Historias de seres malignos reales

TERROR REAL –/IH/– ☆●HISTORIA DE TERROR●☆

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Esta es una historia que contó mi padre a mí y a toda la familia en una ocasión de reunión.

La comparto con ustedes y solo la adapté a narración. Según lo que comenta, le sucedió en sus épocas de niñez cuando apenas arribaba al viejo Teoloyucan.
Gracias por su atención.

Estábamos “solos” en el crucero.
No hace poco tiempo que llegamos por estos rumbos en busca de mejores condiciones de vida. Provenía mi familia del Distrito Federal en verdaderas épocas de oro.

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Sólo habíamos arribado al pueblo mi madre, mi padre y mis dos hermanas cuando todo era un verdadero desierto: las calles eran caminos de tierra con numerososo huecos por los que fácilmente decaería un vehículo actual, las luces marchaban por falta de alumbrado apenas se ponía el sol y muy pocas personas tenían la dicha de vivir en barrios concurridos si no era aledaño al centro.

Pero aquí no me llamaba más la atención que las amistades aquellas que se formaban en un simple juego de canicas, así como numerosos hechos acarreados por supuestos avistamientos de índole paranormal. En verdad todo era tan agradable como interesante una vez que mirabas detrás de la cortina de lo que conocemos actualmente como Teoloyucan.

A pesar de formarme como neutro en esos tópicos, nunca imaginé que uno de esas tétricas alucinaciones me podría llegar a convencer de que fue más real de lo que mis recuerdos son ahora.
Por mi antigua morada, muy pocas personas se paseaban por esas horas en las que no había luz natural pues la noche entrante no se hacía esperar. Mi madre había quedado en casa en las labores domésticas mientras que mis dos hermanas y mi padre veníamos de regreso del centro del poblado.

Indiscutiblemente , el único camino de llegada por un antiquísimo vehículo era un crucero que nos llevaba directamente a nuestra morada; todos sabíamos que el camino era rápido y lento, por ende, disfrutábamos observar los detalles de las calles y una que otra persona Errante en esos momentos.

No muy lejos de sentirnos seguros de llegar, vimos a una especie de silueta de hombre con los brazos completamente extendidos hacia sus laterales justo sobre la banqueta del crucero. Envuelta en lo que parecía un humo de color casi de ultratumba, apagado y tenebroso quedaba levitando sobre esa acera mientras nuestras caras figuraban un espanto jamás visto.

No tenía rostro, pero sé por el frío de esa noche y la soledad que transmitía esa figura, que nos miraba fijamente con ojos que hasta la fecha dudo de su existencia en ese vacío semblante.

Tan pronto nos marchábamos, pues mi hermana menos tenía tapados los ojos tan solo de imaginar a aquel ser, visualizamos que está iba desapareciendo desde sus piernas hasta la parte superior del cuerpo sin soltar la postura de cruz con que la encontramos, como si se córtale o disipara la neblina que le rodeaba.

Mi padre, quien iba manejando, nos sugirió orar por que esa cosa se alejara y no tuviese ni la más mínima oportunidad de acercarse a nosotros mientras aceleraba el paso de su máquina.
Estábamos solos en ese crucero tan concurrido por la cotidianidad, pero les aseguro que más que ninguna otra noche, nos sentimos acompañados por algo que nos quitó el sueño por unas veladas más.

Al siguiente día no nos quedaba otro remedio más que pasar por ese lugar y con temor vimos que no había ni un solo rastro de aquella criatura de origen desconocido, como si no fuera una fuerza física más que un ente de intenciones temibles.

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