Esquizofrenia – Relato de misterio

ESQUIZOFRENIA

(Relato de misterio)

Aquella calurosa noche de verano, Raúl Rodríguez, el guardián del cementerio, salió a la puerta de su pequeña casa situada en un extremo del camposanto, a fumar un cigarrillo.

A pesar de que tenía el ventilador puesto a máxima potencia, no podía conciliar el sueño a causa del calor extremo, que aquella noche rondaba los cuarenta grados.

ESQUIZOFRENIA- hombre gritando

Extrañado, se acercó a donde provenía la luz, y observó a un hombre que intentaba abrir con una palanca la lápida mortuoria de una tumba.

-¡Oiga! ¿Qué hace aquí? El horario de visitas al cementerio acabó a las ocho de la tarde…

-¡Déjeme tranquilo! Hay una cosa que debo hacer -le dijo el individuo, un hombre de mediana edad, medio calvo y con el rostro crispado, que lo amenazó con gorpearle con la palanca de hierro.

Raúl Rodríguez se apartó corriendo de él, y volvió a su casa. Fue hasta el teléfono y llamó a la policía.

Un cuarto de hora más tarde, un coche patrulla llegó hasta la puerta del camposanto. Raúl ya los estaba esperando. Condujo a los dos agentes ante el transtornado y violento individuo, al que apresaron después de un intenso forcejeo. Le colocaron las esposas y lo llevaron hasta el coche patrulla.

En comisaría intentaron tomarle declaración, y tras ver que sólo decía cosas inconexas y sin sentido, llamaron a una ambulancia para que lo trasladaran al hospital psiquiátrico.

Cuando llegó la ambulancia con dos enfermeros, le quitaron las esposas y le colocaron una camisa de fuerza, haciendo caso omiso a los insultos y amenazas que profería el desquiciado individuo.

En el interior del manicomio lo condujeron hasta la sala del doctor Fernández de la Vega, después de inyectarle un tranquilizante.

El psiquiatra leyó el pequeño informe que le había suministrado la policía, tras su breve estancia en la comisaría.

En él decía que hacía poco más de un mes, habían enterrado a la esposa del intruso del cementerio, que había muerto de cáncer.

-Bien, señor Martínez, ¿puede decirme qué hacía a altas horas de la madrugada en el cementerio?

-Es muy sencillo, doctor. Mi esposa no está muerta, tan sólo está dormida. Me lo ha dicho en sueños.

© Francisco R. Delgado

 

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