FILIA – Relatos de terror hechos reales

RELATOS POST MORTEM #3

FILIA (#402 – 21/07/2017)
Relato basado en hechos reales contado por Fanny Cano
Escrito y Adaptado por Eduardo Liñán

Durante mucho tiempo he trabajado en el seguro social al igual que mi familia. Algunos en el área médica y otros en las áreas administrativas e intendencia en diferentes clínicas. Este relato toma lugar en un hospital de maternidad del IMSS en Tlalnepantla y mi mamá fue testigo de estos eventos.

Ella era enfermera y hacia recorridos por todo el hospital apoyando a diversas áreas, una de esas áreas era el anfiteatro. Ahí conoció a muchos médicos y ayudantes que hacían necropsias a las desafortunadas mujeres que morían de diferentes causas. Cuando se daba algún deceso durante la estancia o alumbramiento, las mujeres iban a parar aquí guardadas en alguna gaveta de la morgue esperando su turno para hacerles la necropsia o simplemente para darles trámite en tanto se les entregaban a los familiares.

A veces la penosa tarea de trasladar un cadáver a la morgue era realizada por mi mamá o le tocaba acompañar a un camillero para depositar el cuerpo en este lugar. Ahí conoció a Gildardo, un camillero que tenía asignada el área de Toco; pero como siempre ha sido; los enfermeros en el seguro no tienen que estar fijos en una sola área así que era común que estuviera mucho tiempo en la Morgue y el anfiteatro.

De aspecto torvo y corpulento, Gildardo era un hombre muy callado; pero en su interior guardaba un sinnúmero de perversiones que muchas veces se reflejaba en el trato a las pacientes; en repetidas ocasiones fue reprendido por espiar o mirar con morbo a las gestantes mientras eran preparadas para el alumbramiento o de igual manera había sido sorprendido haciendo tocamientos obscenos a las pacientes mientras estas estaban medicadas e inconscientes. Como el personal no quería un escándalo en esa área, Gildardo era enviado a entregar cadáveres y ayudar en la limpieza de las áreas de trabajo del anfiteatro. La razón para mantenerlo trabajando en hospital era desconocida; pero se decía que tenía el padrinazgo de un miembro importante del sindicato. Por lo que muchos no se atrevían a actuar en contra de él. De tal manera que los directivos pensaron que estando en esa área las pacientes no serían incomodadas o abusadas por este repulsivo sujeto.

Pero estaban equivocados. Mi mamá nos contó que Gildardo había desarrollado una filia asquerosa y siniestra. Comenzó a abusar sexualmente de las muertas. Los rumores de que este hombre cometía actos sexuales y aberrantes con las mujeres fallecidas empezaron a circular por los pasillos del hospital y aunque era vigilado, se decía que se daba sus mañas para cometer sus inmorales actos. Uno de los enfermeros que trabajaba con mi mamá le contó que una vez sorprendió a Gildardo montado y copulando sobre una recién fallecida que acababa de dejar y que al ser sorprendido tan solo lo vio de forma prepotente y le advirtió que no dijera nada si no quería ser corrido. Después el torvo sujeto continuó con lo suyo en tanto el enfermero se alejaba asqueado e impotente.

Todos en el área de piso le tenían mucho desprecio y asco. Su joroba y su cabeza medio calva, aunado a la poca higiene de su persona, contrastaban con el hedor a formaldehido y cloro que emanaba de su ropa y piel. De alguna forma todos buscaban la manera de sacarlo y deshacerse de él sin éxito; pero fue hasta una noche mientras mi mamá estaba de turno, un evento bizarro terminaría con las asquerosas prácticas de este sujeto.

Una tarde, ingresó al hospital una mujer que tenía complicaciones, su presión estaba muy alta y había roto la fuente; pero un cuadro anémico e insuficiencia renal, terminó con su vida y no soportó el trabajo de parto, murió irremediablemente. Sin embargo dio a luz a un bebé sano. Luego de mortajar el cadáver fue trasladado a la morgue del hospital. Para la sorpresa de todos fue Gildardo quien recogió los restos, la mirada perdida y el gesto morboso al ver a la mujer muerta fueron tan evidentes que muchos sintieron incomodidad, asco e impotencia. El camillero caminó por el largo pasillo que conducía a un elevador y con una sonrisa en el rostro se quedó esperando a que el ascensor cerrara las puertas y bajara hasta el sótano.

Esa madrugada mi mamá estaba en la morgue, había ido a dejar una documentación de la recién fallecida y el parte médico. Al término de esta actividad se quedó conversando con un intendente que pulía los pisos del recinto, hablaban en voz baja acerca de cosas sindicales. El silencio de los pasillos solo era interrumpido en ocasiones por el ruido que hacían los climas y que de tanto en tanto encendían. De pronto el estruendo de unas puertas abrirse los alertó y miraron asombrados que Gildardo salía presuroso de la morgue, gritando y cayéndose en el pasillo. Llevaba los pantalones bajados e intentaba alejarse de algo entre gritos e intentos por arrastrarse en el brillante piso. Todo el personal que estaba en esa área se alertó y más por la cruda escena de ver al tipo semidesnudo y asustado. Intuían lo que había estado haciendo; pero además estaban extrañados del pánico que presentaba en su rostro.

Luego de calmarlo y preguntarle qué había sucedido. Este con la voz temblorosa y abriendo los ojos miró a todos y les dijo que la mujer que había muerto en la tarde, habló y se movió, dando un grito que hizo que se asustara, Luego de verla al rostro dice que esta lentamente se levantó y lo miró con un par de ojos muertos, reclamándole algo y eso hizo que corriera por su vida. El escándalo fue tal que el director del hospital junto con un par de guardias de seguridad, fue a la morgue para ver que sucedía.

Al entrar, en efecto estaba la mujer en la mesa de acero inoxidable, inerte y sin signos de haberse movido. Su cuerpo estaba desnudo y la mortaja estaba tirada en el piso. La separación de sus piernas y la forma en como estaban acomodadas les dieron una idea de lo que en realidad Gildardo estaría haciendo con el cadáver de la difunta.

Luego de esta delicada situación el hombre fue removido de su trabajo en el hospital y lo mandaron a unas oficinas administrativas, lejos de pacientes y muertas, nunca más se supo de él. Los rumores en los pasillos acerca de este extraño hecho fueron variados; pero todos coincidían en algo. Que esa señora en particular al sentirse invadida y sufriendo una humillación por parte del hombre quizá regresó momentáneamente a la vida y emitió un reclamo, un grito de auxilio que asustó al degenerado y con ello terminar con las asquerosas prácticas de Gildardo el camillero. La verdad nunca se supo.

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