mi madrina y su vecina nunca se explicaron que había sido todo aquello; pero las perturbaba el hecho de haber visto a aquella extraña mujer y las circunstancias en las que el hijo de la vecina había muerto. A todos los que contaban esta anécdota coincidían al decir al final del relato: “Era la muerte, que vino por ese joven…”

“Si vas a copiar y pegar este relato respeta los créditos del autor – relator y cita la fuente de donde lo tomaste, Gracias.”

Derechos de contenido reservados 2017 © Eduardo Liñán.

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