Relato paranormal caso real

Historia paranormal, mi relato real

Hola, soy gran seguidor de la pagina. La verdad todos los relatos son impresionantes, y me gustaría compartir con ustedes una de las varias experiencias paranormales que he vivido, y quizá la más traumante para mí.
Antes que nada, mi nombre es Daniel, soy de la Ciudad de México. Lo siguiente me sucedió cuando tenía 7 años. En esa época mi familia y yo, vivíamos en una casa “duplex”, en el 1er piso. Yo dormía en una recámara algo pequeña, con mi hermana, que es un año mayor, en una litera, ella arriba y yo en la cama de abajo. Y a un lado de la litera, se encontraba un restirador de madera, que es una “mesa” donde mi otra hermana hacía sus planos, ya que ella estudiaba Ingenieria Civil, pero se había casado hace poco, y ese restirador se quedó en nuestra casa.
Un día, llegué de la primaria muy molesto, la verdad no recuerdo la razón, pero ese coraje me duró todo el día…
Recuerdo que siempre fuí un niño con el sueño muy pesado. No había poder humano que logrará despertarme a la 1ra. Pero esa noche todo cambió.
Recuerdo claramente haberme despertado por un ruido esa madrugada, escuché un -toc toc- como si hubieran tocado en el restirador que se encontraba a un lado de la litera. Se me hizo muy extraño, ya que mi hermana dormía profundamente. Un ventanal permitía entrar una luz tenue que iluminaba todo el cuarto. Miré alrededor, y no vi nada. Así que me dispuse a dormir nuevamente. Cuando me acomodé en la almohada, escuché de nuevo el toc toc, pero ahora en la ventana; como mencioné antes, vivíamos en un 1er piso, y más que darme miedo, me dió curiosidad por saber quién tocaba mi ventana a esas horas… Así que estaba decidido a asomarme por la ventana, levante solo el torso, apenas para bajar de mi cama, aún no movía los pies, cuando de pronto sentí una mano, con uñas largas sujetarme el pie derecho, y comenzó a jalarme. Inmediatamente el terror se apoderó de mí, porque podía ver la mano con total claridad. Era negra, con dedos y uñas sumamente largas.
Presa del pánico comenzé a llorar en silencio, y solo pensaba “estoy soñando, estoy soñando” mientras ponía duro el cuerpo y jalaba mi pie para liberarme de esa mano horripilante. Como ví que nada cambiaba, grité, y mi hermana se despertó, desde la cama de arriba solo dijo: qué tienes? A lo que yo contesté: “me estan jalando, una mano me esta jalando”
Mi hermana bajó inmediatamente de su litera, y como por arte de magia, soltaron mi pie…
Yo seguí llorando, y mi hermana trataba de consolarme, diciendo que había tenido una pesadilla, que se dormiría conmigo para que yo estuviera más tranquilo.
Los dos nos cubrimos con la cobija, e inmediatamente sentí de nuevo la mano aferrada a mi tobillo. Grité como nunca en la vida, y mi hermana volteó hacia mis pies y comenzó a gritar conmigo…
Mi papá entró de golpe al cuarto, y preguntó que qué pasaba, que ya había escuchado los gritos pero que pensó que yo estaba teniendo un mal sueño… Me percaté de que ya no veía a la mano, y tampoco la sentía, así que le expliqué a mi papá lo sucedido… Él siempre ha sido muy exceptico con estos temas, y como cualquier padre, pensó que mi imaginación me había jugado una mala pasada… Me explicó que los muebles hacen ruido en ocasiones, y que eso pudo haberme sugestionado…
Después de esa noche, se han de imaginar que me daba mucho miedo irme a dormir…
Nunca volví a sentir la mano ni a verla. Y mis papás usaron toda clase de cosas para que pudiera dormir tranquilo, desde leerme un salmo de la Biblia antes de dormir, poner una cruz a lado de mi cama, e inclusive hasta con una “vidente” me llevaron. Pero todas las noches, cuando me acomodaba en la almohada, y pegaba mi oído a ella, escuchaba como si unas uñas rasgaran del otro lado, seguidos de golpes en la pared, y siempre me despertaba en las madrugadas…. Nunca dejé de escucharlos, por más que rezaba, o me aferraba a un collar con una cruz que me había regalado mi mamá…. Finalmente nos cambiamos de casa, y solo así dejé de vivir a diario esa experiencia. Me causó gran impresión, porque aún hoy, que tengo 25 años, sigo durmiendo inconscientemente en posición fetal (con los pies encogidos), y aún sigo despertandome en las madrugadas, sin importar lo cansado que esté, siempre cerca de las 3am. Cada día que recuerdo lo que me sucedió, trato de buscar una explicación lógica, pero no la he encontrado. Claro, era un niño de 7 años, con mucha imaginación, pero desafortunadamente sé que todo fue real. Tanto que al escribir esta experiencia, se me pone la piel de gallina solo de recordar los detalles… Jamás toqué ese tema con mi hermana, quizá para olvidarlo lo más pronto posible, y porque siempre me ha dado miedo preguntarle qué fue lo que vió cuando miró hacia mis pies……
Espero no haberlos aburrido con mi experiencia, sé que es un poco larga, pero quería contar todos los detalles. Si a alguién le pasó algo similar, sería bueno saberlo… Gracias por leerme.
Daniel terrazas

2 pensamientos sobre “Relato paranormal caso real”

  1. Vaya… Lamento que tuvieras que cargar con esa experiencia durante tantos años y encima siendo tan niño.

    A mí me ha pasado eso primero en la casa de mis padres cuando yo tenía unos 24 años… daba igual que fuese de día o de noche… Compartía habitación con mi hermana y aprovechaba cuando ella se levantaba o que tardaba en acostarse para estar sola en la habitación. No me gustaba su presencia… no sé.

    El caso es que una noche me quedé dormida cuando sentí frío en la mano, no soporto dormir al descubierto por lo que me extrañó tener la mano colgando a un lateral de la cama. Cuando por fin tomo conciencia y voy a meterla bajo la manta… ahí, en ese preciso momento sentí unos dedos que la aferraban arrastrándome hacia ese lado de la cama… quedé en el borde, apunto de caerme al suelo y “eso” seguía tirando de mí. Por algún motivo que desconozco no podía gritar, no podía proferir ningún grito… era aterrador. Esa mano estaba seca y dura como ramas de árboles y raspaba.

    No sé cuánto duró mi lucha pero al fin pude zafarme de esos dedos de un fuerte tirón que me lanzó casi contra la pared de la fuerza que emplee.

    Si antes no soportaba tener nada bajo fuera de las sábanas, desde aquel momento ya me envolvía como una crisálida.

    Me independicé, y seguí con la misma costumbre de taparme hasta el cuello… Pero hubo dos noches, no seguidas sino alejadas en el tiempo por varios meses… que me daba la sensación de que volvería a sentir el tirón en la mano, la sacudida… la lucha… Hasta que un día decidí que ya estaba cansada de tener miedo… me iba a relajar… Y esa noche el tirón fue en el pie… La de patadas que día a la nada… notando cómo me escurría hacia abajo… Serían minutos de sensación de pánico lo que durarían esas experiencias pero… ¡Qué horribles y eternos minutos!.

    No quiero pensar en que ocurra de nuevo… sigo durmiendo envuelta como un gusano de seda… Aunque eso no me previno en otras ocasiones donde tuve “otra clase” de experiencias…

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