La Ciudad de Babún, el monje guerrero y la sirena solitaria.

La Ciudad de Babún, el monje guerrero y la sirena solitaria.

Hace muchos muchos años, cuando las aberraciones tecnológicas tales como la pólvora aún estaban en desarrollo, en los confines de este mundo existió una gloriosa y sagrada ciudad llamada la Ciudad de Babún, un lugar donde todos los seres y religiones del mundo podían convivir en paz. Construida a los pies de centenares de volcanes dormidos, las casas de los habitantes de la Ciudad de Babún estaban cuidadosamente reforzadas con vidrio de volcán, la obsidiana, y los palacios, monasterios, y grandes torres estaban hechas enteramente de vidrio de volcán, incluso las calles de Babún estaban adoquinadas con piedra obsidiana. Los antiguos manuscritos relatan en sus amarillas páginas que durante las noches de luna llena, la luz lunar se reflejaba sobre la obsidiana de toda la ciudad, llegando incluso los rincones más ocultos e inaccesibles de los desagües de la ciudad, y cuando esto sucedía, una hermosa luz color negro se apoderaba enteramente de la capital.

Sirena

Cuando la luz oscura inundaba la Ciudad de Babún, se generaba un efecto hermoso a la vez que espeluznante al ojo humano, algo, que según los antiguos manuscritos era imposible de comprender para alguien que no lo ha presenciado, por lo que hasta la más detallada descripción puede considerarse vaga. Para dar una idea remota de la experiencia que entregaba el presenciar la luz oscura, en los antiguos manuscritos se le describe como si el mundo entero estuviese hecho de pintura negra, incluido lo intangible; la carne, las ideas, el suelo, los sueños, la sangre, el fuego, el aleteo de las mariposas, todo se volvía perceptiblemente negro. Uno de los aspectos más hermosos de todo esto era que no se necesitaban ni ojos ni oídos para vivir la experiencia, incluso se creía que los sordos y ciegos eran capaces de apreciar las maravillas de la luz oscura a un nivel completamente distinto.

Pero la santidad que le atribuía la gente a la Ciudad de Babún no se debía a la belleza que proporcionaba la luz oscura, no. La Ciudad de Babún era sagrada para muchos por dos motivos muy peculiares.

El primer motivo, y el de menor peso, era que la luz oscura no existía en ningún otro lugar del mundo; muchas personas adineradas alrededor del globo compraron casas hechas enteramente de vidrio de volcán con la esperanza de reproducir la luz oscura, pero nadie tuvo éxito. Incluso existe una historia que se les cuenta a los niños antes de ir a dormir, en la cual se habla de un rey que llevó a toda su gente a la pobreza, porque este mandó a reconstruir todo el reino enteramente de obsidiana.

El segundo motivo que ocasionaba que la Ciudad de Babún fuese considerada sagrada a los ojos de prácticamente todas las religiones del mundo, era que las diferentes criaturas mágicas del mundo se reunían en las afueras de la ciudad. Si bien no era la única ciudad con criaturas mágicas del mundo, si era la única ciudad en la que criaturas mágicas enemigas convivían a diario sin percances ni disputas. A la ciudad llegaban criaturas de luz y del bosque de todo tipo –como es de esperarse de una ciudad sagrada- tales como sátiros, hadas, dríades, e hipogrifos , incluso existe el rumor de  que durante un tiempo, un ángel se albergó detrás de los muros obsidianos de Babún. Pero a Babún también llegaban seres de las sombras y del fuego, entre aquellos era posible encontrar criaturas como los troles, ciclopes, goblins y kelpies, también se menciona en los antiguos manuscritos que el cancerbero visitó la ciudad, pero que este no atacó a nadie.

Nadie sabía cuan antigua era Babún, ni siquiera sus primeros habitantes, los humanos, puesto que, según los antiguos manuscritos, no existe ningún registro sobre los fundadores de la Ciudad de Babún, por lo que tampoco se sabe si la ciudad fue construida por humanos o criaturas mágicas. Sin embargo, aunque el viaje a la Ciudad de Babún es largo y lleno de peligros, muchos viajeros nómadas llegaban a diario a la ciudad, por lo que los historiadores no pierden la esperanza de un día poder encontrar registros sobre los fundadores de Babún.

Todos los habitantes de Babún se llevaban estupendamente, sin importar religión o raza. La ciudad nunca conoció las guerras, ya que no había líderes ambiciosos, y cualquier atacante hubiese sido considerado enemigo por cientos de naciones. Nadie pasaba hambre, porque las tierras eran fértiles, habían ríos,  los animales para cazar abundaban.

Las personas que llegaban a Babún venían de todos los rincones del planeta, y por ende, compartían  religiones y creencias muy variadas, pero había una sola regla, una sola creencia que todos respetaban y no se atrevían a quebrantar bajo ninguna circunstancia. Tallado en una enorme roca volcánica en el centro de la ciudad, había un mandato que estaba allí desde antes de que los primeros humanos llegaran a Babún. “No intimaras, criatura espiritual, con ninguna criatura del mundo terrenal…” El mensaje estaba incompleto, y estaba escrito en un lenguaje desconocido para los humanos y criaturas mágicas por igual, sin embargo, de alguna manera, incluso los neófitos y analfabetos podían entender la inscripción ancestral.

