LA BRUJA XIX Relato basado en hechos reales

LA BRUJA XIX (#421 – 07/09/2017)
Relato basado en hechos reales contado por Javier Enciso
Escrito y Adaptado por Eduardo Liñán

Esta historia me ocurrió cuando tenía 17 años, en ese entonces vivía en un pueblo llamado Galeras, situado en el departamento de Sucre en Colombia. Desde niño siempre fui susceptible a experimentar cosas paranormales, intuía que había sido algún tipo de “don” heredado por generaciones. Mi abuelo fue quien me enseñó a través de historias y leyendas acerca de las muchas cosas extrañas que pudieran rodear a este fenómeno; pero me llamaba más la atención el saber de brujas y espantos que atormentaban a la gente o cosas sin explicación que de tanto en tanto ocurrían y que sabíamos por gente que conocíamos o parientes que llegaban y contaban alguna historia inverosímil acerca de eso.

Galeras era un pueblo pequeño y rural en las sabanas sucreñas, ahí predominaba la ganadería y las tradiciones se trasmitían de generación en generación. Esas tradiciones me fueron heredadas por mi abuelo, durante gran parte de mi niñez me enseñó todo lo que había que saber para identificar a una bruja y como defenderse de sus hostigamientos y maldiciones. El mencionaba que los primeros pobladores usaban varas de Ají para golpearlas y darles muerte y que para atraparlas había que mermar su fuerza a través de oraciones católicas cantadas al revés, todo aquello me parecía fascinante y aunque nunca había visto una, siempre escuchaba rumores que ciertas mujeres eran brujas dentro de la comunidad, yo no lo creía porque su aspecto era normal y tenían un buen trato con las personas. Mi abuelo decía que ese era su disfraz que nunca bajara la guardia o corría el riesgo de que me atacaran para sacrificarme. Así crecí con esas enseñanzas y advertencias. No fue hasta que cumplí los 17 que todas aquellas historias cobrarían sentido y lograrían salvarme de un destino nefasto.
En ese tiempo en que casi cumplía la mayoría de edad, asistí a una fiesta popular en el pueblo con un amigo llamado Jaime, éramos muy amigos; pero no solo eso compartíamos historias y cuentos de brujas, ya que él de igual forma había sido enseñado y preparado, nunca imaginé que en ese momento estuviera de novio con la nieta de una conocida bruja de la región y cuando me enteré no dudé en advertirle el peligro que corría y fui involucrado de la peor forma.

Esa noche ella llegó con su gesto de soberbia y haciendo alarde del control que ejercía en mi amigo. Cosa que de principio me molestaba y no dudé en jugarle una broma, cosa que no fue tomada con humor por ella, en cambio me lanzó una mirada de odio y aberración junto con una advertencia.

-No sabes con quien te metes…me las vas a pagar…

Sentí un poco de extrañeza y me reí de ella, sin saber quién era en realidad; pero al ver el rostro desencajado y temeroso de mi amigo que me veía como diciéndome que eso había sido un error de mi parte, sentí que algo no andaba bien. La fiesta continúo y mi amigo se la pasó apartado con su novia alejados de mí todo el tiempo, me di cuenta que en realidad Jaime hacia lo posible para que su novia no estuviera cerca de mí. Cosa que me pareció extraña. Al término de la fiesta me quise despedir de mi amigo; pero él se retiró rápidamente del lugar sin decir nada y tomado de la mano de su novia, al cual tenía por nombre Valkiria.

Al día siguiente, sería muy temprano cuando escuché unos toquidos insistentes en la puerta de mi casa. La abrir era Jaime con su rostro lleno de preocupación, apenas abrí la puerta y él se introdujo muy nervioso en la casa, me miró y me dijo que la noche anterior había cometido una equivocación al burlarme de su novia ya que era nieta de una bruja muy poderosa de la región conocida como Carmen “La Maluca” y que debía ser cuidadoso ya que su novia era vengativa, sin más, así como entró, salió de la casa y no lo volví a ver.

