La partida

LA PARTIDA 
Relato basado en experiencias reales de Maria Elena Rojas
Escrita y Adaptado por Eduardo Eduardo Liñan.

No terror – Historias tristes

De algún modo mis hermanos y yo salimos adelante a pesar de todas aquellas adversidades. No fue fácil; pero llegamos a la edad adulta y un par de hermanos se habían quedado en el camino en circunstancias nefastas y a consecuencia de los vicios y la desatención. Los hermanos que quedábamos, poco a poco nos fuimos yendo de la casa patriarcal, con un inmenso odio en nuestros corazones por mi padre. Aunque las cicatrices del cuerpo estaban sanadas y permanecían en la piel como un recuerdo imborrable de la locura de mi papá. Las del alma eran las que no nos permitían ser felices a ninguno.

Cada quien salió adelante como pudo, éramos personas de bien y teníamos trabajos que nos permitían vivir tranquilamente; pero nunca nos reuníamos a pesar de vivir en la misma ciudad. Los cumpleaños y fechas especiales del año, permanecíamos distanciados y con cierto rencor por diversas cosas sin importancia. Esa había sido la herencia que nos dejaron nuestros padres en vida. La única vez que nos reunimos todos fue cuando mi mamá murió. Mi padre lejos de sentirse agobiado, se fue de parranda con amigos de su escuadrón de la muerte y nos dejó solos en la funeraria. Luego de enterrarla nos juntamos en la que había sido nuestra casa. El dolor y la miseria que aun gobernaba en aquel lugar nos inundó, haciendo que nos peleáramos y nos reprocháramos cosas. Después de ese día no nos volvimos a ver, a excepción de años después cuando mi papá enfermó.

Su vida desordenada, lo llevó a enfermarse. Tuvo un cuadro de cirrosis e insuficiencia renal que lo condenó a permanecer en cama y hospital durante unas semanas. La noticia la recibí yo, un día que llevaba a mis hijos a la escuela. Lo habían encontrado tirando en la calle, en medio de un charco de su propia sangre que había vomitado y había sido llevado de emergencia al hospital. Al principio dudé mucho en ir a verlo, aun tenia cierto rencor; pero fui a pesar del dolor que aun sentía por él. Mis hermanos al igual que yo también habían sido avisados y cuando llegué al hospital ninguno de ellos fue, a excepción de mi hermana que llegó días después para ayudarme con mi papá. Necesitaba mucha atención, limpiarlo, bañarlo, medicarlo, etc. Labores que requerían de mucho esfuerzo y dedicación. De las cuales carecíamos mi hermana y yo; pero a pesar de eso seguí adelante. Los días pasaron y fue una noche en la víspera de la navidad que estaba preocupada por la cena y por mis hijos. De mis hermanos varones ninguno se ocupó de ayudarme en nada. Al menos para ir a mi casa y preparar algo para mi esposo y mis hijos. Solo mi hermana tuvo la compasión de ir y de dejar que me fuera para ordenar mi casa y avisar que pasaría la navidad con mi papá. Mi esposo y mis hijos me apoyaron; pero yo me sentía terrible. Al regresar al hospital me di cuenta que mi papá estaba descuidado y mi hermana se había ido dejándolo abandonado. Eso me rompió el corazón y salí al pasillo para llorar amargamente. Una mezcla de emociones me hizo sentir que mi mundo se tambaleaba, regresé entonces al cuarto y comencé a atenderlo con la mayor paciencia y luego de terminar, me salí de nuevo al pasillo a esperar que llegara la mañana e irme un rato con mis hijos, pasaría la navidad ahí y no había nadie. Solo algunas enfermeras de guardia y algunos pacientes solos. En un punto de la noche me vi en ese pasillo. Sentada en unas sillas de espera, sola y con frio. Comencé a llorar al recordar mi vida junto a mi papá, en esas estaba cuando sentí la presencia de alguien a un lado de mi, al abrir los ojos me impresionó la persona que tenia enfrente. Era un hombre maduro con ojos grises que me sonreía amablemente, iba vestido de negro con un gran sombrero de ala ancha y zapatos lustrados. Su sola presencia me inquietó y sentí un escalofrío cuando me dijo si se podía sentar conmigo.

