Una noche para recordar

Los humanos siempre piensan que las criaturas de la noche aborrecemos todo lo que es sagrado; veneran cruces, construyen iglesias, bendicen el agua y rezan a sus dioses antes de irse a dormir ¡JA! Montón de idiotas, lo único que los humanos logran con sus “santurronadas” es atraer a los de mi estirpe. Almas inocentes listas para ser violadas, sangre joven y virginal rogando ser estrujada de la carne para ser vertida sobre suelo corrompido por el acto de la sodomía; se me hace agua a la boca de tan solo pensarlo.

Ha sido una buena jornada, en la iglesia del pueblo que arrasé había un monje que puso todo de si para proteger a la joven aprendiz de sacerdote que escapa de mí en estos momentos, me aseguré de recompensar su valor dándole una muerte miserable y llena de dolor, y dejé su cadáver para que fuese violado y devorado por los coyotes.

La pequeña sacerdotisa corre de mí como si el mismísimo Satanás le persiguiese, pero no tiene tanta suerte, soy algo mucho peor que eso. Podría matarla sin ningún problema, ni los soldados del pueblo, ni las mujeres que dejaron atrás a sus retoños para huir de mí pudieron escapar de mis garras.

—Quieta, o te clavaré al suelo -le enseño a la frágil criatura mis largas y afiladas garras, negras como las almas de los condenados a las llamas averno-.

— ¿Por qué soy la única que dejaste con vida, demonio? –me pregunta con una voz que se quiebra entre sollozos, me rió a carcajadas.

— Ya devoré carne humana de sobra para saciar mi hambre y despelleje tantos niños vivos que se volvió monótono. Mi gula y mi morbo han sido saciados, al menos por hoy -vuelvo a reír, y esta vez de forma que hasta en los cielos se escucha mi grotesca burla- Me preguntas porque aún no te mato pequeña, ¿No es obvio querida? Porque quiero demoler tu ímpetu y desgarrar tu carne con mi carne una y otra vez, no te mataré aunque lo supliques, pues voy a corromperte hasta el punto en que disfrutes el martirio, solo entonces te mataré. Si te portas bien, tu muerte no será tan dolorosa.

Mis colmillos reflejan con intensidad la luz de la luna cuando me relamo y mis ojos rojos se inyectan de sangre al dilatarse, será una noche para recordar.

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