El Abuelo

EL ABUELO
Relato basado en experiencias reales de Dinorah Ramos
Escrito y Adaptado por Eduardo Liñan

Describir como era mi abuelo es algo complicado, me daba miedo. Mi papá lo trajo a vivir con nosotros después de morir mi abuela. Lo acomodó en un cuarto donde mi mamá guardaba sus cosas de costura y desde que llegó las cosas cambiaron mucho en la casa. Sobre todo para mí, casi nunca había tenido contacto con él, salvo algunas veces en navidad o año nuevo fuera de eso me causaba mucha inquietud.

Le habían cortado ambas piernas por lo que se desplazaba en silla de ruedas y había que atenderlo en casi o todas sus necesidades, por lo que acercarme a dejarle la comida o vasos de agua para que se tomara sus medicinas era repulsivo para mí por el hedor a orines y excremento que despedía. Su rostro era un cúmulo de arrugas y cicatrices que había adquirido durante su juventud; había quedado ciego de un ojo y solo tenía la cuenca vacía que disimulaba con un parche que lo hacía parecer aun más siniestro. Su carácter irascible no le ayudaba, hablaba con groserías y a mí me trataba como una cualquiera, quizás por eso llegué a odiarlo, mis padres eran muy tolerantes con él por su edad; pero yo no solo soportaba, el entrar en su cuarto y tratar de asearlo en compañía de mi mamá era una tortura. El hablar con él era insoportable por el tufo a suciedad que despedía su aliento y la baba que a veces le salía por la falta de dientes. Eso era demasiado para mí.

Cierto día que mis papás lo llevaron a inscribir en un programa social, necesitaban unos documentos que se encontraban en su casa; por lo que me mandaron por ellos. Estaba algo retirado por lo que le pedí a una amigas del Conalep que me acompañaran. La casa de mis abuelos era un vieja construcción que databa de los años 50s, apenas entrabas y te sumías en un mundo extraño y viejo, con recuerdos por todos lados y cosas raras que inundaban la casa con un aire de misticismo horrible que no sabría como describirlo; pero daba pavor estar ahí sola. El olor a humedad mezclado con polvo te hacia estornudar y sentir nauseas, mis amigas decidieron esperar afuera, al ver lo que había dentro sintieron miedo. Yo me dirigí a la habitación que había sido de mis abuelos. Al entrar pude percatarme que estaba llena de basura y excrementos de gato, el olor era nauseabundo. Abrí a la cómoda en donde supuestamente estaban esos papeles y enseguida que la abrí los encontré, intenté salir corriendo de ahí; pero antes de eso algo llamo mi atención.

Escuché como un sonido peculiar que venía de un armario grande que estaba por un lado de la cama, la puerta estaba entreabierta y mi curiosidad venció a mis ganas de salir corriendo de la habitación. Me acerqué lentamente para ver de donde provenía ese sonido como de campanillas y abrí una de las puertas, el rechinido que hizo me puso en alerta. Dentro solo había ropa vieja, zapatos y cosas de los abuelos; pero por un lado parecía haber otra puertita de donde salía el sonido. Luego de destrabar la puertita el miedo me invadió. Dentro de ese armario parecía haber una especie de altar con figuritas horribles y fetiches hechos de cabellos y cosas asquerosas. El ruido era de una cajita musical que parecía haberse activado, quise cerrar todo eso y salir corriendo y entonces algo salió de entre una cortinilla negra que estaba detrás del altar.

