El llanto

EL LLANTO (relato navideño)
Relato basado en una experiencia real de Jaime Fernández
Escrita y adaptada por Eduardo Liñán

No terror – Historias tristes

Nunca fui creyente de muchas cosas. La religión siempre la vi como un gran negocio liderado por hipócritas, adoctrinado y seguido por gente aun mas hipócrita. Por lo que mi mente y mis actitudes giraban alrededor de las cosas que podía ver y el trabajo diario, Dios y el diablo para mí solo eran mitos religiosos para controlar a las masas. En aquel tiempo vivía solo en una colonia al centro de la ciudad, rentaba un departamento y mi rutina diaria era caminar al trabajo y regresar ya muy noche; cenar, revisar mis redes sociales y dormirme hasta muy tarde viendo memes en internet. Cierto día del mes de diciembre, al regresaba a mi casa y vi que unos vecinos estaban sacando sus cosas del departamento de junto. Eran una familia de 6 miembros y rentaban el cuarto más grande del edificio; pero en esa ocasión el dueño del cuarto les pidió desalojaran por extraños motivos, aunque intuia que era por los niños.

En vez de sentir alguna pena, me emocionó la posibilidad de rentar ese espacio grande y poder poner una gran sala con centro de entrenamiento e invitar a muchos amigos a beber y ver los partidos de futbol. Esas eran mis aspiraciones y enseguida le hablé al dueño para ponernos de acuerdo en el cambio. Feliz, subí las escaleras hacia mi departamento y pude notar que los hijos pequeños del matrimonio que vivía a un lado estaban sentados con caras tristes y claramente hambrientos. Lo supe por que vieron con deseo la bolsa de pan que llevaba, en vez de darles aquella bolsa me seguí de largo y no quise involucrarme más, después de todo era problema de sus padres, los cuales con trabajo subían y bajan sus pobres muebles. Y aunque el pan siempre se me echaba a perder, era mi pan.

Pasaron los dias y mientras veía catálogos de muebles “online” en internet para amueblar el departamento, noté que había ruidos raros en el cuarto contiguo donde habían desalojado aquellas gentes. Me acerqué a la pared para comprobar que no hubiera nadie y todo era silencio. Seria de madrugada cuando me desperté para ir al baño y entre mi somnolencia y la quietud de la noche , escuché un ruidito leve que rompió ese silencio. Eran como unos pequeños quejidos que no lograba identificar bien; pero de primera instancia noté que era eran gemiditos de bebé, como un quejidito de hambre que se podía escuchar a lo lejos. Pensé primero que venían de la calle. Luego de revisar me di cuenta que provenían de alguna parte del edificio; por lo que con algo de impaciencia, me volví a acostar pensando que el dueño fue especifico en sus contratos de no tener niños en los departamentos, quizas por eso los vecinos se habian ido. Dormí con una sensación de amargura por aquellos ruidos y a la vez emocionado ya que por la mañana por fin podría cambiarme de cuarto.

Luego de abrir la puerta de mi nuevo departamento, el tufo de la pobreza y la miseria me invadió las narices y los ojos. Había basura por todos lados, paredes manchadas; un olor a humedad y pañales sucios que hizo que sintiera nauseas. Había invitado a unos amigos a mudarme a cambio de unas cervezas; entre risas y bromas comenzamos a sacar muchas bolsas de basura, barrer, trapear y una de las jóvenes que ayudaban nos llamó para que viéramos algo que había encontrado en uno de los cuartos. Al observar que era notamos que había juguetes viejos, ropa de niños y objetos navideños que estaban fuera de sus cajas. Las muchachas sintieron pena porque se notaba que habían salido rápido; quizás por presión del dueño o por razones que no me importaba en lo mas mínimo saber. Lo único que deseaba era deshacerme de todo el “mugrero” , entonces una de las chicas con sorpresa dijo haber encontrado un nacimiento y en efecto eran varias figuras de yeso representando un nacimiento, estaban dispersas en una bola de “paxtle” y había un niño Dios de tamaño grande en una caja, también envuelto en esa hierba. Todos nos reímos al ver aquel niño por que recordamos un video de internet en donde ponían a bailar a una de esas figuras una música de banda, luego de risotadas y bromas, todos se comenzaron a poner algo serios al ver la “tristeza” impresa en aquella figura, era raro pero pareció como si no le gustara la broma de hacerlo bailar con la música que uno de los amigos puso en el móvil. Otro lo guardó todo en una caja y me pregunto que haría con eso a lo que con soberbia le respondí:

“Tirarlo como toda la demás basura, no mames…”

Al fin me había mudado y el departamento se veía muy agradable. Luego de una carne asada y cervezas para festejar el cambio. Cada quien se fue yendo y nos fuimos a tirar las basuras a uno de los callejones cerca de donde vivía en donde estaba un contenedor que siempre estaba atiborrado. Recuerdo que llevaba la caja donde estaban las figuras y la aventé junto al contenedor y claramente escuché como se rompía el yeso y se hacían pedazos, uno de los amigos se burló de mi, al abrir la caja y ver que el niño Dios y todo lo demás se había dañado o hecho añicos

