Historia Basada en leyendas de la sierra de Puebla.

LA BRUJA 1
Historia Basada en leyendas de la sierra de Puebla.
Escrita y Adaptada por Eduardo Liñán

Esta historia toma lugar en alguna región en la sierra norte de Puebla, Artemio Flores era un campesino que vivía en un pueblo llamado Cuatempan en medio de la sierra y muy alejado de las ciudades. El tenia una parcela donde sembraba maíz y pastoreaba borregos que criaba para los comerciantes de barbacoa de los pueblos vecinos. Le iba bien ,tenia lo necesario para vivir y un poco más. Cierto día cuidaba a sus animales cuando vio pasar a lo lejos a una joven mujer que llevaba un atado de ropa sobre su cabeza. Mientras la veía pasar notó que era muy hermosa, de largos cabellos negros, piel morena aperlada y rasgos indígenas marcados que le daba un aspecto agradable a la vista, de cuerpo delgado y firme que hizo que Artemio no le despegara la mirada. La mujer sintiendo el deseo del hombre, volteó para dibujar una leve sonrisa en su rostro; los ojos de la muchacha se clavaron en Artemio y el quedó prendado con ella.

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Así comenzó un peculiar romance entre ellos. Ella caminaba al arroyo, todos los días lavaba la ropa y regresaba por donde venia. En su camino se encontraba con Artemio que, con el trato diario se comenzó a enamorar de ella, y la joven le correspondía. Todos los días esperaban para verse y hacerse el amor escondidos entre los árboles. El hombre no se quiso separar de ella y le propuso a que se fueran a vivir juntos, el estaba solo al igual que ella, así que cerraron el trato con un largo beso y preparó todo en su casa para recibirla.

Los días pasaron y el amor que sentía por la muchacha se acrecentó mas. Vivian tranquilos en lo alto de un cerro y de tanto en tanto Artemio bajaba al pueblo para vender sus animales, mientras que la joven se quedaba en el jacal. Pero al llegar las festividades del santo patrón del pueblo, se hizo una gran feria; Por lo que el hombre decidió llevar a su mujer, pero esta no quería ir, sentía miedo y estaba temerosa de que la gente la viera. Extrañado, Artemio le suplicó que fueran y que no le importaba nada, por lo que renuente, la joven aceptó ir con él.
Fue un fin de semana, y le compró un vestido con la que se veía radiante, mientras que el había adquirido unas botas y un sombrero nuevo para lo ocasión, Montados a lomo de caballo bajaron al pueblo y al llegar comenzaron a caminar por las calles empedradas rumbo a la plaza pública en donde se llevaría a cabo un gran baile. Sin embargo y lejos de pasar desapercibidos la pareja comenzó a recibir miradas, algunas de sorpresa y otras de molestia y odio. Eso lejos de hacer sentir incómodo a Artemio, lo llenaba de orgullo, mientras que la joven bajaba la mirada. Al comenzar el baile, se acercaron a las demás parejas a bailar y algo raro pasó, todos se alejaban de ellos con algo de desprecio. Eso comenzó a molestar al hombre que quiso mejor irse y dejar la fiesta, montados en el caballo la pareja tan solo siguió su camino hasta el jacal sin decirse nade, mientras la celebración continuaba.

Días después Artemio bajó al pueblo para la venta de chivos, entonces se dio cuenta que la gente a su alrededor “cuchicheaba” y lo miraba de reojo con lastima y negando con la cabeza. Hizo lo que tenía que hacer y como todos los domingos se iba a la cantina del pueblo a tomar cervezas con sus amigos. Al entrar al lugar, se hizo un silencio incomodo y mientras caminaba para sentarse en una vieja mesa de alambre, llegaron dos de sus amigos: Fidel Huautle y Juan Bueno. Ambos estaba serios y a pesar de las bromas con las que habitualmente los recibía, estos mostraron cara de preocupación Y le dijeron algo inquietante.

-No te queríamos decir nada mano, pero esa mujer con la que vives, es sabido por mucha gente que es un bruja.

Artemio con un gesto de asombro, se rio pensado que quizás estaban bromeado pero sus caras y el gesto de ira con lo que lo veían le dejaron un sentimiento de duda que comenzó a “calarle”

-Si no nos crees, ve espíala. Las ancianas que viven a la orilla del cerro nos contaron que esa mujer por las noches se convierte en ave y acecha poblados vecinos para robarles y chupar la sangre de niños, han muerto muchos por esa causa.

Artemio aun con la duda, no quiso creer en aquellas palabras, por lo que ambos amigos le pidieron que los acompañara a un pueblo vecino para ver a una señora que sabía de estas cosas. Una vieja chamana que curaba enfermos y era además partera. Al llegar al jacal de esta mujer, el cual era humilde. En su interior había muchas hierbas y objetos raros. La anciana estaba torteando y colocaba las tortillas en un tlecuil hecho de barro, al ver a los hombres ella ya sabía a lo que iban y lentamente puso unos pocillos sobre una vieja mesa, sirvió un café negro humeante, que tenía en una olla de barro y se dispuso a atenderlos.

-Siéntense -Les decía la anciana con firmeza
Todos tomaron asiento y la chamana vio con lástima a Artemio y le dijo con voz severa.