Era un rostro horripilante hecho de cartón, con pelos y unos cuernos que parecían ser reales que hizo que pegara un grito y taparme la cara. Luego de verlo detenidamente me di cuenta que era como un muñeco siniestro que representaba a un demonio y que parecía observarme detenidamente y reírse. Mi corazón se aceleró y di un salto atrás y eso hizo que perdiera el equilibrio y cayera. La inercia de la caída hizo que me agarrara de un vestido y todo se vino conmigo, el armario cayó encima de mí y la figura quedó pegada a mi cara y cuerpo. Por unos instantes pude notar que aquello estaba caliente y eso me atemorizó aun mas, como pude logré liberarme y salí corriendo dejando el desastre atrás, cuando mis amigas me vieron toda pálida se asustaron y me preguntaron que había pasado. “Nada” les respondí y nos fuimos.
Esa noche que cenábamos el abuelo parecía observarme detenidamente con su horrible cara; pero había algo extraño en su rostro, era como de coraje, en su ojo se reflejaba un odio, que me heló la sangre, por un momento pensé que quizás sabia todo lo que había pasado en su casa y todo lo que rompí. Eso me hizo pararme de la mesa y correr a mi cuarto. Mas tarde y después de despedir a mi novio, me quedé viendo la televisión en la sala y el sueño me venció, durante la madrugada sentí frío en la piernas y me tapé, estando adormilada sentí que la sabana se cayó y de nueva cuenta sentí helado; pero tenía mucho sueño y tome un cojín y lo coloqué entre mis piernas para dormir, luego de un rato, mi corazón se aceleró al sentir algo que me tocaba las nalgas con firmeza y de una forma muy incómoda. Sobresaltada me levanto y lo primero que veo es una sombra delante de mí, el miedo me invadió y luego sentir repugnancia y ganas de vomitar, al ver que la sombra era mi abuelo sentado en su silla de ruedas.

-¿Te gustó eso putita?¿Verdad que no?, no vuelvas a meterte conmigo perra, ni con mis cosas. Ahora que me regrese a mi casa, vas a ver para que naciste, maldita- Me dijo el anciano con una voz rasposa y llena de odio.

El odio me invadió y no lo aguanté, comencé a reclamarle el haberme tocado y nos hicimos de palabras, antes de que pudiera decirle más cosas, se abalanzó sobre mí y me tomó del cuello con sus manos callosas y comenzó a ahorcarme. La sensación fue horrible. Estaba sobre de mi intentando matarme y no podía gritar o decir nada, el aire me abandonaba y sentía calambres por toda la cabeza, cuando comencé a ver destellos, la luz se encendió y sentí alivio. Eran mis padres que habían escuchado el escándalo y fueron a ver que sucedía. El abuelo estaba tirado en el suelo doliéndose y mis padres comenzaron a reclamarme porque lo había tirado de la silla. Aun sin aliento quise explicarles; pero no me hicieron caso. Aquello fue demasiado para mi, esa noche no pude dormir.

Los días pasaron y la tensión iba en aumento, aunque el maldito viejo no me decía nada, su mirada hacia a mi era de un aversión indescriptible. Nos aborrecíamos mutuamente. Ya no cenaba en familia, me la pasaba encerrada en mi cuarto y evitaba encontrármelo. Mi mamá una noche me reclamó,tuvimos una discusión y nos dijimos muchas cosas hirientes. Con mi padre y mis hermanos las cosas no iban mejor, el ambiente en la casa comenzó ponerse horrible e intuía que era la influencia de mi abuelo. Una noche mis padres me despertaron y estaban algo alterados; mi abuelo había tenido una crisis diabética y lo llevaban al hospital de urgencia. Yo no me desperté, seguí durmiendo, en el fondo deseaba que no regresara a la casa.

Seria de madrugada cuando me desperté súbitamente, había tenido una pesadilla. Luego de tranquilizarme, noté que todo estaba a obscuras y me levante al baño. Revisé que mis hermanos estuvieran dormidos y regresé a mi cuarto. Apenas iba agarrando el sueño y mis ojos comenzaban a pesarme cuando sentí que algo se postró sobre mi y luego escuché un susurro en mi oído que me hizo estremecer, incluso pude sentir el aliento cálido de algo que me hablaba y me decía

“Aqui te espero”

Abrí los ojos y salté de la cama para ver que no hubiera nadie , estaba sola y no podía ver nada de lo obscuro que estaba, encendí las luces y no había nada en la habitación. Intenté tranquilizarme pensando que quizás había sido mi imaginación y resultado de la pesadilla. De pronto escuché algo que venía de la entrada de la casa. Caminé sigilosamente y sin hacer ruido, estaba temblando de miedo; pero no podía dejar pasar eso. Conforme iba caminando, iba encendiendo las luces; al llegar a la sala todo estaba en silencio y tranquilo. Apagué las luces de la sala y me di la media vuelta para regresar a mi habitación. Pensé que todo era un invento de mi cabeza y que el maldito de mi abuelo quería seguirme fastidiando.