Cuando escuché la revelación, sentí una pequeña corriente recorrer mi cabeza y caí en la cuenta que había sido imprudente. Me quedé con cierto temor de que pudiera pasar algo y recordé al abuelo y sus enseñanzas así que en cierta manera estaba tranquilo; pero al llegar la noche me invadió una intranquilidad que me hizo tener insomnio y un estado de vigilia en el que a cada rato me paraba para revisar que las ventanas estuvieran bien cerradas. Yo vivía en un cuarto solo, alejado de la casa donde vivían mis padres, así que la tensión era grande y no quería importunar a mis viejos con mis dudas y temores. Así pasaron 3 semanas y poco a poco se me fue diluyendo el temor y la incertidumbre, hasta una noche de viernes.

Recuerdo haber estado durmiendo en mi habitación y tenía la luz de una lámpara encendida. Repentinamente me desperté después de tener un mal sueño y al revisar la hora eran 2:34 am. Me volví a acostar meditando en el sueño que acababa de tener el cual poco a poco se fue desvaneciendo y me acomodé para volver a dormir. Apenas estaba alcanzando el sueño cuando escucho algo inusual entre el silencio nocturno, algo hizo eco dentro de la habitación y me alerté. Me incorporé para revisar que había sido y me quedé sentado en la cama intentando escuchar algo y entonces sucedió.

El sonido de un fuerte golpe en la lámina del techo hizo eco y un estruendo que me alertó, luego note como la lámina se pandeaba por el peso de algo que comenzó a caminar haciéndola rechinar y crujir la madera de los travesaños. De inmediato quise identificar si era un animal; pero de haberlo sido hubiera sido enorme, era improbable. Las pisadas eran fuertes y eso me invadió de pánico, a mi mente llegó un pensamiento: “Vino por mi…” Lo único que hice fue ingenuamente taparme con la sábana de pies a cabeza como si aquello me fuera a proteger del peligro que seguramente rondaba fuera de mi cuarto. Recé, recé mucho y no sé cuántas oraciones aprendidas a lo largo de mi vida para protegerme de lo que fuera. No sé cuánto tiempo estuve tapado y rezando con frenesí, escuchando golpes y crujidos en el techo y de pronto se hizo el silencio, poco a poco me fui desprendiendo de mi sábana y me asomé apenas, el reloj marcaba las 3:02 am; pero a mí se me había hecho una eternidad. Con cautela esperé a escuchar algo y pareció que todo había acabado me quedé intranquilo y traté de dormir abrazando un crucifijo que me había dado mi abuelo. Nada más paso por esa noche.

Sin embargo en las noches posteriores pasó lo mismo y volvía hacer lo mismo, así duré una semana presa del miedo y con el terror que me producía que llegara la noche y tener que dormir. El punto crítico llegó una madrugada; apenas dieron las 3:00 am y me despertó un destello que provenía del exterior. Con sorpresa me asomé para ver de dónde provenía esa luz y al ver, sentí un escalofrío recorrerme completamente , en tanto mi corazón comenzó a latir fuertemente. Afuera estaban suspendidas unas luces extrañas y al verlas detenidamente pude ver que eran fuegos, unas bolas amorfas que parecían emitir algún tipo de fuego amarillo que hacia un ruido peculiar como a ramas quemarse y tronar. No pude ver cuantas eran; estaba petrificado de ver aquello y así como estaban, poco a poco se fueron haciendo hacia arriba hasta que por fin desaparecieron de mi vista. Sin comprender del todo que había sido todo eso, me quedé pasmado por un buen rato viendo a la ventana y la cerré. La noche siguiente ocurrió lo mismo, era como un hostigamiento constante que estaba mermando mi cordura y poco a poco el miedo me iba consumiendo.

Harto de esa situación recordé que mi abuelo guardaba algunas cosas para ahuyentar a las brujas y claramente lo que vi se trataba de eso, Pensaba en la amenaza de Valkiria, la novia de Jaime y su maldita abuela. De ahí provenía el acoso. Finalmente su amenaza se estaba cumpliendo, así que tenía que hacer lo necesario para poder librarme de esas maldiciones. Leyendo un poco en cuadernos viejos y revisando las cosas del abuelo de inmediato recordé algunos remedios y los llevé a cabo, todo sin que mis padres supieran. Lo primero fue fabricar una cruz con una planta de la región llamada Yuca o mandioca, la puse debajo de mi cama y otras pequeñas en puertas y ventanas. Una escoba de cabeza detrás de mi puerta y dormía con la ropa colocada al revés. De algún modo los ruidos cesaron, aunque veía las luces a lo lejos de tanto en tanto. Eso me tranquilizó un poco y las noches volvieron a ser tranquilas, aunque algo tensas. Pasaron los días y me volví a reencontrar con Jaime, para mi sorpresa había terminado con Valkiria y tenía otra novia que no conocía; pero al parecer estaban bien. Con eso pensé que había terminado el episodio de esa mujer y su abuela bruja; pero estaba equivocado.

