ADVERTENCIA

ADVERTENCIA
Relato basado en experiencias reales de Clara Larios.
Escrito y Adaptado por Eduardo Liñán

Hace unos 20 años mi hermana vivía en Ciudad Juárez, se había casado y vivía cómodamente con su esposo y dos hijos. Sin embargo mi cuñado siempre fue muy “salido” y acostumbraba irse de parranda con sus amigos los fines de semana. Mi hermana aunque renuente, se acostumbró a esas prácticas de su marido; pero no estaba muy de acuerdo con eso, ya que pensaba que correría algún tipo de peligro o quizás no regresaría de una de tantas juergas que se ponía, puesto que el salir de noche en aquel lugar era jugar con la muerte.

Cierta noche mi hermana se despertó por los ruidos de la puerta de entrada y al revisar vio que mi cuñado había regresado, eran aproximadamente la una de la madrugada, algo inusual ya que generalmente su esposo regresaba de las borracheras por las mañanas al clarear el alba. Ella cuenta que al ver a mi cuñado notó que tenía un aspecto extraño; estaba pálido y tenía los ojos bien abiertos y se veía claramente estresado y tenso. De primer instancia ella pensó que se había drogado de mas o que había tomado algo que no fuera alcohol que lo puso así. El hombre caminó directamente a la alcoba y se sentó en la cama con el rostro desencajado. Mi hermana al percatarse de eso, fue con él con algo de preocupación y le pregunto que había pasado. El al verla con el rostro asustado empezó a contarle una extraña historia.

El comentó que estaban en la cantina un par de amigos y él, tomando y platicando entre bromas y risotadas, al sonido de la música de cantina que sonaba en la rocola y la presencia de muchos más parroquianos que tomaban sin miramientos. De pronto algo les llamó la atención y fue la presencia de un hombre que no habían visto antes frente a ellos que los miraba fijamente. El hombre iba elegantemente vestido con un traje y un fino sombrero de copa que lo hacia parecer un mago de tiempos antiguos. El rostro de aquel personaje denotaba una fría seriedad y un gesto de soberbia que molestó a mi cuñado y los demás. Antes de que le pudieran reclamar algo, el hombre se les acercó, los miró con prepotencia y les dijo algo que jamás olvidarían:

“A ustedes tres se los va a cargar la chingada”

Después de decir esto, el hombre caminó hacia la salida y se retiró del lugar. Los tres amigos con incredulidad por lo que habían escuchado, sintieron coraje por la manera “golpeada” con la que el tipo les habló, se pararon tumbando las sillas y haciendo mucha pantalla y se dispusieron ir a reclamarle por sus palabras y hacérselas tragar a bofetadas a aquel extraño. Por lo que salieron casi corriendo de la cantina para encontrarse con el catrín. La calle estaba sola, obscura y no había ni un alma en ella. Era imposible no tenía ni dos segundos que el tipo había salido a la calle, lo hubieran visto claramente, empezaron a buscar por la calle , los alrededores y nada. Algo no estaba bien y se lo achacaron al alcohol; pero hubiera sido imposible que los tres vieran y escucharan lo mismo, así que regresaron a la cantina y le preguntaron a uno de los meseros que atendían, que si había visto al tipo elegante que había entrado momentos antes al fétido lupanar en el que estaban.
El mesero viéndolos con extrañeza y como se miran a todos los borrachos que dicen incoherencias, les contestó que no había visto a nadie con esas características, que habían estado tomando todo el tiempo solos y que tenían que pagar la cuenta. Sin saber que responder o que pensar, pagaron la cuenta y cada quien se fue por su lado; pero esa advertencia hacia eco en sus cabezas. En especial a mi cuñado que se espantó de algún modo.

Mi hermana lo miró con un gesto de impaciencia y trato de hacerle ver que todo lo que le había ocurrido era por ser un parrandero y borracho, que todo lo que vio y escucho era consecuencia de su vida despreocupada y su alcoholismo. Sin mediar mas, ambos se acostaron y del suceso poco a poco se fueron olvidando, luego de un tiempo toda la familia de mi hermana regreso a Guanajuato de donde originalmente eran. Y su vida transcurrió sin problemas hasta dos años después de que mi cuñado recibiera esa advertencia; sucesos trágicos lo hicieron recordar y sufrir por eso.

Luego de enterarse que uno de los amigos con los que se había ido de parranda esa noche, había muerto en un accidente automovilístico pensó en la advertencia y lo relacionó, sin embargo no quiso sugestionarse y trató de no pensar en eso; pero al poco tiempo se entera nuevamente de otro hecho terrible, el otro amigo que los acompañó, había sido apuñalado en una riña y terminó muriendo desangrado. El temor y la incertidumbre comenzó entonces a acosar a mi cuñado . Temía por su vida ya que de resultar cierto lo que aquel catrín les había advertido el seguiría. Acosado por sus propios temores, externaba que durante varias noches había soñado con sus amigos y que estos le advertían que el seguiría. Siempre los veía como un par de muertos inexpresivos y afectados por las heridas con las que habían muerto. No quería pensar en eso; pero irremediablemente el destino le alcanzó tiempo después. Empezó a enfermar y cada vez su salud empeoraba, lo más extraño que llegó a decir era que un perro negro con ojos llameantes y violentos merodeaba a las afueras de su casa y se asomaba a través de la ventana como esperando a que el muriera para llevárselo y que en otras ocasiones era despertado por los saltos que daban un par de niños siniestros que lo pisoteaban y lo molestaban para que sintiera más dolor y una desesperación por querer morirse para librarse de ese sufrimiento.

Mi cuñado murió tiempo después, no se supo con claridad de que había padecido o que le había ocasionado todos aquellos males que lo aquejaron hasta el día de su muerte; pero intuíamos que su salud se degeneró por la impresión de saber a sus amigos muertos y por pensar que el seguiría, nunca lo supimos con certeza; pero de que fueron horribles todos esos sucesos lo fueron.

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Derechos de contenido reservados 2017 © Eduardo Liñán.

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