ASEDIO Relato basado en hechos reales

ASEDIO (#420 – 04/09/2017)
Relato basado en hechos reales contado por el S.R. Adrian Varela.
Escrito y Adaptado por Eduardo Liñán.

Fue por el año 2009 que estaba activo en el Ejercito Mexicano, en aquel tiempo habían mandado a mi unidad a un destacamento de seguridad en una refinería de Pemex ubicada en Cadereyta N.L. Éramos en total 30 efectivos que llegaríamos a relevar otra unidad de apoyo que venía de otra región del país. Nosotros pertenecíamos a un batallón de infantería local y llegamos casi de inmediato de recibir la orden. Al llegar al inmueble comenzamos a montar el puesto de vigilancia y hacer un reconocimiento del lugar. Luego de que nos entregaran el mando. Cada uno de nosotros tomo un rol de vigilancia y un punto específico. La razón por la que habíamos tantos elementos es que eran tiempos difíciles, en el estado estábamos en alerta por los constantes incidentes en materia de seguridad, había una guerra y nosotros teníamos que estar siempre alertas para no ser emboscados en patrullajes o sorprendidos de alguna forma con la guardia abajo.

Estábamos algo desconcertados ya que el mando del relevo nos informó que días antes habían encontrado los cuerpos de unas personas que habían sido torturadas y ejecutadas a escasos 20 metros del perímetro de seguridad, un mensaje o una advertencia quizá para un grupo rival o para nosotros. El área donde habían sido encontrados estaba sin iluminación y era un lugar enmontado por lo que ese punto ciego lo conocían las personas que habían tirado a los muertos. No queríamos correr riesgos así que se organizaron patrullas para recorrer ese lugar sin ser vistos.
Habían pasado cuatro días y no hubo incidentes, a mí me había tocado la guardia de la madrugada y el relevo era a las 3 am. Como el destacamento estaba alejado del punto de vigilancia, había que hacer un recorrido previo en vehículo y llegar al lugar, el tiempo que nos tomaba hacer esta maniobra eran aproximadamente 40 minutos. El camino era tedioso y en total obscuridad solo iluminado por los faros de los vehículos, todos alerta y con las armas listas para entrar en combate por si nos salía una emboscada. Mientras veía la agreste vereda enmontada y polvosa iluminada apenas unos metros. Escuchaba la conversación de unos compañeros, no había puesto atención a lo que decían hasta que el soldado Ortega mencionó algo extraño:

–Sí, es cierto lo del muerto. He sentido que se me sube también.

Yo me quedé desconcertado después de escuchar aquello y no dudé en preguntarles sobre que hablaban. Uno de ellos, el soldado Ramos; comenzó a platicar que la segunda noche de habernos instalado notó que de madrugada uno de sus camaradas con el que llevaba una gran amistad empezó a hacer ruidos estando acostado en su cama, por lo que el despertó y vio que su amigo intentaba despertar; pero su cuerpo estaba tenso y sudaba copiosamente. Jalaba aire como si se estuviera ahogando. Se levantó inmediatamente para ayudarlo y lo comenzó a sacudir para que se despertara, extrañamente tenía sus ojos abiertos y viendo fijamente al techo. Luego de un rato de sacudirlo, el compañero se levantó asustado y respirando trabajosamente, claramente asustado, algo raro porque no era un soldado temeroso.

Luego de darle un trago de agua y calmarse le contó que llevaba algunos minutos que se le hicieron eternos tratando de despertar, intentando gritar o moverse y que entró en pánico cuando sintió que algo se le montaba encima con intención de matarlo, al escuchar eso enseguida se rio, burlándose de su sueño y le dijo que faltaba poco para relevar, sin embargo el también sintió algo poco después de acostarse y dormir un poco. El sintió que su cuerpo comenzó a flotar por encima y que se vio dormido, en un estado de relajación total, sintió que sus nervios hormigueaban de pies a cabeza y luego todo se hizo obscuro, desaparecieron los camastros, la galera y todo se hizo totalmente negro a su alrededor, después el frío. Un intenso frío lo rodeó haciéndolo temblar y lo más inquietante fue el silencio, era todo falto de sonido hasta que sintió que algo se postraba sobre él y sintió pánico de que le hiciera daño e intentó de la misma forma despertarse sin lograrlo durante un rato. Hasta que su compañero lo trajo de vuelta, ya estaban las luces encendidas y todos se preparaban para la guardia.