Mis piernas y todo mi ser se petrificó al ver que había alguien al fondo del pasillo, la tenue luz de mi habitación, apenas iluminaba y solo se veía una sombra de una persona que parecía estar de pie el fondo del pasillo. Mi corazón comenzó a latir aceleradamente y empecé a sudar copiosamente al tiempo que intentaba jalar aire; en mi garganta comencé a sentir dolor por el grito atorado que no podía dejar salir. Cuando mis ojos comenzaron a enfocar y a acostumbrarse a la falta de luz, vi con horror que la persona que estaba de pie al fondo del pasillo era mi abuelo, era imposible. Tenía ese maldito rostro de odio y su ojo sano parecía salirse de su cuenca al verme con una mirada asesina, sus facciones reflejaban un profundo odio que hizo que comenzara a temblar. Como pude cerré mis ojos para no verlo y comencé a orinarme encima cuando lo sentí venir. Mi nariz comenzó a oler esa hediondez que lo caracterizaba, a mierda y orines rancios. Pasó un largo rato y el silencio me invadió, mis sollozos desesperados y mi sentido de conservación hizo que tomara fuerzas y abrí mis ojos para ver que no hubiera nadie. Sentí algo de alivio; pero esa sensación horrible no me dejó. Empecé a caminar lentamente hacia mi habitación. En instantes, detrás de mi escuché una risa extraña, era como un gruñido mezclado con una risa burlona como un susurro. Aun con la tembladera y llorando sin control, intentaba jalar aire y voltee lentamente. Frente a mi estaba aquella horripilante figura del demonio hecho de cartón y pelos que había dejado en la casa de mi abuelo; pero ese parecía real, se movía. Sus ojos saltones desprovistos de parpados parecían moverse para verme con una lujuria enferma, mientras me sonreía con unos dientes manchados y una risa morbosa y burlona. Ahí no pude más, mis piernas se doblaron y me arrastré hasta mi habitación. Cerré mi puerta y me metí en mi cama tapándome con la sábana, como si aquello me protegiera del mal que estaba en mi casa, no pensé nada, ni siquiera en mis hermanos. Intenté recordar algo de Dios; pero en las misas siempre me la pasaba texteando. No recordaba nada. Entonces noté como la luz del pasillo se encendía y comencé a sollozar mas desesperadamente. El aire comenzó a faltarme y de pronto sentí que una mano me tocaba y me quitaba la sábana, no pude más y grité. El ruido que hice se escuchó por toda la casa y trataba de defenderme de algo que intentaba tocarme. Cuando estuve a punto de colapsar, noté que decían mi nombre y en la desesperación vi que eran mis padres los que estaban ahí intentando calmarme. Mis gritos los alertaron y me decían que todo estaba bien, que estaba soñando. Los vi con desasosiego y luego de un rato los abracé. Mi papá se veía alterado y mi mamá parecía que había estado llorando.

-¿Que sucede? – Pregunté entre lagrimas y con la voz temblorosa
-Es tu abuelo, murió hace unos momentos en la clínica de un infarto – Me dijo mi papá con la voz entrecortada.

El horror me invadió de nuevo y comencé a temblar al recordar todo lo que había visto, estaba segura que no lo había soñado, había sido real, todo. Estaba totalmente empapada de mis propios orines y aun permanecía la peste extraña a excremento en el ambiente. No quise decirles nada a mis padres para no agobiarlos más; pero estaba asustada. Intenté darle una explicación a lo sucedido; pero lo que vi fue real. Las sensaciones, el miedo, el frio todo había sido real. Luego del funeral , mis padres decidieron cremarlo esa había sido la última voluntad del abuelo. Sus cenizas descansan en una urna dentro de un trinchador en la sala de mi casa. En espera de ser regadas en el patio de su casa. La cual y para hacer todo esto más extraño se quemó; el fuego consumió todo lo que había en la habitación donde había encontrado el altar y todo lo demás. No era casualidad lo intuía. Ahora duermo con mis hermanos, mis padres no se explican por qué. No quiero contarles nada porque sé que no me creerán; pero a veces puedo sentir el olor nauseabundo de mi abuelo a mi alrededor y la extraña presencia del mal entre las sombras de la casa.


Si copias o compartes este relato, menciona y cita los créditos correspondientes.

~Eduardo Liñán

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