COMADRONA Relato familiar basado en hechos reales

COMADRONA (# 414 – 15/08/2017)
Relato familiar basado en hechos reales por Valentina Villalba
Escrito y Adaptado por Eduardo Liñán

Mi bisabuela vivió en Pachuca en el Estado de Hidalgo en México. Vivía junto a sus 10 hijos a las faldas de un cerro en una comunidad rural muy cerca de la ciudad. Antes de que esta última creciera mucha gente vivía del pastoreo y la agricultura en un sinnúmero de pueblitos que rodeaban la mancha urbana que apenas comenzaba a extenderse por todas esas regiones, los pueblos se asentaron alrededor de Pachuca gracias a las compañías mineras que en aquel entonces explotaban la región del monte; pero después de la segunda guerra la producción bajó y muchas familias quedaron desamparadas al retirarse estas compañías, el año fue 1947 y la vida prospera de muchas personas daba cabida a que muchos tuvieran familias numerosas como mi bisabuela, al haber carencias de muchas cosas, había personas que desarrollaban ciertas actividades de sanación y curación, además de ayudar a las mujeres a parir a sus hijos, esta ultimas eran llamadas “Comadronas” las cuales adquirían sus conocimientos de manera tradicional y heredado.

En el pueblo donde vivía mi bisabuela había una a la que todos conocían, vivía sola en un humilde jacal de adobes, era la denominada “comadrona” porque era la única señora del pueblo que se dedicaba a esto, sin embargo esta señora no asistió los múltiples partos de ella, fue en uno de ellos en los que esta señora hizo su aparición en la vida de mis familiares. Mi bisabuela había tenido un par de gemelos los cuales nacieron mal y a los pocos días de haber nacido murieron ambos por complicaciones; pasaron dos años y tuvo a otro de sus hijos, parto en el cual la comadrona la asistió. Pasaron los días y el niño mostró fortaleza y deseos de vivir. En este punto la señora no dejó de ver al niño ni a la bisabuela a pesar de haber hecho su labor.

De alguna forma esa señora comenzó a desempeñar el papel de “madre” con el niño, lo quería bañar, vestir y alimentar, siempre estando al pendiente. Y eso implicaba que pasara mucho o todo el tiempo en la casa de mi bisabuela cerca del niño. Como muchas veces ella tenía que trabajar en una tortillería tenía que llevar a los niños con ella y dejar encargado al bebé, cosa que la comadrona aprovechaba para hacerlo, al principio con la conveniencia la bisabuela no le vio mayor problema; pero las personas que la conocían al ver que esa mujer estaba metida todo el tiempo en la casa y cerca del bebé comenzaron a sospechar y especular sobre sus motivos.

Cierto día y de improviso llegó una de las comadres de la bisabuela, le había bautizado a sus primeros hijos y la conocía desde hacía mucho tiempo, incluso desde que eran niñas. Al ver esa situación con la comadrona no dudó en advertirle a su comadre sobre lo delicado del asunto al dejar a una desconocida al cuidado del bebé. Así que se dio a la tarea de indagar sobre la supuesta comadrona y lo que descubrió la inquietó; pero como no quería alarmar a la bisabuela una tarde que descansaba la invito a tomarse un jarro de café a su casa y hablar sobre el asunto lejos dela presencia de la mujer.

Luego de una larga plática la comadre comentó que sospechaba que esa mujer no tenía buenas intenciones y muchos pensaban que era “doblecara” y que además era una bruja que quizá le haría algún daño al bebé. Mi bisabuela alarmada se paró de su asiento alterada y quiso correr a su casa para proteger el niño y antes de eso le dijo la comadre que era peligroso, que debían ser precavidas.

Entonces la bisabuela dijo algo que dejó de igual forma alterada a la comadre:

-Es que ahora que lo mencionas, quizá sea cierto. He notado que cada que anda un mendigo guajolote revoloteando en la casa a los pocos minutos aparece esta mujer y se mete a la casa a manosear al bebé –Dijo asustada mi bisabuela.

Al escuchar esto la comadre se alarmó de sobremanera y se calmó para contarle que se tenía la creencia que a las brujas se les amarra y se les vulnera al poner agujas curadas en las faldas o ropas de estas para poder matarlas o dañarlas mientras no se pueden mover.

Así que se pusieron de acuerdo para ponerle un “cuatro” a la mujer, y darse cuenta si lo que se rumoraba era cierto. Una tarde después del trabajo mi bisabuela iba a bañar al bebé en una tinaja que tenía para tal efecto, sin previo aviso y sin que se diera cuenta, la comadrona de pronto apareció y se ofreció a bañar al bebé. Renuente y alertada por los que ya sabía mi bisabuela se lo permitió; pero estuvo todo el tiempo al pendiente de lo que hacia la señora. Luego de arroparlo y acostarlo, mi bisabuela le invitó un café y estuvieron platicando por largo rato. Sin que se diera cuenta, la comadre se metió a hurtadillas hasta la cocina y a gatas se fue acercado a la comadrona para clavar unas agujas curadas que había conseguido con una vieja curandera. Así lo hizo una por una fue introduciéndolas en la tela de la falda y cuando por fin terminó de la misma forma salió y espero en el patio a ver si habría resultado.

Mi bisabuela al darse cuenta de toda la maniobra, distrajo a la mujer con la plática para que la comadre hiciera su tarea. Luego se paró a servir más café y después de que terminaron la última taza le indicó que ya era muy tarde y que debía irse, a lo que la mujer se negó y le dijo en tono soberbio y autoritario que esperaría a que durmiera el bebé y que tenía la intención de arrullarlo. Cosa que molestó a mi bisabuela e insistió en que se fuera, que ya era muy noche y que no podría encontrar el camino de regresó, dijo lo anterior con tono severo y autoritario. Entonces algo extraño ocurrió.

La comadrona, se puso tensa y su rostro pálido, tiró el jarro de café que bebía en el piso haciéndolo añicos, luego volteo a mirar fijamente a mi bisabuela y se hizo el silencio entre ellas, luego de unos minutos de verse. La comadrona hablo con la voz temblorosa y el rostro petrificado:

-Si me voy; pero… quítenme esto que me pusieron, no me puedo mover.
-Entonces es verdad maldita perra, tu eres ese maldito animal que anda merodeando en mi casa y molestas a mi bebé – Exclamó con ira mi bisabuela y visiblemente alterada.

En este punto entró la comadre de mi bisabuela armada con un palo de carrizo en las manos con semblante amenazante.

-Te vamos a dejar ir maldita; pero te me largas del pueblo y no te queremos volver a ver por aquí o te quemaremos viva, advertida estás. – Repuso con voz autoritaria mi bisabuela en tanto la comadre le quitaba las agujas a la mujer, al quitar la última esta cayó al piso y salió arrastrándose y doliéndose de los azotes que le propino la comadre en tanto lo hacía, nunca más volvieron a ver a la comadrona en el pueblo.

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