ESPIRITUS Relato basado en sucesos reales

ESPIRITUS (#415 – 15/08/2017)
Relato basado en sucesos reales contado por: Perla Alcántara
Escrito y Adaptado por Eduardo Liñán.

Hace algún tiempo vivía con mi madre, siempre ha sido enfermera y en aquel tiempo trabajaba en el IMSS. Ella es “sensible” para ver y escuchar cosas raras donde no había presencia de personas. Para ella “la subida del muerto” era algo que le sucedía con mucha frecuencia y la mayor parte del tiempo se le manifestaban personas y conocidos que ya habían muerto por medio de sueños, para darle mensajes o presentarse ante ella de manera inesperada. Se embarazó de mi muy joven y nunca conocí a mi papá, al cumplir 16, nace mi hermano y nos vamos a vivir a un departamento que formaba parte de una casa grande acondicionada para rentar varios cuartos dentro de la misma propiedad.

Desde que llegamos ahí, sucedían cosas extrañas, eran ruidos raros, crujir de paredes y a veces voces susurrantes que se podían escuchar detrás delas puertas o en los pasillos obscuros al caer la noche. Lo más inquietante para mi eran los ruidos que se escuchaban a tempranas horas, en el techo de la casa parecía que alguien caminaba con pasos pesados y tacones masculinos, todo eso ocurría en el techo de mi habitación y apenas me daba cuenta los pasos parecían apresurarse y correr para el lado contrario. De la misma forma me despertaba el ruido de monedas o canicas correr por el piso. Lo más increíble era que la parte de arriba de la casa era una obra en construcción a la cual solo se tenía acceso por la parte de nuestro patio. Además de estar en total abandono, al principio pensaba que era un hombre el que subía pero luego de espiar y estar atenta a quien subía o bajaba me daba cuenta que en realidad los ruidos los hacía algo que merodeaba en el techo.

Con el tiempo hicimos amistad con los vecinos que Vivian en el departamento debajo del nuestro. Y luego surgió en una plática que a ellos también les pasaban cosas extrañas, La señora algo perturbada nos contó que en varias ocasiones había visto la sombra de un hombre con sombrero entrar al cuarto de sus hijas y desaparecía ahí, que de igual forma les aventaban objetos o estos mismos salían volado por el departamento empujados o arrojados por fuerzas invisibles. Causándoles impacto y terror; pero con el tiempo se acostumbraron por no tener a donde irse a vivir de la misma forma que nosotras y mi hermano. Al paso de los meses mi hermano empezó a caminar y el acostumbraba meterse a mi armario con sus juguetes y permanecía por horas encerrado en ese lugar, eso no era extraño, lo que era inquietante es que muchas veces lo escuchábamos platicar con alguien en el interior obscuro de ese closet y al abrir las puertas nos dábamos cuenta que no había nadie, solo la carita curiosa del niño al vernos asustadas. En este punto nos percatamos que los habituales ruidos y manifestaciones no eran tan aterradoras como el hecho de pensar que a mi hermano algo lo acosaba y solo a él.

Muchas delas cosas raras que pasaban le sucedían estando el solo y yo me pude dar cuenta de muchas al espiarlo de cerca. Lo que acabó por perturbarme fue una ocasión en que regresaba del super y llevaba a mi hermano en su carriola de tijera. Subí al departamento a dejar unas bolsas en tanto él se quedaba jugando en el patio, como me encontré a la vecina del departamento de abajo le pedí que lo cuidara y así lo hizo. Al bajar de nuevo entable una conversación con ella y de pronto algo nos llamó la atención. Vimos con detenimiento que mi hermano jugaba con su carriola dando vueltas por el patio, gritando alegremente y tratando de alcanzarla. El horror llegó a nosotras cuando nos dimos cuenta de un detalle: La carriola avanzaba sola sin que mi hermano la tocara. Casi al mismo tiempo gritamos el nombre de mi hermano y este al voltear a vernos con un rostro curioso, de la misma forma el objeto paró su loca carrera. Sin comprender que sucedía tan solo me subí con él al departamento y me encerré con el completamente desconcertada y asustada.

