Copos de nieve (Relato de misterio)

COPOS DE NIEVE
(Relato de misterio)

Era 21 de noviembre, faltaban cinco días para el Día de Acción de Gracias. Los copos de nieve caían despacio, blandamente, como si fueran blancas plumas de ganso, o de àngeles inmaculados.

Eran las cinco de la tarde y hacía frío. Bruce Daniels, el vagabundo, buscaba un lugar donde cobijarse y pasar la noche. Era un hombre de edad incierta, pues sus largos cabellos blancos y su barba sucia y descuidada le hacían parecer mayor de lo que era; pero debía tener más de sesenta años. Sus ropas estaban sucias y desgastadas. Colgada a la espalda llevaba una vieja mochila de color marrón oscuro.

Los ojos del viejo vagabundo atisbaron una pequeña casa de planta baja, que parecía deshabitada. Se acercó a ella y pudo observar un destartalado letrero de madera en el que aún se podía leer: “Jardín de Infancia, Los Sauces”.

La puerta de entrada de la finca estaba cerrada, y una alambrada recorría el terreno y lo separaba de la carretera cercana. Bruce, observó que por una parte la alambrada estaba caída, y arrastraba por el suelo. Sin pensarlo dos veces se introdujo por allí en el extenso terreno de la finca, en dirección a la casa.

Lo primero que observó fue un columpio que colgaba de la rama de un alto y robusto árbol. Éste empezó a moverse lentamente. Daniels lo atribuyó a alguna pequeña ráfaga de viento.

Se acercó a la casa y vio que el cristal de una ventana estaba roto y resquebrajado. Él lo golpeó suave pero firmemente con el puño derecho, y el agujero se agrandó. Desprendió un trozo de cristal y lo dejó caer al suelo, en el interior de la vivienda. Después, introdujo el brazo derecho y giró la pequeña manivela de la ventana, consiguiendo abrirla. Una vez abierta se introdujo en la pequeña vivienda que había estado destinada a guardería.

Bruce Daniels no lo sabía, pero un año antes y por aquellas fechas, a finales de noviembre, una niña de cuatro años que asistía regularmente a aquella guardería, había fallecido debido a un desgraciado accidente.

El fatídico accidente se produjo cuando la pequeña se subió, en un descuido de sus cuidadoras, las jóvenes puericultoras, a una rama baja de uno de los árboles. La niña, que se llamaba Rachel Turner, resbaló y cayó de la rama de espaldas y se golpeó la cabeza contra el suelo, con tan mala fortuna que se desnucó, falleciendo en el acto. La guardería, después del trágico accidente, tuvo que cerrar. Los padres de los niños perdieron la confianza en las cuidadoras, y los sacaron inmediatamente de allí.

El columpio seguía meciéndose lentamente en el descuidado jardín, mientras Bruce se introducía en la casa. Había entrado en un salón-comedor, en el que antaño hubo una televisión en color.

Aún quedaban allí algunas sillas y una mesa, sobre la que había un juego de parchís. Salió de la habitación y caminó por el estrecho pasillo, pronto encontró una cocina en la que todavía quedaban vasos, jarras y platos.

Abrió los cajones y también vio tenedores, cuchillos y cucharas. La casa estaba bastante limpia, a pesar del año transcurrido desde su cierre. Salió de la cocina, y luego entró en otra estancia que resultó ser un cuarto de baño. Allí había un pequeño armario blanco, que se encontraba vacío. Después entró en una habitación que había sido utilizada como dormitorio. Había dos camas pequeñas, de las que sólo quedaban los colchones, y un armario ropero, que Daniels abrió. En su interior encontró diversos juegos y juguetes para ninos como puzles, algunos cochecitos, el pequeño vagón de un tren, una muñeca…

Bruce cerró la puerta del armario, y se alegró mucho pensando que esa noche y quizás también durante un largo tiempo, tendría un mullido colchón para dormir, aunque no vio sábanas ni mantas.

El viejo vagabundo salió del dormitorio y penetró en otra habitación. Aquella estancia parecía una sala de juegos. Había un armario con algunos libros, entre los que vio una pequeña Biblia, comics, y algunas revistas sobre motos y coches. Vio también un camioncillo de plástico de color amarillo, un avioncito, varias muñecas, un rompecabezas constituído por pequeños hexaedros o cubos con grabados de diversos dibujos de animalitos, algunos comics y periódicos esparcidos por el suelo, algunos dados y fichas diseminados y en completo desorden, y un juego de oca. Bruce, entre curioso y divertido, se puso a hojear una revista sobre automóviles. En eso estaba cuando oyó una vocecita detrás de él, que le heló la sangre en las venas.

-Señor, ¿ha visto usted a mi mamá?

El vagabundo se volvió con rapidez, como si le hubiese picado una serpiente o un escorpión, y lo que vio hizo que su sucio cabello se erizara por el terror, y que su viejo y cansado corazón latiese con la fuerza de un tambor. El espectro de una niña le estaba mirando, a menos de dos metros de distancia de él, mientras le preguntaba otra vez:

-¿Ha visto usted a mi mamá? Hace mucho tiempo que no la veo. Ya no viene a recogerme.

Daniels se quedó petrificado de miedo ante la inesperada aparición del más allá, y su corazón martilleaba dentro de su pecho, amenazando con salir desbocado. De improviso, y en pocos segundos su viejo y débil corazón pareció estallar como si de un petardo de feria se tratara.

Bruce sufrió un infarto de miocardio, y cayó hacia atrás, con los globos oculares casi salidos de las órbitas. Su cabeza, al caer, golpeó contra el armario; pero no sintió ningún dolor, porque ya estaba muerto. Poco tiempo después, de nuevo, en el jardín de juegos, el columpio volvía a moverse como si alguien, un ser invisible, estuviera balanceándose. Tal vez fuera así.

(Fin de la primera parte. Continuará…)

© Francisco R. Delgado

Espero disfrutes de todos los relatos de misterio, recuerda deja tus comentarios ó criticas sobre esta historia saludos y gracias por visitar.

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