CANDELA – Relato basado en experiencias reales

CANDELA (#411 – 09/08/2017)
Relato basado en experiencias reales de Alejandro Carranza
Escrito y Adaptado por Eduardo Liñán.

Desde hace algún tiempo soy trailero, conozco muchas rutas del norte y estoy de base en una compañía transportista de Monterrey. Actualmente manejo un Kenworth y tengo una ruta que recorre varias ciudades fronterizas, llevando y trayendo mercancía; desde Laredo, Colombia, Monclova y Monterrey. Tengo unos 30 años en este oficio y he visto muchas cosas en la carretera, muchas de las cuales son por causa de las imprudencias de la gente y otras a las que podría llamar “extrañas” o sin explicación. Siempre fui escéptico; pero en el momento en que te suceden ciertas cosas tu mentalidad cambia. Este es uno de esos sucesos que me cambiaron las ideas para siempre.

Sucedió que en uno de tantos viajes tenía que recoger una carga en Monclova y había salido de Monterrey. Sin embargo antes de eso tenía que entregar otra carga con un compañero que estaba en el poblado de Colombia en la frontera con Estados Unidos. Así lo hice, me fui con bastante tiempo de sobra y al regreso me paré a descansar en Lampazos ahí tengo familia y un hermano. Él también había sido trailero hacia algunos años. Me pido que le diera un “raite” a Monclova en donde se quedaría un fin de semana antes de entrar a trabajar en una compañía transportista. De tal suerte que no tuve mayores problemas en llevarlo.

Al emprender el viaje a Monclova serían las 7 de la noche y el sol apenas se comenzaba a ocultar. Al llegar al entronque que conduce al poblado de Candela, comenzamos a platicar acerca de la vieja estación de trenes, en donde supuestamente se aparecían fantasmas o cosas sobrenaturales. Yo escéptico tan solo me reía de los dichos de mi “carnal”, al cual noté con un rostro de preocupación e intuía que el si creía en leyendas y supersticiones. Mi mamá alguna vez me contó que el “podía ver cosas” y que comúnmente andaba espantado por eso que supuestamente veía, yo siempre me burlaba de él diciendo que hacia eso para “no marchar”, aunque a veces tenia mis dudas sobre su condición. Llegó un momento en que la conversación se comenzó a hacer más acalorada y le propuse investigar en la estación sobre esas cosas, a lo que el renuente de principio se negó; pero al ver mis burlas agarró valor y aceptó la propuesta, así lo hicimos. Al llegar a la vieja estación Candela, parqueamos por un lado de las vías del tren que aun pasaban frente a la estación y nos dispusimos a recorrer el sitio.

La noche había caído y solo se veían algunas luces en el horizonte y los sonidos del monte nos invadieron, cigarras nocturnas y algunos grillos envolvían la vieja construcción con ecos extraños. En la entrada había un gran boquete, producto de un accidente que había tenido lugar hacia tiempo en donde un compañero trailero al quedarse sin frenos se estampó en la construcción; por lo menos esa era la versión que sabíamos aunque se especulaba mucho sobre ese incidente. El sitio estaba abandonado desde hacía mucho tiempo y eso se notaba en el aspecto interior. Como no pudimos entrar por ahí, rodeamos y había una abertura por donde se podía acceder. Mi hermano estaba claramente nervioso y yo constantemente me mofaba de el por su nerviosismo, aunque confieso que en cierto momento y después entrar también me invadió un miedo extraño. La obscuridad del lugar se iluminó tenuemente con las lámparas que llevábamos y que apenas iluminaban unos metros delante de nosotros. El ambiente era raro, sofocante y hacía un calor seco, el olor a viejo y a polvo hizo que me sintiera incómodo y con ardor en la garganta. Dentro había cosas raras en el piso, había restos de carbones, huesos de animal y un sinnúmero de aves momificadas que estaban regadas por todos lados. Había un acceso a la parte superior; pero carecía de escaleras. De algún modo las habían derribado y había quedado un vestigio de las mismas grabado en la pared.

Al no encontrar nada preferimos salir, el calor agobiante nos hizo sudar y ponernos algo nerviosos, entonces sucedió algo extraño al momento de salir. Escuchamos un murmullo en el interior, ambos nos alertamos de escuchar una voz susurrante que nos decía: “Hey”. La escuchamos al mismo tiempo que salíamos y tan solo nos quedamos viendo uno al otro en tanto mi hermano se ponía pálido del miedo y yo nervioso porque no comprendía como es que habíamos escuchado ese murmullo en el interior, quise pensar que se trataba de alguien; pero no quise regresar. Rodeamos la estación para abordar el tráiler y mi hermano se adelantó en tanto orinaba en uno de los arbustos que había por ahí. Miraba las estrellas en el firmamento y veía luces a lo lejos en la llanura desértica, luces que parecían moverse erráticamente subiendo y bajando por los matorrales que se levantaban en el horizonte. Sin darle importancia me dirigí con mi hermano y
Esperaba verlo en la unidad, en cambio estaba parado en medio de las vías del ferrocarril y veía fijamente al horizonte, su cuerpo estaba en total tensión y en su rostro se reflejaba el temor.

