EL PERDON

EL PERDON
Relato basado en experiencias reales de Linda Hernández.
Escrito y Adaptado por Eduardo Liñán

Era muy pequeña cuando mi madre, mi hermana y yo, nos mudamos a la ciudad de Monterrey. Antes vivíamos en CDMX; pero al divorciarse de mi padre, prefirió apoyarse con la familia. Al llegar, fuimos cobijados por mis abuelos y tíos. Por lo que fui enteramente consentida por ellos; pero en especial por un tío, que desde que llegó a mi vida me trató como un padre, y de hecho el fue el papá que nunca tuve. El tenía una condición que, hasta que tuve mayor entendimiento comprendí de lo que se trataba, tenia “dones” muy especiales que le daban la habilidad de ver y escuchar a los muertos y predecir situaciones antes de que estas ocurrieran. Él lo calificaba como “clarividencia”.

Mientras crecía me di cuenta que también aumentaba el número de seguidores que iban y lo consultaban. Algunos lo veían como una persona de amplios conocimientos y a raíz de eso fundó una especie de templo en donde la gente iba a ser curada o auxiliada en todo tipo de problemas que las medicinas o las prácticas tradicionales no podían, su poder y su fama llegó a escalas insospechables y gente muy poderosa era seguidora de las habilidades acertadas de mi tío. Sin embargo así como tuvo gente que lo apoyaba, también se hizo de incontables enemigos que deseaban su muerte, por envidia o porque lo que hacía iba en contra de las creencias impuestas. Ese fue el ambiente en el que crecí, esotérico completamente. Yo lo veía como una cosa normal y mi tío a pesar de todo era respetuoso con la familia nunca hizo practicas extrañas que nos involucraran.

Con el tiempo llegué a la Universidad y conocí a mi esposo, en ese entonces mi vida dio un giro y comencé a distanciarme del amor de mi tío. Aunado a que en su círculo de seguidores había mucha gente que buscaba su mal y empezó a conspirar en mi contra. Metiéndole ideas absurdas acerca de mi y de mi comportamiento. Como tenía una relación con el de padre-hija, mi rebeldía y mis convicciones chocaban con su disciplina y los chismes que sus allegados le decían. Intuía que deseaban ponernos en conflicto y distanciarnos con alguna obscura finalidad. Así sucedió, después de una fuerte discusión en la que nos dijimos cosas hirientes ambos marcamos una línea que nos alejó uno del otro. Y el amor tan grande que nos teníamos se fue quedando estancado hasta que me di cuenta que el jamás me “perdonaría” ni yo a él. Continué con mi vida lejos de él, muy a mi pesar por que yo lo quería como quiere una hija a un padre.

Pasaron dos años de ese triste evento y un día el simplemente desapareció. La familia quedó consternada por qué no supimos de que manera o como dejó sus cosas y su vida de un día para otro. Se especuló mucho acerca de su desaparición; pero jamás encontramos una respuesta. Aunque intuíamos que había sido por el ambiente obscuro y la gente con la que se comenzó a rodear. Las personas que lo ayudaban en sus labores, aseguraban que el estaba bien y que había sido su decisión el desaparecer, cosa que jamás creímos; pero temerosos no quisimos ahondar más en ese asunto. A pesar de continuar con las prácticas, sus ayudantes no lograron llevar bien el “negocio” y poco a poco la gente dejó de ir. Todo lo que mi tío había construido de la nada, desapareció.

Pasó el tiempo y todos nos hicimos a la idea de que mi tío no regresaría, en especial yo, que continúe con mi vida; pero un día sucedió algo verdaderamente extraño, al llegar a casa de mi mamá, ella estaba algo consternada por que había un tambo de plástico para la basura que no le pertenecía, afuera de su casa con cosas raras en su interior. Al verla algo preocupada mi hermana y yo salimos a revisar aquello. El asco nos invadió al ver que el tambo estaba lleno de un liquido extraño y nauseabundo que tenia restos de huevos, hierbas y partes de animales en descomposición. El hedor que despedía aquella asquerosidad era completamente insoportable. Mi hermana y yo de inmediato dedujimos que eso era un trabajo de brujería, habíamos crecido en ese ambiente y vimos muchas cosas. Así que no nos pareció extraño, lo inquietante era que estaba en la entrada de mi casa. Decidimos no tocar nada y dejar eso ahí.