Como mi mamá trabajaba en las mañanas en el hospital, nos encargaba con la vecina y para evitar despertar al bebé temprano, compró un monitor que tenía 2 radios, para que a través de estos se diera cuenta cuando el niño despertaba, todo marchaba de acuerdo al plan. Sin embargo una tarde que llegué de la escuela, pasé a comer con la vecina y de pronto mientras tomaba una sopa escuché como el radio comenzó a hacer ruidos como de estática y luego alcancé a escuchar unas voces. Pensando que se había despertado mi hermano de su siesta vespertina, me paré para escuchar mejor y me coloqué el aparato en la oreja. Luego de un rato sentí una corriente eléctrica recorrer mi espalda cuando escucho la voz de un niño ya grande que hablaba con claridad y me decía algo que no comprendí. Sintiendo un terror absoluto, me aferró al aparato y salgo corriendo del departamento al mío para ver a mi hermano, pensando lo peor. Entre a su habitación y él estaba dormido plácidamente, lo tomé de su cuna y me bajé con él a la casa de la vecina y temblaba de miedo sin querer decir nada.

Pasó el tiempo y cuando el cumplió 3 años yo quedé embarazada, era época de vacaciones y estaba a punto de dar a luz por las mismas fechas. Yo dormía en el cuarto de mi mamá y mi hermano tenía su camita también en la habitación. Cierta madrugada un ruidito me despertó y entre la obscuridad vi que se levantó como lo hacía cada noche para irse a dormir entre nosotras. Y de la misma forma rodeaba la cama para subirse. Al verlo, lo que hacía era hacerme a la orilla para se metiera entre mi mamá y yo. Aun estaba entre dormida y despierta y sentí que pasó mucho rato al no sentir que no se subía a la cama, levanto la cabeza y lo busco entre la obscuridad, al ver que estaba paradito al pie de la cama le digo que se acueste con nosotras y en eso escucho un ruido que provenía de su cama y al mirar veo que mi hermano sigue dormido y haciendo ronquidos infantiles, sentí que la sangre se me helaba y no quería voltear a ver qué era lo que estaba al pie de la cama y tan solo me acomodé en la almohada y comencé a temblar, al poco rato me quedé dormida.

Al día siguiente le conté la experiencia a mi mamá y ella muy calmada me dijo que en efecto un niño andaba por ahí y que se le aprecio entre sueños diciéndole su nombre, que estaba por irse y que había pasado por la casa, sin ninguna intención. Entonces recordé que a ella la siguen mucho los muertos y casi siempre me contaba acerca de sus experiencias en los pasillos del hospital, ella percibía que no todas las personas que andaba ahí estaban vivas y además de eso podía ver algo aún más siniestro y era un espíritu vaporoso que rondaba en varias áreas del hospital, no era como las otras almas, esta en cambio era de un vapor negro y que casi siempre la veía en los lugares donde la gente habitualmente dejaba de existir, no quería especular; pero estaba segura que era la muerte la que andaba por ahí. “No todos los fantasmas son buenos” siempre decía cuando llegaba asustada o cansada de que la tocaran o le hablaran todo el tiempo y siendo enfermera aquello tan solo de pensarlo era una locura porque estaba expuesta a toda clase de ánimas que intentaban entrar en contacto con ella. De tal manera que todas esas cosas con las que ella convivía de tanto en tanto la seguían hasta la casa y con la misma se iban tras ella. No había otra explicación para lo que nos sucedía en el departamento. Hace dos años que nos salimos de ahí, yo me fui a vivir con mi abuela y con ello las manifestaciones desaparecieron en mi vida y ella está por casarse e iniciar una nueva vida. Al platicar con ella me ha dicho que ya no la molestan; pero aun percibe en menor medida a las personas que mueren en el hospital. Por alguna extraña razón intuyo que eso no es verdad.

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