Al escuchar esas historias, me quedé sorprendido y con muchas dudas. Sin embargo todos entre risotadas y bromas les decíamos que no creíamos nada de lo que decían, que eran puros cuentos. Durante la guardia estuve pensando en esos relatos y en la posibilidad que eso ocurriera, me parecía imposible; pero algo me decía que ellos en realidad estaban diciendo la verdad. Así me la pasé hasta que llegó el relevo y regresamos al destacamento, eran las 6:50 am. Apenas estaba clareando y dejé el armamento y comencé a quitarme mi equipo para descansar; pero esa idea de la subida del muerto me inquietaba. No quise pensar más estaba cansando y me acosté con el uniforme y las botas puestas. Era común y en ese turno había que estar alertas. Apenas acomodé la cabeza en la almohada y mi cuerpo comenzó a tener un estado de relajación inusual, comenzó a pesarme, sentí que se hundía en el colchón y luego un extraño zumbido que se mezclaba con los sonidos de la mañana. Al principio me pareció placentero poder descansar así; pero luego sentí que alguien se subía al colchón de mi litera, al notar que se movía. Todos mis sentidos se alertaron al sentir eso, sentí que estaba en peligro y acostumbrado a eso abrí los ojos solo para ver que en realidad el horror que estaba frente a mí era real. Una sombra negra, una mancha obscura sobre la realidad estaba ahí, frente a mis ojos, intentando subir a mi litera. Lo único que no era negro eran un par de ojos brillantes que parecían emitir una luminiscencia roja. El pánico que sentí al ver que le faltaba alzar su otra pierna para estar totalmente encima de mi hizo que mis extremidades pesaran, no podía moverme, hablar o gritar, empecé a temblar. Mi único pensamiento era poder mover al menos un brazo para alcanzar mi bayoneta en el pecho; pero era imposible no podía moverme un solo centímetro. De alguna forma y con un esfuerzo sobre humano logré levantar un poco la cabeza pero esa cosa se acuclilló sobre mi humanidad y pegó su “rostro” sobre el mío, mirándome con ese par de ojos que reflejaban la muerte. Enseguida la pesadez regresó y mi cabeza se sumió sobre la almohada y aquello sobre mí, el ruido que emitía eran zumbidos que se hacían intensos cada que se acercaba y me miraba con detenimiento. Quise luchar, quise poder moverme; pero era imposible, no sé cuánto tiempo pasó en esa posición y a pesar de que podía ver la luz de la mañana y el sol reflejado en la pared, aquella cosa parecía no inmutarse por nada, de alguna forma empecé a luchar contra mi temor e intenté relajarme; la sensación de indefensión nublaba mi pensamiento y empecé a razonar que todo eso no era lógico o real, simplemente no debía estar pasando. Luego de tener esa idea aquello negro simplemente se fue “escurriendo” lentamente hasta desparecer de mi vista y luego de un rato sentí que la movilidad regreso a mí, me levanté enseguida y empuñé mi bayoneta con las manos temblorosas y mis ojos bien abiertos, el terror aun anidaba mi corazón y mi mente, lentamente me fui asomando por un lado de la cama para ver que aquello no estuviera ahí. Sentí alivio cuando vi que no había nada, todos los compañeros dormían y la mañana estaba soleada. Lloré, sentí una impotencia y un temor horribles que me hicieron llorar desconsolada y calladamente, mientras me acostaba de lado y aferrado a mi cuchillo, quise por un momento tener una beretta debajo de mi almohada para sentirme seguro; pero intuía que eso no serviría de nada si no podía moverme,

-¿Cómo luchar con aquello? –Pensaba.

Todo lo anterior hizo que mi cordura y mi valor se vieran mermados, sentía miedo y me sentía totalmente indefenso ante algo que no le encontraba explicación. Durante los momentos en lo que apenas podía dormir, estaba alerta y eso fue debilitando mi mente y mi espíritu, de algún modo logré controlarlo y lo dejé pasar. Afortunadamente no volvió a ocurrir ese evento y me tranquilicé. Sin embargo supe que a los demás soldados les estaba ocurriendo lo mismo.

Gradualmente todos fueron afectados por los mismos “síntomas” y por la misma presencia en diferente modo; pero con la misma sensación de terror e indefensión. Fue tal el “ataque” de este ser en la tropa, que un día se reunieron varios soldados con el comandante para platicar su experiencia y la sospecha de que algo sobrenatural o “no humano” estaba pasando en la galera. Dada su insistencia y el temor que se reflejaba en los compañeros el comandante tomó la decisión de que aquellos que quedaban de guardia en la armería, se dieran rondines a los dormitorios para revisar si algún compañero no estuviera haciendo ruidos raros o comportamientos extraños durante su sueño. La orden era despertarlo de inmediato y asistirlo en lo que necesitara. Al parecer aquella orden dio resultados, porque de tanto en tanto pasaba algo extraño, así duramos varios meses en ese lugar y sucedieron eventos inexplicables mientras duro nuestra guardia. Tanto en la refinería como en las inmediaciones era común ver y percibir cosas que salían de toda lógica y proporción, eventos “no humanos” se dieron lugar durante ese periodo y es algo que hasta la fecha me llena de inquietud. Después de mucho tiempo di mi baja en el ejército y me quedaron estas experiencias inexplicables.

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