La mujer del diablo

Relato Anónimo
Escrito y Adaptado por Eduardo Liñán

ATENCIO UN HISTORIA, MORBOSO

Esta historia nos la cuenta un miembro del grupo que pidió que fuera anónimo, el ha sido mesero durante mucho tiempo, en sus andares, trabajó en los bares del centro y en la zona de los mercados de Tampico, este relato es acerca de unos eventos extraños que le sucedieron a un cliente frecuente de uno de los bares en los que atendía y que tras unas copas le contó con lujo de detalles lo que le sucedió una noche, y los sucesos que rodearon su experiencia paranormal.

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Esta persona a la que llamaré Eutiquio era empleado de una tienda departamental en el centro de Tampico, era un tipo bastante pervertido que se deleitaba viéndole las nalgas a la mujeres y tomarles fotos sin que ellas se dieran cuenta, su aspecto era bastante desagradable, siempre desaliñado, de baja estatura, moreno, con dientes manchados por el tabaco y apestoso a humedad y semen, continuamente acosaba a las compañeras y cajeras de su trabajo y a raíz de eso la gente le huía, en especial las mujeres.
Como cada fin de semana, se perdía en los bares que rodeaban la zona del triángulo, era muy conocido por que bebía demasiado y aunque tenía dinero para pagar la compañía de una mujer, estas nunca le hacían caso, por feo y por carente de modos, eso le ocasionaba una frustración sexual tan tremenda que una noche influenciado por el alcohol y las drogas, abusó de una señora indígena que vendía sus productos del campo en el mercado, de algún modo la llevó a un hotelucho e intento tener sexo con ella, pero con tan mala suerte que no tuvo una erección y la acompañante se burló de él, en un arranque de coraje, la comenzó a golpear al tiempo que la violaba y esto le produjo una firme erección, en el calor del momento mientras la penetraba violentamente, después de saciar sus instintos, salió huyendo de lugar y dejó abandonada a aquella infortunada mujer en aquel hediondo cuarto, se dice que juró vengarse de aquel agravio, y cumplió de algún modo su promesa.
Eutiquio sin preocuparse, siguió en su rutina de parrandas y excesos. Siendo de madrugada estaba tomando en exceso en el bar “El corsario” y de pronto sintió malestar, salió a la calle y vomitó durante un buen rato por la mezcla de licores que había ingerido, cuando por fin pudo incorporarse, vió a su alrededor y la calle estaba completamente sola, hacía calor y solo se escuchaba el ruido de los climas de los bares y el sonido sordo de la música de conjunto que sonaba en el interior, de pronto escuchó un ruido peculiar que venía de la calle aledaña , eran pisadas de tacones, que se acercaban cada vez más, sin darle importancia encendió un cigarro antes de entrar y vio en la esquina a una mujer de una belleza bastante peculiar, la visión exuberante de la meretriz le produjo una pequeña erección al verla, era una mujer morena de abundante cabellera negra, con un vestido ceñido cuerpo que dejaba ver sus formidables curvas y sus bien contorneadas piernas, de senos prominentes y un rostro casi perfecto.
La mujer lo vió, le sonrió y con la misma se dio la media vuelta para caminar sola entre las obscuras calles, dirigiéndose al callejón Reforma, Eutiquio sin dudarlo comenzó a seguir a aquella hermosa mujer, sabía que era prostituta y en su mente torcida pensaba que le había hecho señas para invitarlo a contratar sus servicios, estaba dispuesto a disfrutar de aquellas mieles no importándole el precio, el hombre la siguió por varias cuadras en aquel obscuro callejón con rumbo al cascajal; hipnotizado con el vaivén de sus caderas y el perfume sutil que iba dejando mientras caminaba. Eutiquio jadeaba imaginándose el festín que se llevaría al alcanzar a la mujer y deleitarse con su escultural cuerpo.
Al llegar a la calle Alarcón, la mujer apresuró el paso y caminó hasta llegar a unas viejas escaleras que comunican con la calle Altamira atrás del viejo hospital civil, Eutiquio cansado y dispuesto a abordar a la mujer, corrió para darle alcance en las escaleras, su sorpresa fue mayúscula cuando la vio parada en medio, con el vestido subido y mostrando sutilmente la tanga que llevaba puesta.
La lujuria no se hizo esperar y se abalanzó violentamente sobre la mujer, mordisqueándole el cuello y cubriéndola de baba, comenzó a manosearla sin que esta opusiera ninguna resistencia, mientras metía su cabeza entre sus senos, sus manos desesperadas apretaban las nalgas de la mujer con mucho morbo, Eutiquio estaba completamente extasiado y sin darse cuenta la mujer lo arrinconó en aquella escaleras, para bajarle el pantalón, la obscuridad los envolvió y de pronto la mujer comenzó a besarlo, sin embargo algo raro paso, el hombre notó que el perfume de la mujer se convertía en una sucia pestilencia, y aquella piel tersa que tocaba de pronto parecía estar áspera y cubierta de pelos duros, la lengua de la mujer lamia el cuello de Eutiquio mientras lo masturbaba, pero sintió unas manos callosas en su pene y comenzó a dolerle el sutil masaje, por instinto apartó a la dama e intentó verla a la cara, solo veía sombras de aquella supuesta mujer, sin pensar sacó su encendedor para alumbrarse y al prenderlo, el horror se dibujó en su rostro, frente a él ya no estaba la sensual mujer, en cambio había una cosa horrible con un rostro negro y aceitoso, cubierto de un pelambre apestoso, con ojos saltones desprovistos de parpados y una boca llena de dientes afilados que contrastaban con una gran lengua cubierta de flemas que ondeaba de un lado a otro, y un par de cuernos que salían de su cabeza, la piel negra y agrietada cubierta de pelambre le daba un aspecto todavía mas siniestro, al ver que aquella horripilante criatura se agarraba un prominente pene que le colgaba entre las piernas intentó correr, pero como tenia los pantalones abajo, cayó y rodó por las escaleras, golpeándose en la cabeza y perdió el conocimiento.
La historia cuenta que Eutiquio despertó en una cama de la cruz roja, y el dolor lo invadió al intentar incorporarse, tenía el cuerpo y el rostro lesionado con aruños profundos, incluso algunos tuvieron que ser cerrados con sutura, al recordar los eventos de la noche anterior, sintió pánico y comenzó a gritar aterrado que el diablo lo había atacado, eso causo la extrañeza de las enfermeras y doctores de turno que estaban ahí, se dice que el hombre nunca se recuperó mentalmente y jamás regresó a su trabajo, se le veia deambular por la zona de los mercados y a veces mendingaba copas y cigarros en los bares, después nunca lo volvieron a ver en las calles del triangulo y algunas personas decían que se había suicidado, la verdad de su destino nadie la supo con claridad, pero quedó esta extraña historia en donde la presencia de algo maligno cobró las malas acciones de aquel hombre.
ANONIMO

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