Noche en el cementerio del Saucito

 

Hola amigos, para mi no es extraño dormirme tarde. Ya son casi las dos de la mañana y hoy decidí escribir otra historia que espero les guste. La historia se titula: “Noche en el cementerio del Saucito”

Noche en el cementerio del Saucito

Escrita por Ignacio Álvarez
©Febrero 22 del 2016

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En aquel entonces mi tío tenía más o menos 14 años (ahora ya pasa de los 70), él y tres amigos más, (todos de la misma edad más o menos) les gustaba irse cerca de la barda del cementerio y simplemente pasar el rato ahí. Como muchos jóvenes de la época, si nada que hacer en la casa, el estar con los amigos era la forma de pasar el rato y divertirse. El estar con los amigos hasta las 11, 12, o 1 de mañana era común (yo mismo hacia eso cuando tenía su edad) En una ocasión casi a la media noche cuando ya se estaban despidiendo para irse todos a casa, vieron a una figura humana quien traía consigo una lámpara de aceite, brincar la barda y simplemente vacilando dijeron “ese cuate ya no sale vivo”. Esperaron como una hora para ver si salía y si, efectivamente salió como a la hora. Esa fue la primera vez que vieron al cura brincar la barda. Esa noche se despidieron y todos se fueron a casa.

Como a los tres días, había luna llena y como siempre estaba mi tío con sus amigos cerca de la barda del cementerio. Esta vez esperaban ver a la misma persona y esperaron pacientemente. Cosas como esta eran muy intrigantes para ellos y además no tenían nada más que hacer. Ya las dos noches anteriores habían esperado ver a la misma figura pero no se presentó. Como dije, era noche de luna llena y la luz de la luna hacia que las tumbas tuvieran un cierto resplandor que ellos ya conocían por estar ahí tantas veces. Cerca de las doce de la noche vieron a lo que parecía ser un monje vestido con su túnica y capucha tapándole la cabeza y la cara. Aun cuando la luz de la luna era tan intensa, no podían ver desde su escondite, quien era. La figura nuevamente brinco la cerca, esta vez todos hicieron lo mismo pero esperando hasta que el hombre ya había brincado y caminaba entere las tumbas.

Lo siguieron hasta el centro del cementerio cerca de la capilla que ahí se encuentra y lo que vieron los dejo, helados! El “monje” saco de una de sus mangas varias velas y las puso en forma de estrella, ellos se dieron cuenta de que si trazaban líneas entre las velas, estas crearían un pentagrama. Todos guardaban un silencio que era de verdad espeluznante. Todos estaban absortos en lo que veían. El monje empezó a invocar al demonio, lo hizo por más de 10 minutos pero nada paso. Por cierta razón que solamente el sabia, paro en seco de lo que estaba haciendo y recogió las velas y empezó el camino hacia la barda nuevamente. Mi tío y sus amigos decidieron seguirlo y ver quien era o por lo menos donde vivía. El monje caminaba rápidamente dirigiéndose hacia el templo del Saucito, al llegar a él se destapo la cabeza y cuando llego al único foco que alumbraba la calle, volteo hacia atrás, posiblemente sintiendo que mi tío y sus amigos lo seguían. Cuando el volteo, todos estaban cerca pero escondidos atrás de lapidas sin terminar que tallan fuera del cementerio. Todos vieron claramente la cara del padre. Para cerciorarse, esa noche quedaron de ir a misa al día siguiente, no importaba que no fuera domingo, ellos querían cerciorarse de que si era el padre de la iglesia al que habían visto. Cuando la misa empezó vieron al padre, y si, era él. El mismo que entraba al cementerio a invocar al demonio! El padre se llamaba José Antonio, y la gente lo conocía como el padre Toño.

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Ese día después de clase, todos se reunirán nuevamente fuera de la escuela a donde asistían. Quedaron muy formalmente de verse nuevamente en la noche y seguir nuevamente al padre. En la noche hicieron eso pero el padre nunca apareció. Lo esperaron varios días y nada. Ya pensaban que el padre los había descubierto y que por eso ya no lo volvería a hacer. Pero se equivocaron. Como a las dos semanas el padre volvió, pero ahora ya no había luna llena. Inclusive, el cementerio estaba tan oscuro como una boca de lobo.

Esa la noche por una extraña razón hacia un frio tremendo, cosa que no se explicaban ellos pues era el mes de Junio y nunca hace frio en ese mes, y si hacía, no era más que algo ligero y con un suéter era más que suficiente para quitarse uno el frio. Pero esa noche no, el frio calaba hasta los huesos y aun sus chamaras no era suficiente. Pero ahí estaban. Listos para seguir al padre y ver qué diablos aria esta vez.