Pasaron dos días, era un mes de Julio y el calor era infernal, de tal suerte que el contenido de ese tambo comenzó a despedir un olor a putrefacción en nuestra casa y las calles vecinas. De algún modo debíamos quitar eso de ahí; pero ninguna de nosotras se atrevía siquiera pasar por un lado de eso, sabíamos los alcances y consecuencias de tocar algo asqueroso como aquello. En ese entonces llegó un conocido de la familia y al preguntar sobre el tambo con líquidos fétidos, mi mamá le dijo que lo habían dejado ahí sin saber la razón y que intuíamos que era una clase de “trabajo de brujería”. Ese hombre siempre fue incrédulo de esas cosas y a pesar de nuestras advertencias para que no tocara los líquidos, el se paró muy seguro de sí mismo diciendo que esas cosas no le asustaban y que tiraría todo eso en algún lado. Salió y comenzó a arrastrar el tambo hasta que desapareció de nuestra vista. Al poco rato regresa y nos inquietó al mismo tiempo que nos causó repulsión al ver que en sus ropas había restos de aquella pudrición, el hombre apestaba horrible y estaba algo pálido y consternado por tener su ropa manchada con esa asquerosidad. Se fue de la casa y de inmediato limpiamos todo, con cloro y aromatizante para quitar el hedor que había quedado impregnado.

Pasó una semana después de aquel incidente y regresaba a mi casa después de haber ido al cine con mis amigos, serian las 9 de la noche y venia algo cansada. Mi hermana estaba en su habitación encerrada y con sus cosas y yo me metí a bañar, luego de salir mi perra caminaba conmigo, la casa estaba caliente y el bochorno era insoportable, a pesar de haberme bañado sentía que sudaba y eso me molestaba. Caminé hacia las escaleras y mi perra iba delante de mí, de pronto se quedo estática viendo fijamente hacia los escalones y comenzó a gruñir por lo bajo, los pelos del lomo se le erizaron y se puso tensa en total alerta. El tiempo se detuvo para mí por breves instantes. De pronto una ventisca de aire helado cimbró las ventanas y abrió la puerta violentamente haciendo un ruido tremendo. Era imposible, era el mes de Julio y hacia un calor infernal. Sin comprender que sucedía mi perra corre asustada chillando detrás de mi y sentí como un golpe de viento caliente en mi rostro. Una sensación de desasosiego me invadió al percibir que algo violento, algo que tenía mucho odio, me trasmitió esa sensación en mi interior. Luego de un rato de estar petrificada y con los ojos cerrados, los ladridos frenéticos de mi perra me alertaron y bajé con miedo a revisar todo, cerré la puerta y me regresé casi corriendo a mi habitación. Mi hermana jamás se dio cuenta de esa situación. Esa noche no pude dormir bien pensando en todo lo que había visto y sentido sin explicarme la razón.

Tres semanas después de ese evento, mi mamá con el rostro de preocupación me informa que la mamá de aquel hombre que nos ayudó a quitar el tambo había caído enferma de una rara enfermedad y murió repentinamente. En ese momento asocié todo. El tambo, el señor que se ensució y la brujería que toco a su madre y la hizo caer enferma para después morir. Fueron sensaciones horribles las que sentí y no me quise sugestionar, intente seguir con mi vida y así fue. Pasaron 4 años, hice mi vida, me uní al hombre que amo y me embaracé. Al enterarme mi mundo dio un giro y mi vida cambió repentinamente, esperaba ese bebé y era muy deseado en la familia; pero había momentos y sucesos extraños que aun me perseguían, cosas sutiles y señales de que algo malo había por ahí oculto y listo para surgir de pronto. No quise pensar en eso, mi mente bloqueaba las posibilidades y las ignoraba por completo, no quería que nada empañara mi felicidad y menos esas cosas absurdas.