-Wey, te vas a ir al pinche infierno, rompiste todo – me dijo entre risas y gestos burlones

Sin importarme me regresé a mi casa y me acosté sin más preocupaciones. Durante la madrugada algo me despertó y eran ruidos que venían de la calle, como lamentos y gritos; me paré y noté que era una pareja de parroquianos que discutían. Me dirigí al baño y luego de nueva cuenta empecé a escuchar los quejidos y los llantos a lo lejos. Intrigado salí al pasillo y caminé un poco hasta la entrada del edificio, los llantos provenían de algún lugar en la calle, solo que no lograba distinguir de donde. Me metí enseguida, temía por mi seguridad ya que esa zona del centro por las noches resultaba bastante peligrosa. Habo muertes, peleas y robos a esas horas de la madrugada; ya que en las cercanías existían muchos bares y casas de prostitución. En donde ocurrían riñas y cosas indecibles. Ya en el pasado habían tirado en el callejón de la basura a personas muertas y fetos que se presumían venían de esos lugares. Regresé de nueva cuenta a mi casa y me quedé pensando en aquellos llantos.

A la mañana siguiente al dirigirme al trabajo y como todos los días botaba mis bolsas de basura en el contenedor del callejón que, para variar estaba siempre lleno. Mis bolsas de la mudanza aun estaban ahí, además de la caja de las figuras las cuales estaban regadas en la calle con restos de yeso y pintura, al ver el interior de la caja, note que el niño estaba aun ahí; hecho pedazos con los brazos y las piernas rotas, solo quedaba intacto el torso y la cabeza despostillada. Pude notar de nuevo ese gesto como de tristeza y me reí para mi, diciendo “Estas triste ¿Por que ya no vas a poder bailar? y me reí pensando en la tontería que acababa de decir. Me fui a trabajar y Al regresar por la noche de nueva cuenta escuché aquellos llantos. Hubo noches en que me ponía la almohada en la cabeza para no escucharlos y me comencé a desesperar porque eran constantes, ¿De donde provenían esos llantos de bebé? Cansado de pensar de donde pudieran venir me quedaba dormido. Así llego la víspera de la navidad. Para mí esa época no significaba más que embriagarse, intercambiar regalos y hablarle a mi familia que vivía muy lejos. No había más, una extraña amargura me invadía por esas fechas. Quizás el verme solo; pero tenía todo, así que no me quedaba quejarme. La noche del 24 fui invitado por amigos a sus casas a cenar. No lo deseaba, no quería ser partícipe de algo que no compartía y pensaba que eran estupideces religiosas. Así que, el plan esa noche era comprarme una botella de whisky y ver películas hasta la madrugada. Así lo hice , casi me terminaba la botella; cuando de nueva cuenta comienzo a escuchar los malditos llantos; pero esta vez eran más intensos y desesperados. El supuesto bebé lloraba con más intensidad tanto que molestaba. No sé si fue el alcohol o la frustración, que me llené de ira y salí dispuesto a encontrar el origen de los llantos y terminar con ellos de una vez por todas. Al salir a la calle, no había mucha gente en la calle: unos señores que acaban de llegar en un taxi, unos borrachos que salían de un bar a lo lejos y en el callejón de la basura parecía haber una pareja que tiraba unas bolsas y una caja de basura. Al acercarse los ancianos les pregunte si sabían de donde provenían los llantos a lo que me respondieron:

¿Cuales llantos joven?

Era imposible los podía escuchar y ellos no. Los dejé ahí pensando que eran un par de vejetes ignorantes que no sabían nada. Analicé un poco y noté que los llantos venían de una parte del callejón; caminé iracundo hacia él. La pareja que tiraba basura, al verme se alejó rápidamente. Mi mente estaba bloqueada y tenía mucho rencor contenido. Caminé lentamente y los llantos se hacían más intensos, llegué hasta la esquina y me di la media vuelta al comprobar que provenían de la basura. Revisé bien el lugar y el ruido sordo parecía venir de una de las cajas que estaba ahí.

No sabría explicar la impresión que sentí cuando me di cuenta que venía de la caja del niño Dios que había tirado días antes. Al abrirla esperaba encontrar algo extraño; pero no, solo estaba ahí hecho pedazos y viéndome con unos ojos inexpresivos y fríos. Aventé la caja y se salió el contenido, la figura rodó junto con las extremidades y regresé a mi casa harto, al darme la media vuelta escuché de nuevo el pucherito de bebé que me taladró el cerebro y me llenó de una rabia que no pude contener. Corrí enardecido a mi casa por un martillo y tenía la firme intención de romper al niño y hacerlo polvo. Cuando regresé al basurero, noté que había unos perros en el lugar regando la basura y eso me dio aun más coraje. Al ver la figura de yeso viéndome con esos ojos tristes hizo que levantara mi mano para asestarle el primer golpe y escuché a los perros que se peleaban ferozmente por una bolsa de basura que habían sacado de una caja de cartón.