Cerca de la media noche ya habían decidido retirarse, el frio era tremendo y nadie quería seguir esperando pues ya se estaban congelando. Ya se iban a sus casas cuando vieron la figura del padre, esta vez traía la misma lámpara de aceite pero prendida, les extraño que la trajera prendida pues todas las veces que lo habían visto, nunca lo hacía. Rápidamente se escondieron entre los arbustos que se encontraban cerca de la pared. El padre ya estaba muy cerca de la barda cuando uno de sus amigos le grito.
-“A donde va tan de prisa Padre Toño?”
El padre sin inmutarse simplemente les contesto.
-“A dar una caminata y rezar por las animas hijo”.
Y diciendo esto brinco la barda. Los chavalos esperaron un par de minutos y luego hicieron lo mismo. Quizás era la adrenalina cruzando por sus venas, ya que al hacer lo que estaban haciendo su cuerpo mismo la producía, ahora ya nadie tenía frio.

El padre rápidamente se perdió entre las tumbas, pero ellos podían ver el resplandor se su lámpara y así lo siguieron fácilmente. Esta vez no se dirigió a el centro del panteón, se notaba que buscaba algo en especial por lo que se metía a cada minuto más y más hacia la parte más oscura del cementerio. Cuando ya estaba en la parte más oscura del cementerio, se acercó a una tumba en especial, en ese momento cuando todos miraban atentamente al padre. Se apagó la lámpara de aceite que traía consigo. El cementerio quedo a oscuras completamente, no podía ni ver su mano enfrente de sus narices.

Entre ellos discutieron quedamente si deberían ir en ayuda del padre. Ya de noche y tan oscuro, el cementerio es un laberinto. En eso estaban cuando vieron la luz de la lámpara nuevamente, la figura era exacta a la anterior y caminaba lentamente hacia la puerta principal del cementerio, sin darse cuenta ellos estaban en su camino. La figura pasó bastante cerca de ellos y uno de los amigos nuevamente lo dijo.
-“Buenas noche padre Toño”
Pero esta vez no contesto. Llevaba la cara tapada con lo que parecía era un pañuelo y solamente se veía un destello medio verde o azul de la cara, (nunca pudieron ponerse de acurdo o decidieron que color era el resplandor, algunos lo vieron verde otros azul y así lo afirmaban.)
Tengo que explicar que los muchachos iban de día a ver qué es lo que hacía el padre, y siempre dejaba algo pintado en el suelo, ya sea con gis o si era una tumba donde no había cemento, lo dejaba en la arena. Como siempre les parecía tan extraño lo que dejaba el padre, después de irse esa noche y despedirse todos. Decidieron ir temprano antes de clase nuevamente al lugar a ver que había dejado el padre. Las sorpresas de lo que dejaba eran intrigantes para ellos y esperaban encontrar algo igual, intrigante, sorprendente. Pero esta vez, al llegar en la mañana a la tumba donde se había parado el padre. No fue sorpresa, fue un SORPRESON tremendo.

La tumba era muy extraña con escritura que parecía egipcia o algo parecido y la tumba estaba partida en dos y las partes que la formaban estaban levantadas hacia arriba como si algo hubiera salido de ella. Y junto a la tumba, el padre Toño! Su lámpara rota y clara esta, sin aceite pues todo se había escurrido hacia el cemento. Todos pensaban que estaba muerto, pero en ese instante pego un gemido que los hizo saltar hacia atrás. Rápidamente se acercaron a él para ver si lo podía ayudar. El pobre hombre estaba helado! El pasarse toda la noche tirado en el cemento y en una noche tan fría, podría causarle una pulmonía fulminante. Uno de ellos fue hacia fuera del cementerio y en eso llagaba uno de los hombres que están en la oficina, a duras penas le dijo lo del padre tirado y le pidió que llamara a la ambulancia. Así fue, el hombre llamo a la ambulancia la cual llego rápidamente y lo trasladaran al antiguo hospital del ferrocarril ya que el central todavía no existía.

Una semana después los amigos se reunieron nuevamente después de clase y supieron que el padre todavía estaba en el hospital, decidieron ir a visitarlo. Al llegar al cuarto donde estaba el padre Toño, se acercaron a su cama. El padre los vio y sin previo aviso tomo a mi tío de la mano y con un reflejo de pánico en su cara les dijo;
“Lo vi salir de la tumba! Me rompió mi lámpara y mirándome a los ojos me dijo que era un enviado de satanás! No aguante más y me desmaye.”

A todos los chavalos les recorrió un escalofrió por el cuerpo. Si no era el padre Toño, ¿quién era esa figura con capucha que paso junto de ellos? A los pocos meses el padre Tono murió. Los amigos dejaron de irse a pasar el rato cerca de la pared del cementerio. Uno de ellos se ahorco en su cuarto pues sus familiares platicaron que “algo” lo seguía y en las noches lo asustaban continuamente. Los demás dejaron de verse y mi tío termino yéndose a los Estados Unidos por muchos años. Hasta la fecha jamás ha vuelto a ver a sus amigos ni lo desea tampoco. Hace poco fue el al cementerio a buscar la tumba. Sabía exactamente donde estaba, pero jamás la encontró.

FIN

Escrita por Ignacio Álvarez
©Febrero 22 del 2016

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