Estaba feliz, contaba los días para el gran evento. Un Lunes me preparaba mentalmente para mi cita con el ginecólogo al día siguiente, por fin iba a ver nuevamente al bebé con el ultrasonido y me emocionaba eso de sobremanera, pensaba que ya estaría mas grande y que vería que iba a ser. Desde que me había enterado del embarazo todo estaba perfecto. Así que ese día me levanté con esa ilusión y feliz atendí a mi esposo y lo fui a dejar a su trabajo. De regreso a la casa, abrí la puerta y me asustó el vuelo de 3 enormes mariposas nocturnas negras. Revoloteaban alrededor de la sala y eso me puso alerta, de algún modo sabia que esas cosas anunciaban malos presagios, no quise que mi mente me hiciera juegos mentales y de inmediato las saqué a escobazos.

Esa misma noche antes de acostarme pensé en esa particular situación: ¿Tres mariposas negras? Imposible. Me puse a leer un poco antes de dormir, por que tenia insomnio, mi esposo estaba roncando a un lado de mi y de pronto entró al cuarto mi gata maullando con algo de insistencia, sabía que deseaba salir, siempre tuvo hábitos nocturnos. Era ya de madrugada y la ansiedad por que llegara el momento del ultrasonido me tenía en vilo. Decidí pararme para abrirle la puerta y evitar que despertara a mi esposo con sus maullidos. Camine por el pasillo seguida de mi gata y bajé a abrirle la puerta, al ver el reloj vi que marcaba las 3:03 am. Por un momento dudé en abrir, porque de algún modo sabia que esa hora, era mala y rondaban muchas cosas en la noche, eso lo había aprendido de mi tío que en ese instante vino a mi pensamiento, con un rostro de regaño y de tristeza no sabía por qué. Después de beber un poco de agua y jugar con el gato, me dirigí a la puerta, quité los seguros, abrí y la gata salió casi corriendo, cerré y antes de irme al cuarto, escuche que el animal comenzó a maullar de una manera extraña, era como un chillido.

Decidí asomarme por la mirilla de la puerta y vi que estaba viendo fijamente hacia mí, en posición tensa y lista para correr. Mi corazón comenzó a latir fuertemente y mis músculos se tensaron al tiempo que sentí una corriente eléctrica recorrerme desde la cabeza a los pies al ver que en la pared de la entrada estaba reflejada la sombra de algo, era la sombra de un bulto enorme sin forma que parecía estar inmóvil frente al puerta. Era imposible no había nadie ahí, solo su sombra. Me retiré asustada y corrí al cuarto, me acosté y me acurruqué a mi esposo, tenía miedo, tenía un pavor que algo le sucediera a mi bebé y traté de no pensar nada, oré con toda la fé que me era posible tener y pedí a Dios su protección para mi hijo. Como pude me quedé dormida y a la mañana siguiente, durante el desayuno le platiqué a mi esposo lo sucedido. El nunca fue creyente de cosas raras y comenzó a reprenderme, me habló acerca de la seguridad y lo riesgoso que era abrir la puerta y que quizás alguien andaría merodeando. Revisó los alrededores sin hallar nada y estuvo toda la mañana algo molesto. Después de ese episodio incómodo entre él y yo. Continué con mi día, llevé a mi esposo a trabajar y esperé la hora de ir a la cita. Sin embargo empezó a darme una migraña que al poco rato me resultó insoportable. Era un dolor horrible que me recorría la cabeza y el cuerpo, al regresar vi con inquietud que de nueva cuenta revoloteaban las mariposas negras, esta vez eran 5 insectos los que estaban ahí. Era tan intenso mi dolor que no le di importancia y me tiré en la cama. Mi gata estaba junto a mi todo el tiempo y entre ratos me quedaba dormida; pero volvía a despertarme el intenso dolor de cabeza. Llego la hora de ir por mi marido y asistir a la cita. Al llegar a la clínica entramos a la consulta y casi arrastraba los pies, me preocupé por el bebé y cuando me recostaron para ver el ultrasonido, el practicante que auxiliaba al doctor empezó a ponerme el gel y luego dio una pasada con el transductor. Ambos tratábamos de ver emocionados y buscando ver los latidos del bebé. Luego de varias pasadas el practicante se paró y le comentó algo al ginecólogo, el cual comenzó a hacer la búsqueda una y otra vez. Su rostro preocupado no era alentador y en ese momento presentí lo peor. No halló los latidos del bebé, luego de un rato, nos miró, aguanté la respiración y después sentí un balde de agua fría caer en mi cabeza al confirmar lo que sospechaba, el bebé estaba muerto.