Vi con detenimiento la escena y luego me percaté de algo que no era usual, la bolsa que habían sacado los perros se movía, parecía que tenía algo adentro que parecía moverse con dificultad. Saqué mi celular para aluzar mejor y que mis ojos no me engañaran. vi que algo estaba dentro de la bolsa que se movía. Asusté a los perros lanzándoles objetos y me acerqué lentamente a ver qué era lo que había en la bolsa, al abrirla la impresión que me llevé hizo que sintiera una corriente eléctrica recorrer mi espalda y un entumecimiento me golpeo el rostro al ver que era un bebé. No era un feto, era un bebé que estaba respirando con dificultad, lleno de sangre y con el cordón umbilical aun en su estomago. Sin pensar me quité mi saco para cobijarlo ya que hacía bastante frio y corrí a mi casa para tratar de reanimarlo. Llamé al servicio de emergencias, que por las fecha tardaron horas en llegar. Después de un largo rato de estarlo estimulando y proporcionándole calor, el recién nacido por fin pudo respirar bien y lanzar un llanto que se escuchó por todo el edificio, en ese momento me sentí agobiado, mi mente y mi espíritu se quebró ante tal escena y lo ilógico e imposible que sucedió. Intente darle una explicación a todo y no la hallé. Simplemente fui testigo de algo que hasta ese día no era posible: un milagro.

Luego de todo el caos que se ocasionó en mi casa por los servicios médicos e infantiles y deslindar responsabilidades. El bebé se fue con el DIF; pero sentí pena por él. Era de tarde cuando me quedé solo y pensando en lo sucedido. Entonces recordé al niño Dios del basurero y corrí por él, no supe porque lo hice; pero quería arreglarlo, quedarme con él o regalarlo y contar esta historia; pero cuando llegué sentí una profunda decepción de ver que el camión de la basura se había llevado todo; solo quedaban restos de polvo de yeso. Me senté en la banqueta al recordar los llantos y lo sucedido y me puse a llorar por un largo rato. Sobra decir que algo cambio en mí, no comencé a creer en santos, ni empecé a ir a la iglesia; pero si comencé a creer que hay algo ahí afuera más grande que nosotros. Algo que nos cuida y nos guía y nos llena de manera espiritual. Tiempo después me casé e inicie trámites para adoptar a ese niño que encontré en el basurero y como dato curioso y aleccionador; cada navidad coloco un nacimiento y tengo a un niño de tamaño natural que me recuerda aquel suceso. Ahora soy un hombre más feliz, lo confieso y de esta historia me quedó una gran lección que espero y puedan entenderla.

~EDUARDO LIÑAN.

11 thoughts on “El llanto”

  1. Bastante interesante, quede un poco impactada y consternada, pero la verdad me encanto, me sentí identificada en el caso de las religiones, su opinión es bastante parecida a la mía, siempre e creído que hay algo superior a nosotros ahí afuera.

    Y cabe destacar que me encanto como relata la historia.

  2. No sé… será que soy de otro continente pero hay palabras que emplea que no manejo y, por lo tanto, me descentra bastante.
    La historia… no me parece muy buena, pero la descripción del personaje en primera persona me deja muy claro que tiene un corazón de piedra. Por otro lado… tiró el ángel varios días antes de que naciese y tirasen ese bebé a la basura… ¿y si hubiese ido antes al contenedor? no hubiese encontrado nada. Me creería más la historia si justo oye llorar al niño ese mismo día que lo tiran… no sé…

    Más que encontrar al bebé en el contenedor… los llantos… la figura rota… y que sólo él lo oiga… me impacta la pasta de la que está hecho para pasar delante de esos niños a los que iban a desahuciar y no les de un poco de pan. Encima él iba a habitar el piso de esos niños… Es lo más anti natural, horrible y de mal corazón que tiene un personaje como éste. Se merece estar solo y que el mundo le ignore como él hizo con esas pobres criaturas.

    Desde luego no es uno de mis relatos favoritos y, por supuesto, yo leo en castellano por lo que me resulta algo “dificilillo” entender ciertas palabras o frases.

  3. Buena historia, me gustó por que demuestra a una persona burlona de cosas que existen más allá de nuestra imaginación, pero al sucederle una muestra real de lo que sucede dejó de ser un íncredulo.
    Eduardo sos un gran escritor. ツ

  4. Que hermoso todo lo que hace Jesús, como dice en la escritura: ” arrancaré de vosotros el corazón de piedra y os daré un corazón de carne “. Esto es lo que Alissa y gente que es como ella no logran entender, a esto se le llama conversión y solo Dios lo hace.

  5. Además de haber salvado a un inocente, como le lloró y les llora a todos los inocentes que son maltratados y que no son amados o peor aún que son asesinados con el consentimiento de la Mamá, aquella persona que debería defenderlo a costa de su propia vida; porque la vida no se debe obstaculizar y se debe proteger desde el primer segundo de la consepción.

  6. Respetable tu opinión aunque me siento obligado a refutar muchas cosas de tu intento de comentario. La historia está escrita en castellano con muchos modismos o jerga local. El hecho de se difiera un poco del castellano español no quiete decir que no sea castellano. Lo anterior evidencia tu falta de culrura general

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *