Enano de la Catedral Leyendas (Venezuela)

La leyenda que les cuento se centra en la Caracas de los “techos rojos” debido a que la capital aún conservaba sus techos de teja. Las personas vestían a la usansa española y luego a la francesa con la llegada de Antonio Guzmán Blanco al poder.

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Al mediodía la gente iba a misa y despues a conversar en la plaza mayor, acerca de cualquier tema en particular. Luego y años más adelante los caraqueños disfrutarían de los conciertos dados por la banda marcial de la ciudad. Caracas, a pesar de algunas cosas, era un paraíso en aquella época.

Pero las noches no eran para andar por ahí solo ni acompañado. Había que recojerse temprano porque Caracas era muy oscura, solo se podía iluminar con faroles de aceite de algún animal y había uno en cada casa de la ciudad.

Eran esas mismas noches que escogían los abuelos, para hablar reunidos con la familia y en esas conversaciones se encontraban las de narrar cuentos de espantos. Muchos niños pequeños no aguantaban el miedo y se iban a dormir, pero los más grandes y valientes se quedaban a oír bajo su propio riesgo aquellas historias.

La historia a continuación es de las más celebres de Caracas y se llama “Enano de la Catedral”.

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Eran las 12:00 a.m. y son indicadas por las campanas de la Catedral. Las calles estaban desiertas y una brisa fría viene del Cerro el Ávila a refrescar la ciudad. Es cuando un hombre bien vestido con capa española y bombín venía pasando por la esquina de las monjas Mercedarias (hoy Capitolio o Asamblea Nacional) y traía a una botella de ron para el frío.

Su trayecto era desde esa esquina, pasando después por la plaza mayor o Bolívar, hasta llegar a la esquina de La Torre (dado por la torre del campanario de la Catedral), donde tendría el encuentro más terrorífico de su vida.

De repente aparece en las puertas del recinto una figura diminuta, como de un niño de 5 o 10 años. Ese ser iba vestido con un abrigo y un sombrero de ala ancha que le tapában la cara, también fumaba un tabáco y lo hacía como si fuera el último. Cuando el caminante venía pasando por la puerta principal de la iglesia, se le apaga el cigarro al pequeño personaje. “Me puede dar un fósforo para el cigarro, por favor?” dijo aquel ser con voz chillona revelando su rostro de anciano, era un enano.

El hombre, dudoso se acercó al enano y le dio fuego al tabáco. Pero cual será la sorpresa que ese enano al tomar la primera bocanada de humo, empezó a crecer hasta alcanzar el tope del campanario, donde está la estátua de la Fé y con el índice apuntando al reloj, dijo con voz cavernosa: “Son las doce y cinco de la madrugada en Caracas y en el reloj de San Pedro, en Roma, son las seis en punto…”. Y volteando al hombre le dijo: “gracias por el fósforo, amigo, ahora quieres venir conmigo a conocer el verdadero fuego del infierno?!”. El espanto echó una carcajada que resonó en toda la ciudad y como si fuera un muñeco de resorte, volvió a su tamaño original. Pero ya el hombre asustado ya había huído a todo dar por la esquína de Veróes y recitando oraciones con lo que le quedaba del gañote.

El Enano de la Catedral duró espantando hasta entrado el siglo XX y era el terror de esa zona para quien se acercara por esos lares a altas horas de la noche. Muchos llegaron a la Puerta de Caracas con la lengua afuera por la culpa del Enano. Dicen que en vida era molestado por los habitantes debido a su estatura y que unas mujeres lo persiguieron hasta que se escondió en la Catedral y de ahí no salió hasta su muerte.

Hasta el mismo General y presidente Antonio Guzmán Blanco recibió un susto de aquel fantásma. Sucede que una noche, salió de su oficina en la Casa Amarilla (antiguo palacio presidencial cercano al templo cruzando la plaza) y se acercó a la Catedral para ver por donde podía empezar a hacer las “remodelaciónes”. En eso ve al famoso enano en frente la puerta de la iglesia fumando un tabáco Guácharo, lo que hace que el “Ilustre Americano (como le llamaban), se devolviera a su despacho hasta el día siguiente, con la idea de no volver a tocar ese templo nunca más.

No fue hasta que el famoso cantante dominicano, Luís María “Billo” Frómeta, estrenara en el Roof Garden su canción “El Muerto de Las Gradillas” pero no nombra al enano, quizá por respeto, lo que hizo que desapareciera el espanto. Otra versión dice que el enano dejó de asustar cuando Romulo Betancourt llegó a la presidencia.

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