A las afueras de la ciudad había enormes y fértiles campos perfectos para cultivar, extensos bosques llenos de fruta, abejas, y vida salvaje, y un gran número de ríos, lagos y lagunas.

Un día, un pequeño niño humano que se ocultaba de sus obligaciones como aprendiz de monje, jugaba sobre un árbol a las orillas de una laguna. El joven muchacho era buen mozo, tenía cabello oscuro y ondulado, y vestía ropas que podrían ser consideradas exóticas en occidente. Desde el fondo de la laguna, una joven sirena observaba divertida al pequeño niño que, imitando a algún héroe de leyendas, empuñaba su espada hecha de una rama e imaginación. El niño blandía energéticamente la vara de madera mientras se balanceaba tenazmente sobre el árbol, tenía talento, en verdad era un gran espectáculo.

Durante una descuidada estocada, la rama bajo los pies del joven muchacho cedió ante la presión, dejando caer al muchacho al agua. El joven era hábil y estaba en buen estado físico, en cualquier otra situación hubiese nadado de vuelta a la orilla sin problemas, pero en su caída, su cuerpo quedó atrapado por las enredaderas que colgaban del árbol. Mientras sus lágrimas pasaban a formar parte de la laguna, el muchacho pensaba que moriría ahogado, pero la joven sirena que observaba oculta el suceso, fue al rescate del muchacho, y tras llevarlo a la orilla y desechar las enredaderas que cubrían el cuerpo del niño, se quedó a su lado hasta que este despertó. El niño humano quedó boquiabierto al ver lo hermosa que era su salvadora, una sirena de tez clara, cabellos dorados, pequeñas y femeninas manos, y un busto que aunque aún estaba en desarrollo, despertó los sentidos del joven humano.

El muchacho estaba profundamente agradecido con la sirena, y le preguntó si es que había algo que pudiese hacer para pagar su deuda, a lo que la sirena, con una risilla, respondió que le gustaría volver a verlo jugar en las orillas de la laguna alguna vez. El muchacho prometió que así lo haría y se presentó. El nombre del muchacho era Mesut, lo que significa “feliz” en tierras lejanas. La joven sirena por su parte también le dio su nombre al muchacho, ella se llamaba Aglaope, y le dijo que esperaría con ansias su visita.

Así, Mesut regresó a visitar a Aglaope al día siguiente y al siguiente, una y mil veces más, y aunque no podía ir a la laguna todos los días debido a sus obligaciones como aprendiz de monje, él iba tan seguido como le era posible. A pesar de que la sirena era evidentemente mayor que el joven humano, ambos aún eran niños, por lo que su amistad continuó floreciendo y fortalenciendose con facilidad y alegría.

Un día, Mesut le preguntó a Aglaope que porque ella era la única sirena en la laguna, y ella, con dolor en su mirada, respondió: “Los viajes por tierra son muy difíciles y peligrosos para las sirenas, sobre todo sin son a tierras tan remotas como estas. Muchos cardúmenes de sirenas y tritones han perecido camino a Babún sin siquiera haber llegado a ver la ciudad en el horizonte. Mi clan era pequeño, orgulloso y muy ligado al mundo espiritual, dignos de respeto en todo el oceano, pero de vez en cuando los humanos nos capturaban para vendernos, esclavizarnos, o peor. Todos en mi clan tenían el sueño de algún día llegar a las pacificas aguas que rodean a Babún, donde ningún pescador intentaría jamás cazarnos, por lo que mi clan emprendió un largo y arduo viaje hace muchos años ya, en ese entonces yo aún no había nacido. Por desgracia, la mayoría de nuestro clan murió en el camino, solo mis padres consiguieron llegar hasta esta laguna. Aquí sus vidas fueron cortas pero felices, y pocos años antes de dejar este mundo, tuvieron una hija. Mi madre falleció por causas naturales cinco años después de que me diera a luz, y el dolor en el corazón de mi padre causado por la muerte de mi madre lo enfermó, y murió un año después. Viví muchos años en soledad y llena de tristeza, pero entonces llegaste tú, Mesut, y ahora ya no estoy sola. Puede que haya otras sirenas en otros lagos o ríos de Babún, pero si las hay, no sé dónde están.”

Mesut sintió lastima por la joven sirena, y se prometió a si mismo que nunca dejaría de visitarla ni de protegerla.

Mesut, por su parte, también le contó su historia a Aglaope. El chiquillo pertenecía a un monasterio cuya religión el tiempo y la tinta han olvidado ya, pero los antiguos manuscritos aún recuerdan con dolor en sus páginas la historia del joven muchacho y la sirena. Mesut le dijo a Aglaope que él había vivido toda su vida en Babún, y que desde antes de nacer, se había determinado que él se convertiría en un monje guerrero de su monasterio, y que por eso era tan hábil con la espada.