Fue una noche de sábado que me había quedado en mi casa, luego de no ir a una fiesta, leía un libro: “100 años de soledad” y estaba tan metido en la lectura que me dieron las 2:00 am, tuve la necesidad de ir al baño y para hacerlo tenía que salir al patio y caminar algunos metros, así lo hice. Como era un gran patio había muchos árboles alrededor y 3 cocoteros que se mecían con el viento nocturno y estrellado. Al ver que el baño estaba lejos y en la penumbra, me dio un poco de temor. Así que no dudé en hacer mi necesidad en las raíces de un árbol de nísperos que había cerca de mi puerta. Sentí alivio mientras vaciaba mi vejiga y de pronto el sonido de algo que movía las ramas de la copa del árbol me alertó, al voltear vi que las ramas se movían violentamente como si algo las moviera con fuerza y de primer instancia pensé que era algún buitre; pero luego intuí que se trabaja de algún ladrón o alguien que se intentaba meter en la casa. Sin dudar tomé un palo y me armé de valor, vociferando a lo que estuviera ahí.

El valor se me acabó cuando de improviso salió volando una enorme ave negra por entre las ramas del árbol. El batir de sus alas era casi ensordecedor y de principio pensé que era un buitre por el plumaje negro; Pero luego de ver, noté con horror que se trataba. Era un guajolote de tamaño considerable. El vuelo que hacía, lo hacía con mucho esfuerzo, solo sus enormes alas parecían aguantar el peso de aquello, aun no terminaba de digerir aquello cuando el horror me pegó en el rostro al ver la cabeza de aquel animal. No era común, tenía el cuello corto lleno de verrugas abultadas y azuladas, sobre el cual cargaba una cabeza calva repleta de estas carúnculas; pero no tenía pico ni “moco” o el apéndice que sale de este animal, sino algo parecido a un rostro humano, deforme y horrible, sus ojos eran amarillentos y parecían emitir un brillo que inquietaba. Aquello era un monstruo horrible que me produjo un miedo de muerte, que hizo que me quedara petrificado. El vuelo de esa aberración llegó a la copa de unos de los cocoteros en donde se postró y me observó vigilante por un largo rato con esos ojos amarillos y de pronto un horrible graznido salió del cogote de aquella cosa, era un horripilante sonido parecido al ruido que hacen los gatos al copular, gruñidos horribles que me erizaron la piel y me llenaron de un terror absoluto, aquellos ruidos hicieron que corriera al interior de mi casa y atrancara la puerta con una cómoda y coloqué el colchón en la ventana como para impedir que aquello entrara.

Por esa noche no pude dormir y me aferré a la cruz de yuca y recé frenéticamente pidiendo perdón a Dios e implorando que me salvara de aquello. De alguna forma el cansancio me venció y desperté acostado en el piso de mi cuarto, no lo soporté más y corrí con mi abuelo a contarle lo que me había estado pasando y el evento de la noche anterior. Él vivía algo alejado por lo que me tomó casi todo el día llegar; pero al hacerlo y luego de platicar mi calvario, muy determinado me miró y me dijo sin duda que él se encargaría, que no me preocupara. Se paró de la silla y abrió la puerta de su ropero viejo de donde saco un libro viejo forrado en piel y cerrado con un broche de latón manchado por el tiempo. Antes de abrirlo me dijo que me fuera para mi casa y que todo estaría bien, que le tuviera confianza. Así lo hice y al llegar la noche me quedé asustado contando las horas, me quedé dormido y nada más paso, al igual que las noches subsecuentes, todo marchó bien, el acoso que había estado sufriendo, había pasado o al menos eso parecía, no entendí o no quise saber que había hecho mi abuelo para liberarme de aquello; pero hasta el día de hoy nunca he vuelto a saber de brujas o de apariciones de estas en donde vivo.

“Espero la publiques, no creo que sea tan buena pero lo que si te puedo asegurar es que es 100% real… Gracias por leerme”

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