Los Pobladores

LOS POBLADORES
Relato basado en hechos reales
Escrito y adaptado Por Eduardo Liñán

Felipe Ramos era un hombre de edad madura que acostumbraba a recorrer caminos y lugares pintorescos de la huasteca. Cada fin de semana salía de su casa en Monterrey y visitaba pueblitos perdidos en la sierra, se adentraba en caminos agrestes en los que tenía que escalar entre rocas y perderse en la rica y tupida vegetación de la región. Al llegar a un pueblo cercano a Xilitla, los lugareños que ya lo conocían le comentaron de un pequeño poblado no muy lejos de ahí, que se había asentado entre las cumbres de unos cerros y que para llegar ahí había que caminar cuesta arriba durante más de medio día; pero que la vista y el ambiente del lugar valía la pena. Además los pobladores en su mayoría eran indígenas que habían tomado esos terrenos y levantaron su comunidad; pero a pesar de eso eran amables, tenían usos y costumbres muy antiguas. Emocionado por conocer ese lugar, salió muy de madrugada hacia la sierra. Después de adentrarse entre escarpados cerros, caía la tarde cuando encontró el poblado. Sus ojos se sorprendieron y sintió una satisfacción de ver aquel lugar perdido en el tiempo. En su mayoría casas hechas de adobe y techos de palma, no tenia calles solo una gran vereda principal en donde se levantaban las casas a la orilla, después de tomar algunas fotos y ver con detenimiento noto algo extraño. No se veían pobladores, algo inusual ya que por lo regular en aquellos sitios, siempre había niños recorriendo sus calles o asomados por las ventanas de sus casas viendo curiosamente a los fuereños.
El silencio era incomodo, no se escuchaban ni siquiera los sonidos comunes de los montes. Aves, grillos o cigarras. No había humo saliendo de las chimeneas de las casas y no se veía alguna luz o fogata. Entonces lo comprendió: el lugar estaba abandonado. Como ya se había ocultado el sol, la obscuridad invadió los jacales y corrales vacios. Decidido pensó en pasar la noche en aquel lugar, después de gritar y buscar entre las casas algún vecino, se rindió y se quedó en uno de los jacales e irse por la mañana. Se acomodó, encendió un fogón y preparó su cena. Después de fumarse un cigarro meditando en las razones del abandono del lugar, se dispuso a dormir. Era de madrugada y al tirar la colilla del cigarro, una sensación de sorpresa lo invadió al ver en medio de lo que era el camino principal, a una anciana vestida de negro y rebozo, utilizaba una rama de árbol como bastón y tenía un pequeño sirio para iluminar tenuemente. El efecto de luz y la obscuridad le daba un aspecto siniestro a la anciana que veía fijamente al hombre, con un rostro inexpresivo. Felipe con cautela se acercó para preguntarle si vivía ahí.
Luego de saludarle y preguntarle donde estaba la gente, la anciana se le quedó viendo con unos ojos molestos, después de un largo rato, por fin rompió el silencio, tan solo para decir
“Sígame”
El hombre sacó su lámpara y camino detrás de la anciana que se metió por una vereda y llegó a una galera hecha de troncos y palmas que parecía ser un lugar de reuniones, se paró en medio y señaló al suelo. Extrañado Felipe miró con detenimiento y apuntó su lámpara al lugar donde señalaba, algo que salia de entre la tierra llamó su atención y miró con detenimiento, luego de un rato de observar, se impresionó al saber de qué se trataba. Era una mano esquelética que parecía querer tomar algo, estaba descarnada y tenía pedazos de piel podrida pegada a las falanges. Aun con la impresión de ver aquello, intentó dar un paso atrás para alejarse y cayó de espaldas tirando la lámpara cerca de la anciana y el reflejo iluminó su rostro, el cual era pálido y demacrado, sus ojos parecían hundirse en unas cuencas ojerosas, al igual que la piel alrededor de sus dientes que parecían salirse de la boca, entonces la escalofriante verdad brilló ante los ojos de Felipe al ver que en realidad la anciana era la aparición de un ánima, la piel podrida alrededor de su cuello y manos denotaba eso. El era creyente de esas cosas y el terror lo invadió.
En instantes la anciana miró al hombre con rabia y este, en un intento por escapar de aquella aparición se levantó con trabajo y salió corriendo al jacal donde estaban sus cosas; pero apenas al abrir la puerta se topó con la aparición de la mujer que lo veía en forma retadora. El aspecto siniestro y mortal era bastante impresionante para Felipe, el cual se hincó y comenzó a rezar juntando sus manos y cerrando los ojos.
El silencio fue quebrado por la voz de ultratumba de la mujer, que se escucho en todo el jacal
“Cállate, cabrón. Ahí donde te señalé, están enterrados los cuerpos de todos los que vivían aquí, ¡Dales paz! Si no te llevare conmigo”
Después de pronunciar estas palabras, Felipe comenzó a sentir nauseas y un nudo en el estomago que lo hizo devolver la cena. No lo soportó y calló de boca sobre el piso de tierra. Por la mañana despertó confundido. Dudaba de sí mismo y su propia cordura. Tal vez lo había soñado todo. Salió del jacal y comenzó a caminar por aquella vereda de la noche anterior hasta la galera, deseando que no estuviera ahí la mano cadavérica. Al llegar con horror vio que en efecto, la mano seguía ahí.

 

Corrió por sus cosas y regresó al poblado a dar parte a las autoridades de lo que había encontrado. Felipe regresó junto con varios hombres y policías para ver que había sucedido en ese lugar, cuando comenzaron las excavaciones poco a poco fueron encontrando los restos de lo que habían sido los habitantes de ese lugar. Entre la tierra de pronto se asomaban cráneos descarnados y algunos huesos que aun tenían la piel pegada. Sin embargo cuando sacaban el último de los restos. Felipe notó que era el de una mujer por sus vestimentas, las mismas que había visto la noche anterior, era la anciana que se le había aparecido, tenía el mismo rostro momificado, con la piel pegada al cráneo en estado de descomposición. Sintió escalofríos y un dolor en el estomago al ver los restos de aquella anciana y recordó con horror la advertencia.
En total encontraron 36 cuerpos, entre hombres, mujeres y niños. Lo más extraño es que no se supo las razones de su muerte o de quien los había enterrado tumultuariamente. La noticia no tuvo eco y el caso fue cerrado rápidamente. Felipe fue advertido de no decir nada o hacer noticia del asunto. El destino de los pobladores fue la fosa común. Y la advertencia de la anciana se cumplió tiempo después. Felipe Ramos fue hallado muerto, devorado por animales, en un camino que conducía a unas cascadas en El Naranjo. Su cuerpo estaba semienterrado en un agujero a medio cavar y tanto el rostro como las manos fueron carcomidas. Los campesinos que lo hallaron notaron que su rostro había desaparecido y tan solo quedaban las cuencas vacías y la carne podrida alrededor del cráneo. La gente que supo de todos estos hechos atribuían que la anciana había cumplido su advertencia al no encontrar la paz tanto ella como sus vecinos.
~Eduardo Liñán

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