El que susurra en la oscuridad

 

El que susurra en la oscuridad

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En una noche tormentosa, algo ocurría en una pequeña casa apartada déla civilización. Estaba situada en un valle arropada de un profundo bosque. El agua golpeaba en las ventanas y estas temblaban a su son. Una mujer bastante desgastada por el paso del tiempo recorría los pasillos de la casa, hacia una pequeña habitación portando un pequeño candil en su mano. No había lugar para la luz en esa noche, todo se encontraba en penumbra, al llegar a dicho lugar un niño pequeño de unos cinco años se encontraba hecho un ovillo y balbuceaba algo, que su querida abuela no podía entender.
Oliver estaba aterrado en su propia habitación, pero su abuela no presto mucha atención, ya que era muy asustadizo y siempre estaba con cuentos para no dormir.


Así pues poso el candil en la mesita, para que se quedara más tranquilo y no tuviera miedo. Al mismo tiempo le dio un beso y se fue dándole las buenas noches. Con pasos cortos pero firmes, Magdalena, se fue a su habitación para descansar de un día agotador.
Pocos minutos después de arroparse en su cama, el sueño se adueñó de ella. Pero Oliver, no podía conciliar el sueño, había muchos sonidos al exterior y la tormenta no parecía terminar. Se cubría tanto su cuerpo como su rostro con su manta, descubriendo de vez en cuando sus ojitos para mirar por toda la habitación. Su cama estaba enfrente de un armario antiguo, en la parte derecha estaba la puerta que daba al pasillo y en izquierda una ventana con una gran cortina color pastel. Cerquita de su cama estaba la mesilla con la luz que puso su amable abuelita.
Oliver, llevaba un par de días en casa de su abuelita, ya que su madre y padre estaban de viaje de negocios. Y todas las noches escuchaba susurros, por la habitación y un olor muy fuerte se adueñaba del lugar. Era como si algo estuviera vigilándolo, esperando para algo. No podía descansar, su cuerpecito temblaba al caer la noche y lloraba, pero nadie le creía, solo podía esperar a que terminara la última noche y marcharse de esa casa.
Escucho los ronquidos de su abuela, entonces, él ya sabía que era la hora de su sufrimiento, los susurros no tardarían en llegar. Unos sonidos de ultratumba resonaron en la antigua habitación, pero esta vez no eran simples susurros.
-Oooliveerr…Veenn aquí…- Alguien llamo al pequeño por su nombre, era una voz fría y tenebrosa. El pequeño bajo de su cama, para irse de allí, pero su sangre se enfrió tanto que sus músculos se engarrotaron formando una estatua viviente. Se quedó tan paralizado que su visión se puso borrosa, algo se movió por detrás de la vieja cortina color pastel.
Dándose a mostrar poco a poco, era una forma grotesca y empezó a salir apartando el textil con sus garras negras, llenas de mugre. Mirando al pequeño fijamente mientras un hilo de baba caía por un lado de su torcida boca, llena de puntiagudos dientes corcados. Movía una mano como señal que fuera a su lado, en ese instante el niño quiso gritar pero su garganta estaba hecha un nudo de nervios. Empalideció al ver ese monstruo en su habitación, y Oliver, como pudo meneo la cabeza en señal de negación, en ese instante las cortinas se abrieron y al mismo tiempo el candil se apagó.

El pequeño se quedó en la plena oscuridad, sus pupilas se dilataron ya que antes de que se apagara la diminuta luz, pudo ver como una masa oscura con ojos furiosos y una gran boca llena de dientes, se abalanzo desesperado del rincón, corriendo hacia él.
Alfonso Q.S

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