Luego de sentarse comenzamos a tener una conversación acerca de mi papá, el decía que era su amigo y que había ido a verlo como una atención. La plática nos llevó a conocer varias facetas de mi papá que yo desconocía y que complementé con las propias. El hombre dijo que había sido un tipo duro y cruel con nosotros; pero que teníamos que perdonarlo para poder vivir felices de lo contrario nos volveríamos como él. Dijo que estaba pagando sus errores y su vida equivocada; pero que más que eso estaba pagando el abandono y lo malo que había sido con nosotros. Al verse abandonado. Cuando dijo eso no evite llorar y sentirme muy mal. El hombre me dijo que regresaría luego se paró y se fue caminando por el pasillo hasta que lo perdí de vista. Luego de esa plática me dirigí a la habitación y le comencé a decir muchas cosas a mi padre; pero que a pesar de todo lo que nos había hecho lo perdonaba y quería que se fuera tranquilo; que ya no podía hacer mas en este mundo, me recosté y sentí su mano en mi cabeza, al voltear a verlo estaba viéndome y aunque no podía hablar, esa caricia que me dio, hizo cimbrar mi mundo. Nunca había sentido una caricia de él y sabia que me había entendido. Lloré junto a él y luego de un rato se quedó dormido.

Salí del cuarto y del hospital para buscar un teléfono y llamar a mi familia para darles sus felicitaciones y bendiciones, estaba feliz. Me sentía liberada. Al regresar al piso donde estaba mi padre, di la vuelta en el pasillo y sentí un escalofrío tremendo, una preocupación acompañada de un sentimiento de extrañeza a ver que al fondo, estaban dos personas: una era el hombre de los ojos grises vestido de negro y el otro era mi papá, el cual volteó a verme con una sonrisa y su cabello peinado para atrás como siempre lo llevaba, tenía su bata de hospital; pero era extrañoquese viera así, desaparecieron al dar la vuelta en el pasillo y yo corrí desesperada para ver que sucedía. Aquello era imposible ¿Como estaba parado mi papá?

Llegué a donde habían dado vuelta, me di cuenta que hasta ahí llegaba, no había salidas. Los cuartos estaban cerrados y solo había una puerta de cristal con una cadena y candado que era imposible abrir. Pensando que quizás había estado alucinando por la desvelada y el café que me tomé, regresé a la habitación y vi a mi papá acostado en su cama, al irle a acomodar la almohada noté algo raro en él y me di cuenta que había fallecido. Me sentí culpable por no haber estado con él y lloré durante algunos minutos. Luego cuando la realidad llegó a mi cabeza lo comprendí todo. El hombre de los ojos grises era en realidad la muerte que había venido por mi papá. Al verlos al final del pasillo y despedirse de mí, hizo que recordara muchas cosas buenas aunque pocas, que había vivido junto con él y que no recordaba. Luego de avisar la mala noticia, de nueva cuenta nos juntamos los hermanos y aun seguían sintiendo rencor por mi papá, al verlos pude notar que sus rostros eran infelices y guardaban ese sentimiento de reproche e ira al momento de bajar el ataúd a la fosa. Después nos reunimos en la casa de mis padres , ellos comenzaron a discutir y yo enojada les dije unas palabras que los hizo callarse. Les dije que sentía lástima por ellos; porque se habían perdido de una de las etapas del ser humano más hermosas y felices que cualquiera pudiera tener y era: la del perdón y la compasión. Nunca más nos volvimos a ver después de ese día, y yo vivo más feliz y libre por haber perdonado a mi papá cuando tuve la oportunidad, en aquella noche de Navidad.

~EDUARDO LIÑAN

Un pensamiento sobre “La partida”

  1. Quebpresiosa historia !!!!!!!! Que dicha. Tuviste y quisa perdone a l mio aun que hace muchos años que murio. Y creo que tambien me lo pensare si perdo a mi ex- marido ya ni ppinto y parado a esta historia.

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