Mesut cumplió con su promesa y siguió visitando a Aglaope, el verano se convirtió en otoño, el otoño en invierno, el invierno en primavera, y la primavera una vez más mudo en verano. los días se volvieron años, y los amigos se convirtieron en amantes… Mesut recibió el título de monje, Aglaope se volvió una hermosa sirena y entabló amistado con otros humanos y criaturas mágicas.

A pesar de tener que ocultar su relación, la vida de Mesut y Aglaope era buena. Mesut le llevaba distintos tipos de alimentos a Aglaope, le enseñaba las cosas que aprendía en el monasterio, y durante la noche, él tocaba el baglama para ella. Por su lado, Aglaope capturaba todo tipos de peces para compartir con Mesut, le hablaba sobre las virtudes del mar, y cantaba para Mesut después de un arduo día de trabajo.

Un mañana como muchas otras, ocultos tras unas rocas, Mesut y Aglaope congeniaban apasionadamente, solo que esta vez, alguien los observaba, un joven goblin los había descubierto. El goblin corrió a la ciudad de Babún y advirtió sobre lo que vio a los habitantes, quienes, temerosos al único mandato dejado por los fundadores de Babún, decidieron actuar en contra de la sirena.

Al atardecer de ese mismo día, Mesut se ocupaba de sus obligaciones como monje, cuando escuchó gritos y alboroto provenientes del centro de la ciudad. Cuando Mesut llegó al lugar del que se originaba el escándalo, sintió como si una vara de hielo atravesase su corazón, y su estómago fuese llenado de acero derretido al ver que Aglaope estaba amarrada a un enorme pilar de madera. La sirena tenía golpes y heridas por todo el cuerpo, y sus aletas habían sido cercenadas, ella nunca más podría volver a nadar. Durante un instante, Mesut se preguntó cómo era posible que los pacíficos y amigables habitantes de Babún hubiesen hecho algo tan terrible, pero fue un pensamiento pasajero, pues la pena y la rabia inundaron su mente rápidamente. Mesut no tuvo tiempo de desenvainar su espada, ni de gritar, ni de seguir derramando lágrimas, pues una columna de fuego comenzaba a levantarse alrededor de Aglaope. El muchacho gritó el nombre de la sirena, ella lo encontró entre la multitud con la mirada y devolvió su llamado. Los humanos y criaturas mágicas que estaban presentes localizaron a Mesut y trataron de capturarlo, pero este ya estaba corriendo en dirección a Aglaope. Mesut saltó sobre las llamas y abrazó con fuerza a Aglaope mientras el fuego ganaba fuerzas. Con lagrimas en sus ojos, ambos se besaron por última vez.

Justo antes de que el fuego llegase a los pies de Mesut, la tierra tembló y se agrietó, y la obsidiana que rodeaba al monje y a la sirena se derritió, como si de hielo se tratase. El vidrio de volcán apagó las llamas, y como si tuviese vida propia, comenzó a envolver a la pareja hasta cubrirlos completamente de obsidiana, finalmente, el vidrio de volcán volvió a cristalizarse, ambos quedaron convertidos en una triste escena para toda la eternidad.

La gente y criaturas mágicas que presenciaban el acontecimiento no lograban salir de su asombro y confusión, entonces, una misteriosa y grave voz comenzó a hablar dentro de las mentes de todos los presentes:

“Necios, han dejado que vuestro miedo os ciegue y han condenado a muerte a estas pobres criaturas cuyo único crimen fue amarse. El mandamiento ancestral tallado sobre roca volcánica no era nada más que una prueba para obligarlos a ustedes, los habitantes Babún, a mostrar su verdadera naturaleza, y han fallado,  ya no sois bienvenidos en Babún.”

Una espesa niebla color negruzco comenzó a inundar la ciudad, la cual producía un enorme dolor al tacto. Un enorme terremoto arremetió Babún, y en la ciudad se sembró el caos. Todos los habitantes corrieron a las afueras de la ciudad, pero muy pocos lograron escapar a tiempo, cuando la neblina se desvaneció, la Ciudad de Babún también lo hizo.

La Ciudad de Babún aún existe. En las noches de luna llena, en distintos lugares montañosos del mundo, es posible encontrar una espesa neblina negra, y si la observas con cuidado, puedes ver hermosas y altas torres hechas enteramente de piedra obsidiana. La gente que se ha adentrado en la neblina nunca ha regresado. Se dice que si penetras en la bruma oscura, te encontraras a ti mismo caminando por las deshabitadas calles de Babún, pero por más que corras, saltes, escales, o vueles, no lograras encontrar la salida de la ciudad. También se dice que cuando hayan pasado los días, y tu cuerpo y mente no puedan soportar mucho más la fatiga, el hambre y la sed, llegarás a un enorme callejón, en el medio del cual encontrarás los cuerpos de Mesut y Aglaope cubiertos de vidrio de volcán, y a su lado hallarás un mensaje en un idioma que desconoces, pero por alguna razón logras leer, es un mensaje completo, y que cuando terminas de leerlo, finalmente puedes morir con una sonrisa en tu rostro.

Un pensamiento sobre “La Ciudad de Babún, el monje guerrero y la sirena solitaria.”

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