“Esa mujer que te conseguiste mijo, es una mala mujer. Aquí y en otros lugares la hemos visto rondar los jacales convertida en guajolote o volando envuelta en fuego. Tienes que terminar con eso, la vida de muchas personas esta en serio peligro mijo. En tres días inicia la luna llena, es cuando se transforma, síguela y verás que no te hecho mentiras. Si se desprende de su piel échale una sal que te voy a dar y espera a que regrese, en cuanto este vulnerable, tu sabrás que hacer… ”

Artemio estaba pasmado ante las afirmaciones de la anciana que se paró y de un morral sacó un envoltorio que contenía una sal muy especial, se la dió y siguió con su labor de tortear, Todos se levantaron de la mesa y salieron pensativos. Antes de despedirse, los amigos le dijeron a Artemio que si necesitaba ayuda ellos estarían con él.

El hombre montado en su caballo, iba pensativo en todo lo que la anciana le había dicho y comenzó a atar cabos, razono las costumbres de su joven mujer y no quiso ahondar más, llegó a su casa y fue recibido por su mujer que ya le tenía preparada la cena. Durante esa noche no quiso tocarla y los días subsecuentes estuvo huraño con ella. Llegó la noche de la luna llena y se acostó junto a ella. Fingió estar dormido y esperó a la madrugada. Su corazón se inquietó cuando notó que su mujer se levantaba y caminaba sigilosamente hacia la puerta, salió y comenzó a correr por el monte. Artemio enseguida se levantó y la comenzó a seguir, la veía corriendo por una vereda hacia una ladera del cerro a la cual el no iba, la persiguió y cuando por fin la joven se detuvo se paró sobre unas rocas y comenzó a bailar de una manera extraña, diciendo palabras en nahuatl. Mientras Artemio la observaba oculto entre unas ramas, notó como la joven de desnudaba y dejaba entrever su brillante piel morena bajo la luz de la luna.

Un terror y una decepción indescriptible se apoderó del hombre, cuando la joven empezó a quitarse la piel, desde la cabeza hasta los pies, quedando tirada encima de la roca. Acuclillándose empezó a emitir gritos horribles de dolor, de pronto se hizo una polvadera que nubló la vista de Artemio y enseguida notó que su mujer había desaparecido, solo podía escuchar a lo lejos un extraño graznido de ave que lo inquietó, se acercó lentamente apretando un machete en sus manos, vio con asco y horror, la piel de su mujer desprendida, era extraña y apestaba a hierba quemada. Enseguida recordó lo de la sal y noto que no traía nada, regresó corriendo al jacal lo mas rápido que pudo, no recordaba donde había dejado el morral con la sal que le había dado la anciana y buscó por todas partes hasta que lo halló, enseguida y con el alma en un hilo salió corriendo hacia el lugar donde se hallaba la piel desprendida. Al llegar sudaba copiosamente y con la mano temblorosa sacó la sal para verterla en el interior de la piel y espero durante casi toda la madrugada. El sueño lo venció y un ruido extraño lo despertó, al incorporarse notó que su mujer estaba parada en la roca, después de un rato de observarla, la mujer cayó en el piso y comenzó a revolcarse, lanzaba gritos desgarradores y parecía dolerse, intentaba arrancarse los cabellos y se rasguñaba la piel; durante un buen rato estuvo rodando sobre si misma presa de una agonía que Artemio observaba con tristeza y remordimientos.

En un momento la mujer se incorpora y comienza a correr sin rumbo y estrella su cabeza con una enorme piedra que había en su camino. Esta cayó al piso inconsciente y quedó tendida sobre su espalda. El hombre se acercó lentamente y vió que en efecto era su mujer, estaba inconsciente y su rostro parecía angelical, a pesar de todo seguía teniendo esa belleza que había embrujado a Artemio. Quiso levantarla y llevarla al jacal para curarla, pero antes de que sucediera eso, recordó las palabras de la chamana y lo mala que era. Alzo su machete para asestarle un golpe mortal cuando la joven abrió sus ojos y lo miro con desdén. No pudo lastimarla, en cambio se sentó junto a ella y comenzó a llorar. La joven se levantó y aun doliéndose tomó una piedra mientras Artemio no se daba cuenta y lo golpeó abriéndole la cabeza. Alertado el hombre toma el machete y empieza a perseguir a la mujer, que comenzó a correr por la ladera del cerro. Sin embargo cegada por la sal y aun débil y dolida no midió sus pasos y resbaló. Comenzó a caer sobre las duras piedras y su cuerpo se despedazó quedado regado por el escarpado cerro. Artemio aun sintiendo lástima, gritó angustiado y vió como la mujer a la que había amado, moría de una manera horrible ante sus ojos.

Permaneció sentado viendo los restos de su amada y al rayar el alba se levantó sintiéndose culpable de lo que le había pasado, regresó a su jacal y se colgó de un árbol, dejando una nota póstuma que decía lo que había hecho y que no podía vivir sin su mujer. Se dice que los restos de Artemio después de su funeral, fueron desenterrados y desaparecieron del panteón del pueblo. La historia de su trágica muerte y la joven bruja, quedó en la memoria de los habitantes de aquel lugar y se convirtió en una leyenda que solo los viejos recuerdan.

~EDUARDO LIÑAN

 

 

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