No te puedo describir el dolor que sentí en ese momento y los días posteriores; pero es un infierno que no le deseo a nadie, caí en depresión. No se explicaban como había muerto si todo marchaba bien, pensé en esa madrugada y lo que vi fuera de mi casa, pensaba en las mariposas, pensaba en tantas que cosas que sentí un coraje y un odio por todo, perdí la fe en Dios y me entregué a la bebida. Me volví una alcohólica para no sentir o pensar nada. Descuidé mi casa, a mi esposo y a mí. Vi como mi hermosa vida junto a él se iba desmoronando, engordé y mi salud poco a poco se fue deteriorando, intente suicidarme en varias ocasiones sin tener el valor de hacerlo y eso me hacia enojar aun mas.

Estaba casi a punto de perder todo cuando, simplemente pedí perdón, lloraba por enésima vez tirada en mi cama y solo pedí perdón, siempre fui devota de los arcángeles y hablé con el arcángel Gabriel, me levanté de la cama, me arrodillé y empecé a llorar desconsoladamente pidiendo por la ayuda de Dios. Que intercediera por mi y solo le pedía un abrazo, una luz que iluminara ese episodio tan obscuro de mi vida. No sabía por dónde empezar y volver a ser la que antes era. En ese momento cerré mis ojos tan fuerte que me incomodaron. De pronto, la calidez, era una calidez en mi interior que se apoderó de mi tan de pronto y en instantes breves, esas sensaciones de dolor y de miedo, simplemente desaparecieron, mi cuerpo se relajó y entré en un estado de tranquilidad que jamás en toda mi vida había sentido. Respiré profundo y con mis ojos cerrados, percibí que una luz cálida y brillante me rodeó completamente. Luego simplemente desapareció, abrí mis ojos y me levanté del piso, caminé hacia la ventana y vi que era un hermoso día, con cielos azules y el aire me envolvía con fragancias de rosas frescas. Entendí todo, Dios me había tocado el corazón quitándome toda la obscuridad que llevaba dentro. Juré entonces volver a ser la misma de antes, a demostrar mi fe cada día, y también prometí que nunca mas ningún ser vivo o de otra dimensión me volvería a hacer daño.

Paso un año después de la pérdida y la maravillosa experiencia. Volví a mi vida, a ser feliz y me volví a embarazar, aunque tenía miedo, tomé las cosas con firmeza y tuve los cuidados y el apoyo de mi familia, hoy mi niña tiene un año de vida y de esa penosa situación que pasé, solo queda este testimonio. A veces pienso en mi tío, se que de alguna manera el está conmigo, aunque no físicamente. Lo extraño y platico con él en la noches como imaginando que puede escucharme, lo hace. El fue mi papá después de todo y sé que ya hemos arreglado todo, lo perdone y sé que el a mí. Sé que algún día nos volveremos a encontrar y nos daremos un abrazo y el tan ansiado perdón.

Si vas a copiar y pegar el relato menciona los créditos correspondientes de autor – relator y menciona la fuente donde lo tomaste, eso me ayuda a seguir publicando. Gracias.
Derechos de contenido reservados 2017 © Eduardo Liñán.

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