INTRUSOS Relatos reales

INTRUSOS (#404 – 22/07/2017)
Relato basado en hechos reales contado por Elsa Aguilar
Escrito y Adaptado por Eduardo Liñán

Mi historia sucede en Julio de 2013 en Los Ángeles, California, USA. En aquel tiempo vivíamos en un departamento de dos plantas en un barrio latino. Éramos un par de familias las que habitábamos ese lugar. Sin embargo y sin previo aviso comenzaron a suceder cosas extrañas dentro de la casa al poco tiempo de mudarnos. La primera de esas manifestaciones les sucedió a mis sobrinos. Ellos dormían en una recamara del piso superior y sus literas estaban pegadas a una ventana que daba a la calle.

Cierta noche se levantaron asustados por que sintieron que alguien estaba tocando la ventana insistentemente, además de escuchar como si intentaran forzarla para meterse a la habitación. En un principio suponíamos que serían algunos ladrones que quería robar la casa; pero luego caímos en la cuenta que la ventana estaba muy en lo alto y era imposible que alguien pudiera intentar meterse. Incluso si usaba una escalera tendría que haber hecho ruido. Sin ninguna explicación lo dejamos pasar.

Pero luego mi hijo el mayor de 7 años experimento algo que me dejo horrorizada. Fue una noche antes de acostarme el reloj marcaba las 11:20 pm y mi esposo dormía ya que a la mañana siguiente tenía que madrugar, el niño de la misma forma se había acostado temprano y yo aún estaba en la cocina con algunos quehaceres. Al término apague las luces y subí a las recámaras. Todos dormían y fui a revisar a los niños. Hacia un poco de frío y los fui a cobijar bien. El mayor tenía la cobija en los pies y amorosa lo tapé y le dije entre dientes: “tapate amor…”

El al sentir que estaba ahí, se sonrío un poco y entreabrió los ojos para verme, los cerró y antes de que pudiera darle un beso los volvió a abrir pero de una manera extraña, los abrió tanto que casi se le salían de las cuencas y comenzó a mirar asustando a su alrededor. Yo asustada lo miré y le dije: -¿Que tienes mijo? –Le dije en tanto lo sacudía para que reaccionara, porque no me atendía. Estaba como ido viendo algo que lo asustaba y que estaba dentro de la habitación. Sus ojos comenzaron a moverse de un lado a otro en movimientos frenéticos que me asustaron mucho. Miraba al techo y yo de la misma forma miraba para tratar de ver o entender que era lo que estaba viendo.

En un rápido movimiento el niño se para e intenta correr, antes de que pudiera salir de la habitación lo tomo de la mano y el hacía intentos desesperados por zafarse para huir de ahí. En ese punto ya estaba muy aterrada y comencé a llorar de la desesperación mientras el gritaba frenético que lo dejara ir, que no quería que se lo llevara; todo esto con una mirada de terror mirando hacia el techo donde estaba su cama. Sin saber que hacer le decía que me dijera lo que miraba para decirle que era y el hacía intentos desesperados por libarse de mí. No sé cuánto tiempo estuvimos forcejeando cuando de pronto se dejó caer en el piso, lloraba de miedo y al parecer lo que estaba viendo simplemente desapareció.

Lo abracé y sentí angustia y a la vez coraje de toda esa situación, el niño no quería entrar a la habitación y comencé a abrir las puertas de los armarios, busqué debajo de la cama, moví varias cosas para demostrarle que ahí no había nada; renuente se volvió a acostar y estuve junto a él, en tanto recobraba la tranquilidad y se iba durmiendo. Yo empecé a rezar y a pedir a Dios para que lo que hubiera ahí se alejada de mis hijos y de mi familia.

A la mañana siguiente todos hicimos nuestras rutinas de ir a trabajar y los niños a la escuela. Por la tarde que regresé y a pesar de mi curiosidad no quise tocar el tema con el niño para no recordarle el temor con el que lo vi la noche anterior. Teníamos nuestra cena y al final me quedé con él y comenzó decirme lo que había visto durante la noche.

–Mami, tuve un sueño malo anoche, ¿Verdad? –Dijo con voz infantil y cautelosa.
–Si mijo, ¿Qué soñaste? –Pregunté atenta.
–Era un hombre grande, tan grande que su cabeza estaba arriba de mi cabeza y sus pies parecían colgar en el closet.
–Ay mijo, solo fue un mal sueño. –Le repuse; pero estaba preocupada.

No pasó nada más, solo eventos aislados a los que no les tomaba importancia. A los 3 meses de ese evento nos salimos del apartamento y me mudé a otros que estaban más adelante y apenas me instalé, la vecina del apartamento de a lado, me preguntó en primera instancia si no había experimentado cosas raras mientras viví ahí. Yo le dije que no, el administrador de los departamentos me había advertido que no dijera nada de lo que me había pasado, esa era una de las razones por las que quise cambiar de departamento. Y él me dijo que no anduviera espantando a los inquilinos con mis historias y que debía decir que jamás me había ocurrido nada ahí.

La nueva vecina me conto una historia y ella vivió en ese departamento antes de que yo llegara. Era una mujer mayor y tenía un hijo con capacidades diferentes. A pesar de mi negación, ella intuía que mentía y me contó que de igual forma escuchaba ruidos en la casa. Aruños en las paredes y canicas que rodaban en el techo impidiendo que durmieran en paz. El punto crítico llegó una noche que su hijo se despertó de un sueño en un estado completamente violento. Su carácter dócil y tranquilo se tornó en un comportamiento agresivo y homicida. La señora en un intento por tratar de calmar a su hijo, sufrió varios intentos de él, al querer apuñalarla con un cuchillo de cocina y en repetidas ocasiones se despertaba con desesperación al sentir que su hijo le colocaba una bolsa en la cara para tratar de asfixiarla. El escandalo llego a tal grado que una tarde que su hijo la intento apuñalar, en un intento por someterlo recibió el golpe del cuchillo en su frente, cuando el joven se lo arrojo. Los gritos de auxilio de la señora alertaron a los vecinos y llamaron al 911. Cuando los servicios de prevención y emergencia llegaron, encontraron que el joven estaba en un letargo y con la mirada perdida. Todo esto continuo hasta que se mudaron, La señora describió estos eventos como si una fuerza invisible tomara control del comportamiento de su hijo y lo volviera más violento.

Al mudarse los cambios repentinos de humor de su hijo desaparecieron y nunca se explicó la razón. Actualmente vive ahí una familia y es muy seria. Nunca se han acercado para platicar y son muy reservados. Sin embargo intuimos que de la misma forma, padecen manifestaciones extrañas en ese departamento.

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