Cronicas de un taxista

Relato enviado, Anonimo

Hace como unos 7 años, fui a dejar a mi novia (ahora mi esposa) a su casa en Altapalmira, Temixco, cuando regresé como eso de las 10 de la noche ya no bajaban rutas y decidí tomar taxi, le hice la parada a uno pero iba ocupado, aún así se paró, me dijo que llevaba a la señora  (su pasajera) al Polvorín y que si no me molestaba me podía llevar también y que me cobraba menos. También me preguntó si llevaba el mismo rubo, acordamos el precio e hicimos trato.
Me subí en la parte de adelante, ella iba le iba platicando algo así como que su esposo había muerto hacía unos días y parecían el taxista y ella ser conocidos, se hablaban con cierta confianza.
Al llegar al polvorín, donde hace parada y checa el Lásser con rumbo al Centro de Cuernavaca, el taxista se orilla para que la señora bajara del vehículo y cuando hace alto total menciona unas palabras para despedirse de ella. Yo metido en mi mundo, sin hacer mucho caso de lo que ellos platicaban, cuando de pronto el taxista se sobresalta diciendo: “No chingues”, “Hijo de su p…” y otras expresiones similares.
Empieza a preguntarme, ¿ya se bajó?  ¿dónde está?
La verdad yo empecé a espantarme por cómo se puso el señor, y ya con ese miedo encima me asomé ligeramente por el retrovisor del taxi para ver si la señora estaba abajo del mismo y no nos habíamos percatado…

El chofer volteaba con mucha insistencia ansiedad y miedo a verel asiento de atrás, perplejo porque no había nadie, la señora con la que yo lo vi platicando, ya no estaba en su auto.
No se escuchó un portazo, ni siquiera la manija de la puerta, todo había sucedido repentinamente y no se podía dar una razonable explicación.
El taxista abrió su puerta y bajó un pie de la unidad para asomarse hacia los lados, hacia a algún lugar que los espejos y las molduras del taxi no le permitieran ver desde adentro. Sin embargo, no encontró a nadie de ese lado de la avenida.
Había autos circulando, gente en el otro lado del puente peatonal que pasa por ahí… pero ni una señal de aquella señora.
Enseguida dio marcha a la unidad y me seguía preguntando si yo me había dado cuenta que ella iba de pasajera y aparte platicando con él… Yo le dije que sí, que estuve a punto de no subirme porque vi el taxi ocupado.
Después de algunos comentarios más, el incrédulo taxista concluyó diciéndome: Se me subió la muerte, le hice un viaje a la muerte.

3 pensamientos sobre “Cronicas de un taxista”

  1. El relato es real… su título es “Un Aventón a la Muerte” no Crónicas de un taxista… el taxista no cuenta nada, el que cuenta la historia soy yo ISRAEL CUEVAS, Y NO SOY TAXISTA… ESTO ES UN MALDITO PLAGIO…
    LADRONES..!!!!!!!!!!!!!!!

  2. Y como carajos sabia que era la muerte, por Dios que pudo se cualquier otra cosa, no pero el taxista es experto, el sabe que era la muerte que nadie lo contradiga, joder pudo ser perfectamente mi abuela.

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