Al voltear para ver qué era lo que veía, mi cuerpo se erizó al ver que a unos metros más adelante había una especie de bola de fuego que flotaba por en medio de la vía y que parecía estar estática, brillaba con un fuego blanquecino y naranja que le daba un aspecto inquietante, ambos no queríamos ni siquiera respirar y así como esa cosa estaba ahí frente a nuestros ojos se fue desapareciendo lentamente hasta perderla de vista. No sé cuánto tiempo estuvimos ahí parados viendo fijamente a la obscuridad; pero el primero en reaccionar fui yo, sacudí a mi hermano que estaba helado para que reaccionara y me fui para el tráiler. Entonces sucedió lo impensable.

Una ligera ventisca comenzó a mover unos pequeños árboles que crecieron junto a la estación y ese viento comenzó a arreciar un poco levantando una polvareda leve que inundó el lugar, mi hermano dio unos pasos sobre la vía y de pronto lo escuchamos: entre el sonido de la ligera ventisca pudimos oír un rechinido metálico, no era fuerte; pero si muy claro de algo que tallaba las vías y las hacia rechinar. No terminaba de impresionarme cuando vi con preocupación que mi hermano era empujado por una fuerza invisible y lo tiró violentamente por un lado de los durmientes de la vía del tren. Algo totalmente fuera de toda proporción y entonces lo comprendí, la escalofriante verdad se me presentaba ante mis ojos y haciendo pedazos mi entendimiento. Lo que veía y escuchaba era ni más ni menos que el “tren fantasma”. Esa vieja leyenda que circulaba de aquí y allá por los caminos de Candela y sus alrededores, era cierta. Lo escuché y sentí ese viento que hacia una locomotora invisible y los ruidos de las ruedas del tren haciendo rechinidos en las vías. Aquello fue muy rápido pero se me hizo una eternidad. Me quedé paralizado, aferrado al volante y mi hermano como pudo se paró y se subió doliéndose a la unidad. En cuanto lo hizo imprimí marcha y me alejé rápidamente de ahí, cruzando la vía a toda velocidad. Con el temor de que el vehículo perdiera impulso y nos quedáramos varados ahí.

Mientras iba iluminando por el camino e imprimiendo marcha, mi hermano no dijo nada, estaba en shock viendo al horizonte sin hacer ningún movimiento. De tanto en tanto podía ver esas malditas luces a lo lejos que parecían acompañarnos en todo el camino y que intuía fue, lo que vimos flotando en las vías del tren. No le hallé explicación a eso y menos al ruido metálico y a la ventisca que de pronto se dejó sentir, era imposible; pero lo habíamos experimentado. Al llegar al pequeño pueblo de Candela paré en la estación de gasolina para calmar los nervios y beber algo azucarado para el susto. Mi hermano se bajó del tráiler y se fue inmediatamente al baño en donde se quedó por un buen rato, al irlo a buscar estaba llorando y claramente perturbado por lo que habíamos pasado, le di un poco de refresco para que se calmara y nos enfilamos para Monclova.

Al llegar, era de madrugada y él se bajó en una colonia de la entrada, llegaría con unos compadres que vivían en la cercanía de la carretera. Antes de bajar me dio las gracias y comenzó a caminar con pasos lentos. El lugar estaba totalmente obscuro y con calles polvosas que hicieron que él se perdiera rápidamente en el silencio y soledad del lugar. Tristemente nunca más lo volví a ver, supe por algunos familiares que debido al susto que se llevó en la estación se enfermó de diabetes y al poco tiempo murió en un accidente de carretera. Yo en lo particular cambié mi manera de ver las cosas después de ese hecho extraño, puedo asegurar que Estación Candela guarda cosas y a sus alrededores suceden fenómenos extraños que no tienen explicación. Las pocas veces que he vuelto a pasar por ahí ha sido de día y jamás de noche. Y el lugar permanece ahí, su fachada no refleja el paso del tiempo y sigue envuelto en un halo de misterio que quisiera no develar en lo futuro. Sobre el tren fantasma puedo también afirmar que vi y escuche algo extraño. Si alguna vez visitan este lugar pongan atención quizá, puedan escuchar el sonido de los frenos de una bestia metálica rechinar en las vías indicando que en otro tiempo hacía su aparición en aquellos lugares, con penetrantes aullidos y temblores de tierra que estremecía casas y personas.

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