Fantasma del Maniqui

 

EL FANTASMA DEL MANIQUÍ “LA PASCUALITA”

A mi los maniquíes no me gustan ni un pelo. Siempre me parecieron macabros. Muchos de ellos están mutilados y sus rostros inexpresivos, dejan pendejo a ese personaje gigante de las creepypastas con su cara carente de rasgos al que llaman Slenderman. Además, cuando cobran vida, deben ser peligrosísimos. A mi, si como a veces les pasa a ellos, me dejaran como mi madre me trajo al mundo, en un escaparate durante horas expuesto a que me vea todo el mundo, estaría cabreadísimo.

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En España hicieron un anuncio muy tierno sobre ellos, en donde un guardia de seguridad de una fábrica de maniquíes, los movía por la noche para que cuando los empleados llegaran por las mañana, los encontraran en posiciones muy simpáticas. Y eso generaba muy buen ambiente en el trabajo. Cuando se acercó navidades, los empleados compraron lotería y al celebrarse el sorteo, salió el numero premiado. El guardián como siempre trabajaba por las noches, no había podido comprar el boleto, lo que le puso muy triste. Un día al ir al trabajo, se encontró la sorpresa de que allí estaban todos los empleados con champán y un billete premiado que se lo habían reservado para él. Vamos, muy tierno, pero yo de los maniquíes, no me fío ni un pelo.

Y eso mismo, piensan muchos habitantes de Chihuahua cuando ven a uno que se encuentra en una famosa tienda de trajes de novia de la ciudad. Y la verdad es que no me extraña. Ese maniquí lo trajo de Francia su antigua dueña en el año 1930. Era tan diferente a los de su época, que en cuanto llegó, todo el mundo empezó a sospechar de él. A tal punto, que incluso se dice que la policía fue a comprobar que debajo de la cera no había una persona. Su pelo de injertos de cabello natural y sus ojos vidriosos, le dan la apariencia de que esta vida. Como si algo de otro mundo estuviese en su interior.

Y eso, no sería excepcional, ya que hay muchísimos ejemplos en donde espíritus o la maldad misma, se meten, dentro de objetos. Si no, que se lo digan a los judíos con la caja Dibbuk, que en realidad, es un gabinete de vinos, que en su interior oculta un demonio que causa desgracias a todo el que lo tiene. Aunque a mi, me parece poco menos que inofensivo al lado del objeto mas terrible que se haya conocido jamás, que es la caja de Pandora. Según la mitología griega contiene en su interior, todos los males del mundo, los cuales saldrán si se abre. Eso debe ser terrible, porque no puedo pensar en mas de dos o tres males a la vez, lo cual ya da miedo, imagínate todos juntos. Particularmente espero que nunca la encuentren, porque aunque todo el mundo acordara no abrirla, siempre habría un curioso imprudente que la destaparía. Y hay otra cosa terrible que se puede extraer de ese mito, y es que a veces en lo aparentemente inofensivo como puede ser una caja, se oculta algo aterrador.

Continuando con el maniquí, resulta que le pusieron de nombre Pascualita por ser el mismo que tenía la dueña a la que misteriosamente se le parecía. Pronto empezó a tener un comportamiento sobrecogedor. La gente decía que se movía, que te miraba, que por las noches caminaba por la tienda y no solo una sino muchas personas las que lo atestiguan. A pesar de que la policía dijo que efectivamente era un muñeco, mucha gente clavaba sus uñas para comprobar que no se trataba de una persona.

Los empleados del local dicen que a veces le cambia la piel a un tono verdoso parecido al de las venas. Como es lógico, tienen verdadero terror a quedarse a última hora cerrando el local y la verdad es que no me extraña, para trabajar allí hay que ser un valiente.

Se barajan varias hipótesis de lo que puede ser; desde un chamán que le dio vida, hasta una maldición que tiene aprisionada un alma dentro de ese maniquí. Aunque la mas extendida, es que se trata del espíritu de la dueña. Y esta puede ser la mas lógica. Muchas veces nos aferramos a las cosas materiales como una casa o una finca, a tal punto, que parecen nuestras raíces. Para la dueña, el maniquí era su vida, ya que tenerlo, además de haberla hecho famosa, la distinguía del resto de personas. Por tanto, quizás se aferró tanto a ese objeto que se convirtió en su prisionero.

Eso me recuerda al vestido de novia de Anna Baker, una niña rica del siglo XIX a la que su padre, que no comprendía que el amor cuando llega, no entiende de edades, ni de distancias y menos de clases sociales, le prohibió casarse con un chico de condición humilde. Como era muy influyente en la zona, logro que desterraran al pobre muchacho y Anna completamente enfadada con su padre y enamorada locamente del chico, se mantuvo soltera toda su vida, esperando que él regresara. El vestido de novia que tenía preparado para su boda, ahora esta expuesto en la mansión Baker, donde dicen que a veces levita por la casa, quizás poseído por Anna que espera aun poder utilizarlo algún día con su amado.

MANCROW

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